Mes: enero 2009

El día de la vergüenza de la BBC

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Deepak Tripathi expresó que la negativa de la cadena británica de transmitir el llamado de ayuda humanitaria para Gaza, desató airadas manifestaciones en Londres e incluso destacados corresponsales de la BBC han calificado de cobarde la decisión y que traiciona los valores de la corporación

Deepak Tripathi para Rebelión

La BBC se ve inmersa en una grave controversia, pero esta es la madre de todas. La esencia de la última tormenta es la siguiente: hace unos días, el Disasters Emergency Committe (Comité de emergencia ante desastres) del Reino Unido, una plataforma integrada por trece ONG muy importantes hizo público su plan de realizar una campaña televisiva para recaudar fondos para paliar la crisis humanitaria de Gaza. La organización paraguas incluye nombres como Cruz Roja, Save the Children, Care International y Oxfam. La BBC se negó a retransmitir este llamado. Su Director General, Mark Thompson, y su Directora Operativa, Caroline Thomson, esgrimieron dos razones para ello. La “imparcialidad de la corporación se vería comprometida” y ¿cómo podría la BBC estar segura de que el dinero recaudado iría a parar a las “personas adecuadas”?

La negativa, y las razones esgrimidas por la BBC enfurecieron a muchas personas en Gran Bretaña y en el extranjero, donde World Service cuenta con una audiencia muy fiel. Se han celebrado airadas manifestaciones en Londres. El domingo se habían recibido miles de quejas y el número seguía creciendo. Diversos blogs y sitios web de periódicos se han visto inundados con mensajes que condenan la decisión, a pesar de la decidida contraofensiva de un puñado de entradas pro israelíes que se repiten una y otra vez. Los líderes de todos los partidos políticos importantes han criticado a la corporación. Entre ellos se cuentan ministros de un gobierno británico que sigue políticas pro israelíes. Sacerdotes cristianos y destacados miembros de la comunidad judía británica han instado a los ejecutivos de la BBC a reconsiderar su decisión.

El Arzobispo de York resumió todo el asunto con estas palabras: “No se trata de una cuestión de imparcialidad, sino de humanidad”. Comparó la situación con la de hospitales militares británicos que proporcionan tratamiento a prisioneros de guerra como resultado de las obligaciones emanadas del Convenio de Ginebra. El Arzobispo afirmó: “Negándose a la petición del Disasters Emergency Committee, la BBC ya ha violado el principio de imparcialidad”.

Ninguno de los periodistas de la BBC que yo conozco está de acuerdo con la decisión. El respetado ex corresponsal de la corporación en Oriente Medio, Tim Llewellyn, escribió en The Observer del 25 de enero de 2009 que se trata de “una decisión cobarde” que “traiciona los valores que representa la BBC”. John Kampfner, otro ex corresponsal, afirma en un artículo reciente escrito en The Guardian que, aparte de algunas excepciones respetables, las preguntas realizadas a los portavoces israelíes durante el conflicto de Gaza han sido muy blandas en comparación con, por ejemplo, las del aclamado Channel 4 News. El veredicto de Kampfner: los oficiales israelíes no han sido realmente presionados en las oficinas de la BBC.

Durante mis 23 años de carrera como periodista de la BBC, fueron muchas las ocasiones en las que la corporación se enfrentó a la presión externa. Durante la crisis de Suez, en 1956, el gobierno británico intentó obligar a la BBC a mostrarse parcial a la hora de informar sobre la invasión de Egipto cuando ésta empezó a tambalearse. La corporación se negó, a pesar de que existía un riesgo real de ser clausurada. Cuando la Primera Ministra de India, Indira Gandhi, adquirió poderes dictatoriales en virtud de una normativa de urgencia en los años setenta, se ordenó a los corresponsales extranjeros que presentaran todos sus artículos a los censores antes de enviarlos a sus periódicos. Mark Tully, el corresponsal de la BBC en Delhi se negó a venderse. En lugar de presentar sus artículos a los censores, cogió el siguiente avión con destino a Londres.

En 1985, un mes después de que la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher, hubiera proclamado que “los terroristas deberían verse privados del oxígeno de la publicidad”, supo que un documental de la BBC había entrevistado a una destacada figura del IRA que estaba llevando a cabo una campaña armada contra la autoridad británica en Irlanda del Norte. El gobierno de Thatcher intentó prohibir la emisión del documental, pero finalmente este fue emitido. Durante mi época como corresponsal de la BBC en Afganistán bajo el régimen comunista de Najibullah, me amenazaron con ser expulsado varias veces. Cada vez, entregué mi pasaporte al oficial en cuestión y le pedí que emitiera un visado de salida y una orden de expulsión. Sabía que contaba con el apoyo de mi jefe. Y cada vez, el gobierno afgano retiró su amenaza.

¿Por qué se muestra ahora la BBC tan pusilánime? No sólo se debe a la implacable presión ejercida sobre periodistas e investigadores desde la puesta en marcha de “la guerra contra el terrorismo” iniciada por George W. Bush y Tony Blair. El fracaso de liderazgo en la BBC también ha desempeñado su papel. La corporación, en virtud de su línea editorial, emite en interés nacional. Y si interpretamos esta obligación en su sentido más amplio, el “interés nacional” se sirve presentando una perspectiva precisa, bien documentada y lo más amplia posible de los eventos mundiales, una perspectiva en la que las audiencias confían. El equipo directivo actual de la BBC ha fracasado en esta importante tarea. La negativa de retransmitir un llamamiento de las ONG más importantes del país para recaudar fondos para realizar labores humanitarias en Gaza, a las que el propio gobierno contribuirá, resulta difícil de entender para la mayoría.

La independencia editorial consiste en resistir ante las intimidaciones. Requiere protección contra la presión ejercida por los poderosos en interés de la objetividad y la necesidad de ofrecer una cobertura adecuada que otorgue voz a los débiles. Hace algunos años, por conveniencia y en nombre de la eficiencia, la BBC se embarcó en la aventura de establecer grandes oficinas de prensa en las ciudades más importantes del mundo. Una de esas oficinas está en Jerusalén y desde allí se realiza gran parte de la cobertura de noticias sobre Oriente Medio. El reciente conflicto de Gaza ha sido en su mayoría cubierto por corresponsales de la BBC que se apostaban frente a las cámaras a kilómetros del lugar de conflicto, desde la seguridad del lado israelí y bajo la atenta mirada de sus supervisores israelíes. Hoy, los israelíes tienen a la BBC cogida por el cuello y la BBC hará lo que sea necesario para no ofenderlos.

Mientras la BBC, en su día una de las mejores cadenas del mundo y que hoy sigue considerándose buena, lucha por su reputación, otras cadenas de noticias británicas han decidido emitir el llamamiento de ayuda para Gaza. Han aceptado la palabra del Disasters Emergency Committee de que es tarea de este comité supervisar que la ayuda llega a las personas adecuadas. La Charity Commission apoya esta garantía. El Director General de la BBC se ha quedado solo. Los altos ejecutivos se felicitan por su “excelente cobertura” en sus propios canales. Pero la corporación ha mostrado claramente sus deficiencias al compararse con otras cadenas de noticias nuevas, como Al Jazeera English y Press TV. Con la última tormenta sobre el llamamiento de ayuda para Gaza, la BBC también corre el riesgo de perder la batalla de la autoridad moral. Imagínense el día en que Al Jazeera se haga eco de un llamamiento realizado por el Disasters Emergency Committee británico al que la British Broadcasting Corporation haga oídos sordos.

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Un ex preso de Guantánamo: “Me orinaban encima y me metían objetos por el ano”

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Foto: Reuters

Por: Europapress.es
Fecha de publicación: 27/01/09

El animal número 64. Así llamaban algunos militares estadounidenses en la cárcel de Guantánamo a Lahcen Ikassrien, un marroquí que estuvo detenido en dicha prisión desde febrero de 2002 hasta julio de 2005.

“Estuve encerrado en una jaula de alambre de dos metros cuadrados. Muchos días me ataban e inmovilizaban. Nunca me dejaron hablar con mi familia. En ocasiones me orinaban encima, me desnudaban delante de otros presos y me metían objetos por el ano”, cuenta.

Ikassrien narró estas y otras horribles torturas a las que fue sometido en un acto organizado este martes por Juventudes Socialistas de San Sebastián de los Reyes, en Madrid. Allí, relató cómo le lanzaban cubos de porquería en la cabeza, que le quisieron amputar un brazo que tenía lesionado, que le sacaron cuatro dientes y que llegaron a torturarle hasta 12 militares a la vez.

“Por si fuera poco, los estadounidenses me dejaban sin dormir varios días seguidos. Nos trataban peor que a animales”, apuntó.

Ikassrien fue extraditado a España en julio de 2005, donde estuvo preso un año hasta que en octubre de 2006 el Tribunal Supremo le absolvió de todos los cargos que se le imputaban. Desde entonces, no ha dejado de denunciar, con la estrecha colaboración de Amnistía Internacional, la violación sistemática de los derechos humanos que el Ejército de Estados Unidos ha realizado en Guantánamo durante la administración Bush.

Trabajar por la paz

Por su parte, el secretario general de Juventudes Socialistas de San Sebastián de los Reyes y moderador de la conferencia, Andrés García-Caro, se felicitó porque el nuevo presidente de Estados Unidos, el demócrata Barack Obama, haya decidido cerrar este penal en menos de un año.

Además, García-Caro señaló la importancia de testimonios como el de Ikassrien a la hora de poner fin a la tortura y violación de los derechos humanos en cualquier parte del mundo. “Todos los países deben respetar la Declaración Universal de los Derechos Humanos y trabajar incansablemente por la paz”.

Robert Gates ¿El poder detrás de Obama?

En noviembre pasado estuvo en Caracas, a propósito de la Feria Internacional del Libro, el escritor francés Thierry Meyssan, autor del best seller mundial La gran impostura: ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11S, donde rebate con escalofriantes datos la tesis oficial sobre los atentados del 2001 y en cuyas investigaciones se basaron aquí decenas de programas de TV del periodista Carlos Sicilia, antes de que lo obligaran, bajo amenaza, a callarse la boca.

Hasta tanto una entrevista que le hice a Meyssan para Telesur no fuese transmitida por ese canal —que la difundió el 19 de enero, víspera de la toma de posesión de Barack Obama—, no quise escribir nada sobre el particular, por respeto al “derecho de primicia” que lógicamente asistía a la antena que controla Andrés Izarra.

Me amarré los dedos para no hacerlo, y por fortuna no lo hice, porque a medida que transcurrió el tiempo surgieron nuevos elementos que —ustedes se harán su propio juicio— abonaron cada vez mayor verosimilitud a la versión que Thierry Meyssan maneja acerca de lo que se esconde detrás de la llegada del primer descendiente de africanos a la Casa Blanca.

Confieso que al principio lo escuché con cierto escepticismo, tal vez por las reservas que frente a la teorías conspirativas sobre del 11-S me manifestó hace unos años el académico estadounidense Peter Kornbluh, director del National Security Archive’s, de la Universidad George Washington, autor de reveladoras investigaciones sobre, por ejemplo, los crímenes de Pinochet y los ataques de EEUU hacia Cuba. Un tipo progresista que goza de todo mi respeto.

Sin embargo, los hechos —testarudos ellos— hicieron que las palabras de Thierry Meyssan resonaran en mi mente como un grito de alerta al menos un par de veces durante todas estas semanas. Y yo sin poder contarlo públicamente.

Golpe en Washington

En dos platos, Meyssan me dijo —en noviembre— que un par de años atrás, el 18 de diciembre de 2006, se produjo en las alturas y trastiendas del poder de EEUU un golpe de Estado. Sí, así como suena. Un golpe de Estado. Su única expresión visible, según el francés, fue la discreta salida de Donald Rumsfeld y su relevo por parte de Robert Gates en la Secretaría de Defensa, o sea, en el Pentágono.

Gates, ex director de la CIA, inscrito en el Partido Republicano, habría llegado allí en hombros de los militares gringos para convertirse en una suerte de “hombre fuerte” detrás del gobierno de EEUU, al más puro estilo latinoamericano, llámese como se llame el ocupante de la Casa Blanca.

¿Las razones? Los militares reaccionaron de esta forma ante la amenaza que contra sus intereses corporativos supuso la política aplicada por Bush, a través de Rumsfeld, para llevar a cabo la ocupación militar de Irak. El empleo de mercenarios civiles, conocidos como “contratistas”, en las actividades bélicas propias de los militares profesionales fue un buen negocio desde el punto de vista económico, pues atenuó los gigantescos costos de la guerra, pero estableció un precedente negativo para los militares de carrera, que se vieron a sí mismos, en perspectiva, en peligro de extinción.

Meyssan explica que los mercenarios reciben una paga bastante superior a la oficialidad y la tropa regular, pero en conjunto le salen más baratos al Tesoro de EEUU. “Un mercenario no tiene jubilación, los oficiales sí. Si un mercenario es herido, se acabó su contrato. Si el herido es un soldado profesional, debes atenderlo y eventualmente pensionarlo”, ilustra.

Ideal desde el punto de vista económico, la política de privatización de la guerra terminó por enfrentar a la camarilla gobernante en EEUU con el estamento militar, una tensión que según Thierry Meyssan se resolvió a favor de éste último, que impuso a Bush la designación de Robert Gates y la paulatina reversión de aquella política.

El escritor francés sostiene que no se trató simplemente de un relevo de rostros y políticas, sino de un verdadero golpe de Estado que trasladó el poder efectivo de la Casa Blanca hacia el grupo de militares que rodea a Robert Gates en momentos en que la hegemonía económica, política y militar de ese país sobre el resto del planeta se ve amenazada por la grave crisis en que entró, sin muchas perspectivas de salida, el sistema capitalista que le da sustento.

Un dato que eriza

Un chiste de factura latinoamericana dice que en Washington nunca hay golpes de Estado por la sencilla razón de que es la única capital del continente americano donde no existe una embajada de EEUU. Hasta en La Habana funciona una Sección de Intereses.

Esa imagen me hizo archivar las conclusiones de Thierry Meyssan como una posible exageración.

Pero cuando Barack Obama, todavía presidente electo, a apenas un mes de haber ganado las elecciones, anunció el 1 de diciembre de 2008 que dejaría a Robert Gates un año más al frente de la Secretaría de Defensa, las exageraciones del francés comenzaron a dejar de parecerme tales.

Impresión que se desvaneció por completo cuando leí, asombrado, que Robert Gates sería el único alto funcionario del Gobierno de Obama que no asistiría a los actos de su toma de posesión en Washington.

¿La razón? Bush, en acuerdo con Obama, lo designó como “administrador”, una figura que lo colocó como tercero en la línea de sucesión presidencial en EEUU. “Si matan a Obama y a su vicepresidente John Biden, Robert Gates será el hombre al mando”, reportaron las agencias de noticias, como si fuera un detalle de menor importancia, típico de un traspaso de mando más en Washington.

No sé a ustedes, pero sólo leerlo me erizó. ¿Tendría razón Thierry Meyssan? ¿Será Obama un presidente prisionero de Robert Gates y sus generales? ¿Tendrá, como decimos en Venezuela, que bailar pegado para que no lo maten? ¿Le tienen el ataúd preparado? ¿O hará lo que otros decidan para salvar el cuello? ¿Exageraciones? Los días por venir irán aclarándolo.

Por lo pronto, ha aumentado el respeto que sentía por Meyssan, quien suele publicar sus artículos en http://www.voltairenet.org, una página alternativa que él mismo dirige. Su abuelo, por cierto, era un coronel francés que comandó las tropas de la ONU en Israel, en 1948, cuyo vehículo fue atacado con bombas por un grupo extremista hebreo —Irgum—, donde perdió la vida un superior suyo. El jefe de los atacantes era Benjamín Emmanuel, el papá de Rahm Emmanuel, un político de doble nacionalidad (israelí y estadounidense) al que Barack Obama nombró como su jefe de Gabinete.

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Por: Ernesto Villegas Poljak
Fecha de publicación: 22/01/09

Obama, Gaza y la nueva coyuntura

realidad de gazaPor: Ángel Guerra Cabrera.La Jornada.Mx.

Fecha de publicación: 22/01/09

El imperio, justo cuando se despeñan al abismo su economía, sus aventuras coloniales, su liderazgo, el consenso doméstico y las certezas en que sustentaba la hegemonía, intenta empujarnos a la autocomplacencia ante la asunción de Barak Hussein Obama en la presidencia. Es precisamente la catastrófica coyuntura lo que forzó a los mandamases de la nueva Roma a aceptar que alguien relativamente ajeno al círculo de los elegidos, surgido del activismo comunitario, con inusitada simpatía popular y, para colmo, mitad negro y de padre musulmán, llegara por primera vez al más alto cargo gubernamental. El enroque en la Secretaría de Estado de la aspirante blanca, rubia y anglosajona a la presidencia, que junto a un equipo de veteranos servidores del sistema garantice la continuidad, no impide que el flamante mandatario tenga licencia para dar a sus palabras un tono conciliador, crítico de algunas prácticas anteriores y una dosis de realismo, siempre que, como se verifica en su discurso inaugural, no se aparten del canon de nación elegida para regir el destino del planeta y ensalcen su historia belicista. Pese al hecho notable de que alguien de su origen ascienda tan alto, es más cuestión de imagen que de sustancia.

Como el Supermán de las tiras cómicas, al margen de la realidad social, y de los límites que le imponen ser prisionero, y producto de las rígidas reglas del capitalismo y de la estructura del poder estadunidense, según el patrón mediático debemos cruzarnos de brazos a esperar por los milagros que hará el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Suplantadas en los televisores de un plumazo las dantescas imágenes dejadas por años de férreo bloqueo, represión inmisericorde y casi un mes de ametrallamiento de Gaza “en vivo y en directo” por las del espectacular show de toma de posesión del nuevo mandatario, la consigna es portarse bien.

Entre la absoluta impunidad que, con la incondicional aprobación y apoyo de la elite estadunidense –republicana y demócrata– Israel ha ejercido su barbarie inaudita, y la infundada idea de confiar nuestro destino a la ejecutoria de un solo individuo, podemos discernir el mensaje del sistema dominante. En el campo simbólico no puede ser más gráfico: no habrá clemencia con los que disientan. Y dónde sentar mejor el precedente que en Gaza, corazón de la identidad, los anhelos y el indoblegable espíritu de lucha palestinos; ejemplo, por su insignificancia territorial, su insondable miseria material y carencia de armas para defenderse, de la posibilidad de los pequeños e inermes de resistir frente a las armas más modernas y los métodos más crueles.

La oportunidad escogida para dar una lección a Gaza no es fortuita. Quienes se han enriquecido y apoyado su poder con el fraude electoral, financiero, empresarial y guerras justificadas con burdas mentiras a expensas de hundir en un agujero negro la economía mundial y hambrear a cientos de millones, ahora temen la insubordinación generalizada. Irak, Afganistán, Líbano, Nepal, Grecia, la emergencia en América Latina de novedosas alternativas y una voluntad de integración que acoge a Cuba con todos los honores, anuncian la reacción, que podría multiplicarse, contra un sistema de explotación y depredación sin precedente, sustentado en el creciente terror de Estado.

Salpicada su investidura por la sangre palestina, Obama no ha proferido una frase que lo distancie de quienes la hicieron derramar y juegan festinadamente con la paz mundial. Su perdón anticipado a los crímenes de Bush y compinches refuerza la impunidad para los que detentan el poder, como ha escrito el premio Nobel Paul Krugman, y mina la esperanza de quienes confiaban en que el nuevo ocupante de la oficina oval honrara su juramento de defender la Constitución.

La situación que enfrentará el nuevo gobernante, en casa y en el mundo, es mucho más grave de lo que se reconoce por sus causantes y puede suponerse que lo haga reajustar la magnitud de las ambiciones hegemónicas de su antecesor. Pero por más que atempere sus modales, retórica y escala de acción, el imperio no cambiará su naturaleza agresiva, depredadora y expansionista

Gatopardismo imperial

Por: Atilio A. Boron. Página 12

Dr. Director del PLED, Programa Latinoamericano de
Educación a Distancia en Ciencias Sociales.

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Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante “obamamanía” actual es un magnífico ejemplo de ello.

Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.

¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la “guerra contra el terrorismo” por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio?

En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener “una agenda positiva” para la región para contrarrestar “el temor propagado por Chávez y Evo Morales”. Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?

¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (…) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC”? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena”.

Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.

En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a “suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba”, pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando “La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla”. En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.

Se fue uno y llegó el otro

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Tengo mis dudas. Demasiado rápido para creer que el color del nuevo emperador sea para recrear cambios sustanciales y verdaderos en lo que a política interna y externa estadounidense se refiere. ¿No será un disfraz ese color de piel? Un embozo escogido sin preámbulos, eso sí muy concebido por una mente digna del príncipe de Maquiavelo.

Tengo mis perplejidades.  Mi verdadera y asertiva confusión. Obama el nuevo presidente de EEUU,…el nuevo con maletas viejas llega y con él, las confusiones. Las amenazas veladas y las conversaciones, en primera instancia y tal vez en segunda solicitud, sólo con la “centro izquierda” y más allá la pregunta:… ¿es que no puede existir la izquierda y sus representantes? Se juega a no ver al otro, a que el de allá no exista si es que lo dejan existir.

Se entorpecen las relaciones con vocablos equívocos y se echa por los suelos las determinaciones de los pueblos y se condena la vida popular y sus decisiones.

El nuevo amo del mundo ha sido claro y ha dicho, respecto al presidente de Venezuela “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”.

“Por otra parte, Venezuela es un país de importancia crítica en el comercio con toda la región, es un proveedor importante de petróleo”, declaró. “Es decir, nosotros estamos dispuestos a comenzar conversaciones diplomáticas de cómo mejorar las relaciones”. Y con esa directa expresión se le indica a todos, quien ha llegado a la “Casa Blanca”.

Preguntas muchas surgen, llenas de miedo. ¿Qué cambia? Otra vez la rutina de la guerra.

Cada generación norteamericana lleva la marca de un fusil, de una bala, de un chispazo de sangre en su uniforme. No han salido de una guerra, pues desde la segunda las han creado todas.

¿Pasaremos factura el restante mundo?, que tal si nos unimos y decimos no. A lo mejor y vencemos, probablemente nos arrasen. Miedo, sospecha que ellos han sembrado a los vientos. Hora sacra de recogerlos.

Jugar a los abalorios, a mover las bolas, los oropeles saca cuentas. Creo que debemos tomar un antiácido después de ver la cena, la autentica coronación del emperador. Mientras en New York mendigos rodean las casas financieras. El mundo asiste a ver  aquel carro donde viene el ungido, que miedo, es grande, inmenso como los años que vienen.

Respiremos y esperemos que después de la fiesta vengan los verdaderos cambios. Que ojalá podamos reinar en felicidad con el señor nuevo. A unos días de haber sido elegido, una señora norteamericana, me preguntó: ¿Te gusta Obama?, le respondí que debíamos esperar y que la duda persistiría hasta ver la reforma con sus formas. Me dijo: “Crazy”…él es el cambio.

Lo espero, sin embargo Condolezza Rice también era negra.

Gerardo Martínez