Por Magno Reis. pacal2007@yahoo.com.mx

A las victimas de la dictadura brasileña y de Tlatelolco- 68

¡Viva la discrepancia! Rector de la UNAM Javier Barros Sierra. La frase era la más apropiada para describir una era donde, a pesar del desprecio del establishment, los productores culturales optaron por el disenso creativo con una intensidad difícilmente comparable a la de otros sectores de la cultura. Olivier Debroise y Cuauhtémoc Medina.

La sociedad y el medio cultural son victimas de la manipulación engañosa esterilizadora del marketing. El artista es el producto del marketing cultural más importante que la propia obra. Algunos señales indican que la política y la cultura marchan mal y pueden empeorar sí no son socorridas a tiempo. ¿Cuáles son los factores que estarían creando un vacio cultural en el Continente? El año de 1968 es incitante en el escenario mundial. En Brasil el presidente Costa e Silva al editar el “Ato Institucional número 5″ dijo: “Yo confieso que es con verdadera violencia a mis principios e ideas que adopto una actitud como esta” hundiendo el alma y la carne de toda una generación.

Los artistas plásticos en 1968 no fueron omisos a la realidad. Los contenidos de su obra eran una protesta contra la violencia de la dictadura y otras formas de represión. La obra de arte marca la oposición del artista a la violencia militar instaurada en Brasil y en el mundo a partir 02 de octubre de 1968.

El crítico de arte Frederico Morais declaró que los movimientos artísticos son arte-guerrilla. Según Morais “el artista es una especie de guerrillero. El arte es una forma de emboscada porque actúa imprevisiblemente donde y cuando es menos esperado. El artista crea un estado de tensión constante”.

En abril de 1970 las aguas negras del río Arrudas que cruzan Belo Horizonte fueron escenario de la exposición “Del Cuerpo a la Tierra”, organizado por Frederico Morales. En la orilla izquierda y derecha del río emergían objetos raros remitiendo al espectador a los cuerpos ensangrentados y asesinados que se encentraban en las cárceles clandestinas de la dictadura. Lo que fluctuaba en las aguas del río eran bultos construidos, amarrados y cortados a golpes de cuchillo, donde el artista insertaba pigmentos rojos. El espectador confundía estos objetos con los cuerpos ensangrentados, mutilados, asesinados y abandonados por la policía. Cualquier brasileño tenía miedo a la policía además de miedo de hablar y pensar.

El narcotráfico con una estructura global se sirve de estrategias militares semejantes a las dela dictadura de Brasil, en 1968. Los cuerpos mutilados en las orillas de los ríos, en los parques y carretera son íconos del miedo. El horror que nos provocan estos cuerpos mutilados nos impiden de creer en la dignidad de la victima y en la indignidad de los ejecutores. ¿Por qué hay un intento de reducir la responsabilidad del político en las ejecuciones del narcotráfico del mundo globalizado? Considero equivalentes las acciones del narcotráfico al asesinar personas con las propias manos con las de los políticos que dejan esparcidos en el aire el olor al miedo. Para los artistas de los años 60 y 70, arte, cultura, política y ética eran elementos de cuestión política. Las obras son testimonios de la perversidad del ser humano en un determinado momento histórico. En realidad lo que el artista buscaba era un proceso de comunicación cuyo el objetivo era una intervención en la realidad. En México, en la Era de la Discrepancia, los grabados fueron respuestas a la necesidad de articular la producción cultural en términos de inconformidad y desmitificación. Los grabados significaban vincular el lenguaje visual a la posibilidad de una arte participativa.

Empleando los hechos de 1968 al contexto de la globalización de los años 90 queda claro que el lenguaje visual entró en crisis pues los artistas dejan sus países no como exilados políticos, sino para participar de los espectáculos en los centros hegemónicos. No creo en la hipótesis de que fue el imperio del terror en el gobierno Medice (1969-1974) contribuyera a la decadencia del lenguaje poética visual y sí en la capacidad especulativa del mercado de arte para deteriorar el proceso creativo.

La metáfora aún es más importante que las imágenes que nos proveen los periódicos para la comprensión de nuestro momento histórico. La violencia que heredamos de los sistemas políticos está ahora en manos de los narcotraficantes que nos intimidan y nos confunden y sólo puede ser enfrentada si es conocida. Quizá no podamos esperar de los artistas contemporáneos metáforas y una acción política como ocurrió en 1968. Hoy toca a los espectadores y a los medios comprender los rasgos de nuestro entorno. Así contribuiremos con la desintoxicación del debate. No sé qué es lo que quiere enseñar esta fotografía de la Revista Proceso semejante a los bultos flotantes del río Arrudas en que el espectador comprende la muerte negando, sin embargo, la violencia, la tortura y la amputación de los cuerpos humanos. Cuando el artista emplea la fotografía ésta significa exactamente lo que el artista quiere que ella signifique. La cuestión está en saber la diferencia entre la tortura y la muerte. El narcotraficante y el torturador de 1968 hacen que los cuerpos mutilados tengan un significado para la sociedad – el miedo y el terror. Sin embargo, el artista hace que la imagen tenga significados diferentes – La cuestión está en saber quién es el que manda en el proceso de creación.

En el poema “Congreso internacional del miedo”, Carlos Drummond supo captar la atmosfera vivida por Brasil en la época de la dictadura de Vargas:

“Provisionalmente no cantaremos al amor / que se refugió debajo de los subterráneos, / cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos, / no cantaremos al odio porque ese no existe, / existe apenas el miedo, nuestro padre y nuestro compañero / el miedo a los grandes sertones, de los mares, a los desiertos, / el miedo a los soldados, el miedo de las madres, el / miedo a las iglesias, / Cantaremos el miedo a los dictadores, el miedo a los demócratas, / Cantaremos el miedo a la muerte y el miedo después de la muerte, después moriremos de miedo / Y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y medrosas”.