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Por: Arturo von Vacano
Fecha de publicación: 04/02/09

Tras diez días en su nuevo empleo, Barack Hussein Obama no habla ya de “cambio” alguno, a no ser los 75 centavos que lleva en su monedero. Tal cambio personal es notable porque el mestizo basó toda su campaña electoral (que duró dos años) en la necesidad de “cambiar” esa olla de grillos y asfixiante corrupción llamada Washington.

Por el contrario, si un cambio se dio durante estas dos semanas de trabajo fue el del mismo Obama (nadie le llama “Mr. Obama” y menos “Mr. President”) al que todos se refieren como si fuera el negrito que tenemos para servirnos desde la Casa Blanca. Por “todos” me refiero al total de la prensa, al Congreso, a los militares y al aparato burócrata federal de USA.

El cambio en Obama fue relampagueante y parecido al que los bolivianos vimos en nuestro Presidente Evo Morales cuando inició su martirio: se apagó, perdió sus habilidades de orador y se hizo un hombre triste al comprobar el odio, la discriminación y las increíbles canalladas de la que son capaces sus hermanos hombres. Recuérdese tan sólo (porque no debemos olvidarla) la horca que Costas clavó junto al Cristo de SRZ para colgar a Morales.

Ya antes de jurar el cargo sufrió el Sr. Obama dos o tres insultos gruesos lanzados como murmullos pero registrados de todos modos por entrometidos micrófonos. Sucedió cuando caminaba él hacia donde debió jurar el cargo pero no pudo jurar porque el Juez Roberts, otro gringo cochino y Jefe de la Corte Suprema, hizo como que no podía leer la fórmula, la leyó mal anulando el juramento, arruinó la ceremonia y obligó al presidente a repetirla puertas adentro un día después. Sólo Bush, que es un imbécil certificado, creyó que se trató de un “accidente”.

Las cosas no han mejorado desde entonces y mejor sería que nos acostumbremos a llamarlo “Alí Baba” en lugar de “Obama” a secas porque lo que vemos día a día es el esfuerzo que hace Washington para cambiar a Obama y meterlo en el redil, esto es, forzarlo a aceptar la brutal idea de que nadie puede cambiar a Washington, nadie puede acabar con la corrupción gringa, alma del capitalismo caníbal que tortura a la especie humana toda.

Donde más evidente es este esfuerzo es en la prensa diaria y en los “noticiosos” de la televisión, donde idiotas como el famoso Charlie Gibson (un loro dedicado a leer noticias) se empeña a repetir tres o cuatro veces una misma pregunta baladí hasta sacar de quicio a cualquiera, incluso el presidente mestizo.

El “Obama” a secas aparece en todo lugar y a toda hora y la actitud constante de que este “entrometido” oscuro no es más que un sirviente de la plutocracia (como lo fueron todos los presidentes) lastima a veces hasta al más endurecido corazón. Ello sucede cuando se compara lo que Obama prometió con lo que Obama puede hacer: lo prometió todo y vemos hoy que no puede hacer nada o casi nada para aliviar las enormes necesidades urgentes de USA y del mundo.

Además de la prensa (los bolivianos conocen la labor de zapa diaria en que se empeña la prensa mundial mentirosa) Obama debe sufrir al Congreso, el nido de corrupción más grande y poderoso que haya visto el genero humano.

El Senado está conformado por cien ancianos cuya experiencia en cuanto a corrupción es de 5.000 años, considerada como conjunto, a razón de 50 años por delincuente. El último senador que demostró el calibre de que están hechos esos bandidos fue Tom Daschle, quien se “ensució” en 140.000 devaluados dólares aunque goza de una fortuna próxima a los 50 millones. Fue un impuesto que “se olvidó” de pagar. Para prueba basta un botón: casi todos los senadores son millonarios.

La Cámara Baja es peor todavía: son mil corruptos (no sólo por dineros, también algunos son delincuentes sexuales) cuyo precio no es generalmente muy alto: unos 20.000 dólares compran su voto, que andan ofreciendo por salas y galerías día y noche con repugnante franqueza.

Un tercer personaje compone las pesadillas de Obama: el “lobbyist”, al que prefiero llamar así en lugar de usar la palabra española que es una idiotez. Este profesional fue generalmente un senador o diputado hoy contratado por los plutócratas para andar por galerías y salas del Congreso comprando los votos que los políticos ofrecen con tanta urgencia. Son tan poderosos que se han apoderado de una céntrica calle de Washington, la tristemente célebre Calle K, y la han convertido en un bazar controlado por corruptos y degenerados. ¿El mejor ejemplo? Kissinger.

Si añadimos a esta legión otra, más numerosa, la de los empleados públicos del sistema federal, la mayor parte de los cuales son profesionalmente corruptos y han creado una enorme red de compadres que los demás corruptos del mundo envidian, podemos percibir un tanto la cantidad y la calidad de los ladrones que rodean a Obama y que ya le han sacado los dientes para hacerlo trizas. No son 40, son unos cuantos más.

Es este momento en que nos conviene recordar que USA es el aparato eterno de propaganda más grande de la historia. Los gringos lo dicen de otro modo, claro. Dicen que venden “bullshit” por camionadas y es la verdad pura y santa. Venden bosta de vaca (mentiras, exageraciones, falsedades, etc. etc.) a razón de una por minuto y 24/7. Les gusta ese espectáculo, como vimos el 20 de enero pasado: 1.8 millones de imbéciles que celebraban el fin del régimen Bush pero creían que celebraban la llegada de un negro a la Casa Blanca y por la puerta grande cuando Obama no es negro y cuando se necesitaba armar algo así para distraer a USA de su debacle económica que es, simple y llanamente, el fin del Imperio.

Pero la bosta recién empieza. Cumplida su misión pública, (“¡Tenemos un negro en la Casa Blanca! ¡Somos unos héroes!”) Obama comienza su misión “secreta”.

Zurdo como es, firma una muy difundida “orden contra la tortura” ayer para enterarnos hoy de que la tal orden no la prohibe en todas sus versiones sino que juega con el Artículo Tres de las Convenciones de Ginebra y deja varias puertas abiertas a la tortura. “Estados Unidos no tortura”, dice, y se refiere al famoso Manual de los militares que la prohibe, Manual que la CIA, la NSA, los mercenarios “privados” y la policía de 50 estados y 100 ciudades de USA nunca han visto y jamás respetarán.

Tampoco dice que la política oficial de USA es el envío de asesinos y torturadores “contratistas” a todo el mundo ni que actúan como espías y no obedecen las leyes de USA ni de nadie. Esto es, USA no torturará en Guantánamo ni en cada celda iraquí, pero mantiene las prisiones secretas de la CIA en el mundo y continúa la práctica “ilegal” de exportar prisioneros culpables o inocentes, sólo que ahora ya no lo hace la CIA sino empresas privadas dedicadas a ese pingüe negocio.

Otra orden presidencial emitida hace unos días prohibía el uso de “lobbyists” en el nuevo régimen. No se secó la tinta cuando apareció un lobbyst” veterano como Número Dos del Pentágono y Obama lo aceptó sin chistar. Nombró a otro viejo comerciante de influencias, George Mitchell, como su enviado especial al Medio Oriente. Daschle, su fracasado candidato para el Gabinete, hizo sus millones también como “lobbyist”.

Estos casos ilustran la gran dificultad que significa para Obama la conformación de un Gabinete que reuniera dos docenas de hombres profesionalmente y moralmente respetables, tarea que le ha resultado imposible. Cuando su Gabinete sea realidad trabajarán con él gente como Larry Summers, el padrino del sistema de jubilaciones de Chile cuya bancarrota no resultó tan mal negocio para Summers, hoy principal consejero económico de Obama.

En cuanto a la Ley y al principio tan respetado a viva voz por los gringos de que “Nadie está por encima de la Ley”, la verdad es que un asesino del calibre de Bush, responsable de un millón de muertes en Irak, firmante de cada orden de tortura perpetrada en Irak y Cuba, culpable de la destrucción de una ciudad de USA por Katrina, es intocable y sus crímenes quedarán impunes. Lo mismo sucederá, claro, con el vicepresidente Dick Cheney y Donaldo Rumsfeld, viejo amo del Pentágono, aunque hay miles de personas y organizaciones que reclaman un juicio para estos delincuentes. Cuando se preguntó a Obama sobre las posibilidades de tal juicio, demostró su gota de cinismo. Dijo: “Claro nadie está sobre la Ley, pero yo prefiero mirar hacia adelante y no para atrás”.

Todo ello en diez días de gobierno. ¿Qué puede esperar Latinoamérica de Barack Hussein Obama? Nada. Ya se negó a poner fin al bloqueo de Cuba, ya dijo un par de cosas desagradables sobre Chávez y sólo es cuestión de horas, tal vez, para que se niegue a conversar con Evo Morales aunque su mayor ambición fue, por un instante, la de ser el Evo Morales de USA.

avonvac@att.net