¿Qué hay detrás del facebook?

Tom Hodgkinson*

facebook

Facebook tiene 59 millones de usuarios y dos millones más se le unen cada semana. A partir de mañana, 11 de febrero, quien entre en ese sitio web desde un país de lengua castellana, lo verá por defecto en castellano. ¿Qué es Facebook, y quién anda detrás? Tom Hodgkinson hizo una investigación periodística para el cotidiano británico The Guardian, y éste es el interesante y revelador resultado.

El entusiasmo de la comunidad de inteligencia estadounidense por la innovación en alta tecnología después del 11-S y la creación de In-Q-Tal, su fondo de capital de riesgo, estaban en 1999 anacrónicamente vinculados a este artículo. Como el 11-S sucedió en 2001, no pudo haber provocado la fundación de In-Q-Tal, dos años antes. Desprecio Facebook. Su enormemente exitoso negocio americano se describe a sí mismo como de utilidad social que le conecta con la gente de su alrededor, pero me resisto a él. ¿Por qué necesitaría yo un ordenador para conectarme con la gente que me rodea en esta Tierra de Dios? ¿Por qué debería mediar en mis relaciones una pandilla de supercretinos en California? ¿Qué hay de malo en el bar? ¿Conecta realmente Facebook a la gente? ¿No nos desconecta más de lo que nos conecta, al limitarnos a enviarles por el ciberspacio notas agramaticales y fotos divertidas, mientras nos encadena al escritorio en lugar de hacer algo placentero como hablar, comer, bailar y beber con las amistades? Un amigo me ha dicho recientemente que se pasó en el Facebook un sábado por la noche, solo en casa y bebiendo en el escritorio. Que imagen más triste. Lejos de conectarnos, el Facebook realmente nos aisla en nuestros lugares de trabajo. Facebook alimenta también una suerte de vanidad y engreimiento en nosotros. Si cuelgo un retrato mío en la lista de mis cosas favoritas, puedo construir una representación artifical de quién soy para conseguir sexo o aprobación (me gusta Facebook, me dijo otro amigo, conseguí echar un polvo). También incentiva una competitividad inquietante entre las amistades; parece que, con los amigos, hoy en día la calidad no cuenta para nada y la cantidad es la reina. Cuantos más amigos tiene, mejor es usted. Es usted popular, en el sentido que gusta a las escuelas superiores americanas. Como prueba, la portada de la nueva revista Facebook de Dennis Publishing: Cómo doblar su lista de amigos. Parece, sin embargo, que estoy muy solo en mi hostilidad. En el momento en que escribo, Facebook dice tener 59 millones de usuarios activos, incluyendo a siete millones en el Reino Unido, el tercer mayor cliente después de los EEUU y el Canadá. Esto es, 59 millones de bobos, todos los cuales han dado la información sobre su carnet de identidad y sus preferencias de consumo a una empresa americana que no conocen en absoluto. Ahora mismo dos millones más se unen cada semana. Con la tasa actual de crecimiento, Facebook tendría más de 200 millones de usuarios activos el año próximo por estas fechas. I predigo incluso que esta tasa de crecimiento se acelerará durante los próximos meses. Tal y como dice su portavoz, Chris Hughes, le es inherente extenderse a donde sea difícil deshacerse de él. Todo lo dicho sería suficiente para hacerme rechazar para siempre Facebook. Pero hay más razones para detestarlo. Muchas más. Facebook es un proyecto bien financiado, y la gente que lo financia, un grupo de capitalistas de riesgo de Silicon Valley, tiene un pensamiento carente de toda ideología, anhelante de extenderse alrededor del mundo. Facebook es una manifestación de esta ideología. Como PayPal antes de él, es un experimento social, expresión de un tipo particular de libertarianismo neoconservador.

En Facebook es usted libre de hacer lo que quiera mientras no le importe que le bombardeen con los anuncios de las mayores marcas del mundo. Como con PayPal, las fronteras nacionales son cosa del pasado. Aunque el proyecto fue inicialmente concebido por la estrella mediática Mark Zuckerberg, la verdadera cara de Facebook es el capitalista de riesgo de 40 años de Silcon Valley y filósofo futurista Peter Thiel. Hay sólo tres miembros en la dirección de Facebook y son Thiel, Zuckerberg y un tercer inversor llamado Jim Breyer, procedente de una empresa de capital de riesgo llamada Accel Partners. Thiel invirtió 500.000 dólares en Facebook cuando los estudiantes de Harvard Zuckerberg, Chris Hughes y Dustin Moskowitz fueron a su encuentro en San Francisco en junio de 2004. Poco después lanzaron el portal. Según se informa, Thiel posee actualmente el 7% de Facebook, que, de la valoración actual de 15 billones de dólares, valdría más de 1 billón. Hay mucho debate sobre quiénes fueron exactamente los fundadores originales de Facebook, pero, quienquiera que fueran, Zuckerberg es el único que permanece en la dirección, aunque Hughes y Moskowitz sigan trabajando para la compañía. Thiel está bien considerado en Silicon Valley y en la escena del capital de riesgo de los EEUU como genio libertario. Es el cofundador y director ejecutivo del sistema bancario virtual PayPal, al que vendió Ebay por un billón y medio de dólares, quedándose para sí 55 millones. También dirige un fondo de cobertura llamado Clarium Capital Management y un fondo de capital de riesgo llamado Founders Fund. La revista Bloomberg Markets le tildaba recientemente de uno de los más exitosos directores de fondos de cobertura del país. Ha ganado dinero apostando en petróleo, de precios ascendentes, y en predecir correctamente que el dólar se debilitaría. La revista Fortune le ha tachado recientemente, a él y a sus irracionalmente ricos amigos de Silicon Valley, de la mafia del PayPal, y el reportero también observó que Thiel tiene un mayordomo uniformado y un supercoche McLaren de 500.000 dólares. Thiel es también un maestro ajedrecista intensamente competitivo. Ha sido conocido por arrojar airadamente las piezas cuando pierde. Y no pide disculpas por esta hipercompetitividad, pues dice: Muéstreme un buen perdedor y yo le mostraré un perdedor. Pero Thiel es más que un capitalista inteligente y avaricioso. Es un filósofo futurista y activista del neoconservadurismo. Licenciado en filosofía en Stanford, en 1998 coescribió un libro titulado “The Diversity Myth”, un detallado ataque al liberalismo y la ideología multiculturalista que dominaba Stanford. Pretendía que la multicultura produce una disminución de las libertades individuales (SIC!). Mientras estudiaba en Stanford, Thiel encontró un periódico de derechas en funcionamiento llamado The Stanford Review, cuyo lema era fiat lux (hágase la luz). Thiel es miembro de TheVanguard.org, un grupo de presión neoconservador que actúa en Internet, erigido para atacar a MoveOn.org, un grupo liberal que trabaja en la red. Thiel se autodefine como libertario. The Vanguard está dirigido por Rod D. Martin, un filósofo-capitalista a quien Thiel admira mucho. En la página, Thiel dice: Rod es una de las mentes pensantes importantes de nuestra nación en la creación de nuevas y necesarias ideas para la cosa pública. Posee una comprensión más completa de América de la que la mayoría de ejecutivos tiene de sus propios negocios. Esta pequeña desgustación de su página web les dará una idea de su visión del mundo: TheVanguard.org es una comunidad en línea de los americanos que creen en los valores conservadores, el mercado libre y el Estado limitado como los mejores medios de dar esperanza y oportunidades cada vez mayores para todos, especialmente para los más pobres de entre nosotros. Pretenden promover políticas que reformen América y el globo. TheVanguard describe su política como reaganista-thatcherista (SIC). El mensaje del presidente dice: Hoy les daremos a [la página web] MoveOn, a Hillary y a toda la prensa de izquierda algunas lecciones que jamás habrían imaginado. Así, la política de Thiel está fuera de duda. ¿Y su filosofía? Oí un podcast de una dirección que dio Thiel sobre sus ideas para el futuro. Su filosofía, sucintamente, es ésta: desde el siglo XVII determinados pensadores iluminados han estado llevando al mundo fuera de los límites de la anticuada vida natural, ahí cita la famosa caracterización de Thomas Hobbes de la vida como desagradable, brutal y corta hacia un nuevo mundo en que hemos prácticamente conquistado la naturaleza. El valor existe ahora en cosas imaginarias. Thiel dice que Pay Pal fue motivado por esta creencia: que puede encontrar el valor, no en los objetos reales manufacturados, sino en las relaciones entre seres humanos. Pay Pal era una manera de mover dinero alrededor del planeta sin restricción alguna. Bloomberg Markets lo expresa así: para Thiel, Pay Pal era sobre todo libertad: permitía a la gente eludir los controles actuales y mover dinero alrededor del globo. Al cabo, Facebook es otro experimento supercapitalista: ¿pueden ustedes lograr dinero al margen de la amistad? ¿Pueden crear comunidades libres de fronteras nacionales y venderles después Coca-Cola? Facebook es profundamente contrario a la creatividad. No la fomenta en absoluto. Simplemente media en relaciones que ocurrirían en cualquier caso. El mentor filosófico de Thiel es un tal René Girard, de la Universidad de Stanford, que ha propuesto una teoría del comportamiento humano llamada deseo mimético. Girard cree que las personas son básicamente como ovejas y copian a cualquier otro sin gran reflexión. La teoría también parecería haber sido demostrada en el caso de los mundos virtuales de Thiel: el objeto deseado es irrelevante; todo lo que se necesita es saber que los seres humanos tenderán a moverse en rebaño. Girard es un asiduo de las veladas intelectuales de Thiel. Lo que no oirán en la filosofía de Thiel son palabras como arte, belleza, amor, placer o verdad. Internet está atrayendo enormemente a neocons como Thiel porque les promete un determinado tipo de libertad en las relaciones y los negocios, libertad ante la molestia de leyes y fronteras nacionales y cosas por el estilo. Internet abre también un mundo de libre comercio y expansión del laissez faire. Thiel también parece aprobar los paraísos fiscales en el exterior y dice que el 40% de la riqueza mundial reside en lugares como Vanuatu, las Islas Caimán, Mónaco y los Barbados. Creo que es necesario señalar que Thiel, como Rupert Murdoch, está en contra de los impuestos. También le gusta la mundialización de la cultura digital porque dificulta más los ataques contra enseñoreamiento bancario: no puede haber revolución obrera que asuma el control del banco, si éste está en Vanuatu, dice. Si la vida en el pasado era desagradable, brutal y corta, en el futuro Thiel quiere hacerla mucho más larga, y a este fin ha invertido también en una empresa que está explorando las tecnologías de prolongación de la vida. Ha comprometido 3,5 millones de libras con un gerontólogo de Cambridge llamado Autrey de Grey que está buscando la llave de la inmortalidad. Thiel está también en el consejo asesor de una cosa llamada Singularity Institute for Artificial Intelligence. Desde su fantástica página web se dice lo siguiente: “Singularity es la creación tecnológica de inteligencia más rápida que la humana. Hay diversas tecnologías que van en esa dirección: inteligencia artificial, interfaces de cerebro informático, ingeniería genética, diferentes tecnologías que, si llegaran al umbral de refinamiento, nos permitirían crear una inteligencia más rápida que la humana”. Así, por confesión propia, Thiel está intentando destruir el mundo real, que él llama naturaleza, e instalar en su lugar un mundo virtual. Es en este contexto donde debemos considerar el auge de Facebook. Facebook es un experimento de manipulación global y Thiel es un joven brillante en el panteón neoconservador, aficionado a fantasías excéntricas y tecnoutópicas. Yo no quiero ayudar a nadie a hacerse rico. El tercer miembro de la dirección de Facebook es Jim Breyer. Es miembro de la empresa de capital de riesgo Accel Partners, que puso 12,7 millones de dólares en Facebook en abril de 2005. En la dirección de tales gigantes americanos como Wal-Mart y Marvel Entertainment, está también el ex presidente de la Asociación Nacional de Capital de Riesgo (NVCA). Actualmente ésta es la gente que está realmente haciendo que las cosas ocurran como ocurren en América, porque invierten en nuevos talentos jóvenes, los Zuckerberger y demás. La más reciente serie de fondos de Facebook la aportó una compañía llamada Greylock Venture Capital, que puso una suma de 27,5 millones de dólares. Uno de los veteranos de Greylock se llama Howard Cox, otro ex presidente de la NVCA, que está también en la dirección de In-Q-Tel. Bien, créase o no (compruébese en su página web), éste es el sector de capital de riesgo de la CIA. Después del 11-S, la comunidad de inteligencia estadounidense se entusiasmó tanto con las posibilidades de las nuevas tecnologías e innovaciones en el sector privado que en 1999 puso en marcha su propio fondo de capital de riesgo, In-Q-Tel, que identifica y acompaña a las compañías en el desarrollo de tecnología punta para distribuir esas soluciones a la CIA y al grueso de la comunidad de inteligencia de los EEUU para sus próximas misiones. Al departamento de defensa de los EEUU y la CIA les gusta la tecnología porque les hace más fácil el espionaje. No necesitamos nuevas vías para disuadir a nuevos adversarios, dijo el secretario de defensa Donald Rumfeld en 2003. Necesitamos dar el salto a la era de la información, que es la base decisiva de nuestros esfuerzos de transformación. El primer presidente de In-Q-Tel fue Gilman Louei, que fue miembro de la dirección de la NVCA con Breyer. Otra figura clave en el equipo In-Q-Tel es Anita K. Jones, ex directora de investigación en defensa e ingeniería para el departamento de defensa de los EEUU y con Breyer, miembro de la directiva de BBN Technologies. Cuando abandonó el departamento de defensa, el senador Check Robb le pagó el siguiente tributo: ella juntó la tecnología y las comunidades militares operativas para diseñar planes detallados para mantener el dominio estadounidense en el campo de batalla en el próximo siglo. Actualmente, incluso si no se tragan la idea de que Facebook es una suerte de extensión del programa imperalista americano mediante una herramienta de reunión de información masiva, no hay forma de negar que, como negocio, es de todo punto genial. Algunos idiotas de la red han sugerido que su tasación en 15 billones de dólares es excesiva, pero yo argumento que, en todo caso, es demasiado modesta. Su escala es verdaderamente vertiginosa y su potencial de crecimiento, casi ilimitado. Queremos que todo el mundo pueda usar Facebook, dice la voz impersonal del Gran Hermano en la página web. Apuesto a que lo harán. Es su enorme potencial lo que ha conducido a Microsoft a comprar el 1,6% por 240 millones de dólares. Un rumor reciente dice que el inversor asiático Lee Ka-Shing, de quien se dice que es el noveno hombre más rico del mundo, ha comprado el 0,4% por 60 millones. Los creadores de la página necesitan prohibir muy pocas cosas con el programa. En general, les basta con cruzarse brazos y ver cómo millones de adictos a Facebook transmiten voluntariamente sus datos personales, fotografías y listas de sus objetos de consumo favoritos. Una vez que ha recibido esta amplia base de datos, Facebook no hace más que revender la información a anunciantes o, como apunta Zuckerberg en una nota reciente en un blog, intentar ayudar a la gente a que comparta información con sus amigos sobre lo que hacen en la web. Y, efectivamente, esto es exactamente lo que está sucediendo. El pasado 6 de noviembre, Facebook anunció que 12 marcas mundiales han subido en la tabla, que incluyen a Coca-Cola, Blockbuster, Verizon, Sony Pictures y Condé Nast. Todo ello presentado con sandeces mercadotécnicas del mayor nivel, con comentarios de sus entusiasmados representantes, entre los cuales: Con Facebook Ads, nuestras marcas pueden convertirse en parte del camino de los usuarios que se comunican e interactúan en Facebook, según Carol Kruse, vicepresidenta de mercadotecnia global interactiva de Coca-Cola, ³lo vemos como una forma innovadora de cultivar relaciones con millones de usuarios de Facebook permitiéndoles interactuar con Blockbuster de formas convenientes, relevantes y entretenidas, según Jim Keyes, presidente y director ejecutivo de Blockbuster. Esto va más allá de las impresiones publicitarias. Esto atañe tanto a la participación de Blockbuster en la comunidad del consumidor que, a cambio, los consumidores se sienten motivados a compartir los beneficios de nuestra marca con sus amistades. Para el lenguaje de Facebook compartir es anunciar. Entre en Facebook y se convertirá en un libre anuncio andante y hablante de Blockbuster o Coca-Cola, ensalzando las virtudes de esas marcas a sus amigos. Estamos viendo la cosificación de las relaciones humanas, la extracción de valor capitalista de las amistades. Actualmente, por comparación con Facebook, los diarios, por ejemplo, empiezan a parecer deseperadamente obsoletos como modelo de negocio. Un diario vende espacio publicitario a las empresas intentando que éstas vendan sus productos a los lectores. Pero el sistema es mucho menos refinado que el de Facebook por dos razones. La primera es porque los diarios tienen que afrontar el fastidioso gasto de pagar a periodistas que proporcionen el contenido. Facebook obtiene su contenido gratis. La segunda es que Facebook puede dirigir la publicidad con mucha mayor precisión que un diario. Diga en Facebook que su película favorita es This Is Spinal Tap y cuando se lance el tráiler de Spinal Tap pueden estar seguros de que les enviarán anuncios. Es cierto que Facebook se ha metido en un lío con su programa publicitario Beacon. Se notificaba a los usuarios que una de sus amistades había realizado una compra en una determinada tienda online; 46.000 usuarios sintieron que este nivel de propaganda era intrusivo y firmaron una petición llamada ¡Facebook, dejen de invadir mi privacidad! Zuckerberg se disculpó en su blog. Ha escrito que ahora han cambiado el sistema de “opt out” por el de “opt in”. Pero sospecho que esta pequeña rebelión contra esta implacable cosificación se olvidará pronto. Al fin y al cabo, hubo una protesta nacional del movimiento por las libertades civiles cuando se debatió la idea de una fuerza policial en el Reino Unido a mediados del siglo XIX. Además, ¿acaso han leído realmente los usuarios de Facebook su política de privacidad? Se les dice que no tienen mucha. Facebook pretende ser libertad, pero ¿no se asemeja más realmente a un régimen virtual casi totalitario motivado ideológicamente con una población que pronto sobrepasará a la del Reino Unido? Thiel y compañía se han creado su propio país, un país de consumidores. Ahora pueden ustedes, como Thiel y otros nuevos maestros del ciberuniverso, considerar este experimento social tremendamente excitante. Aquí está, por fin, el estado de las luces anhelado desde los puritanos del siglo xvii que zarparon hacia Norteamérica, un mundo en que todo el mundo es libre de expresarse como le plazca, según lo que uno vea. Las fronteras nacionales son cosa del pasado y todo el mundo brinca en un despreocupado espacio virtual. La naturaleza ha sido conquistada por la infinita ingenuidad del ser humano. Sí, ustedes pueden decidir confiar su dinero al genial inversor Thiel y, ciertamente, estar esperando impacientemente la flotación pública del imparable Facebook. O también pueden decidir que no quieren ser parte de este programa fuertemente financiado para crear una árida república global, en que ustedes mismos y sus relaciones con sus amistades son convertidas en valores a la venta para marcas gigantes globales. Pueden decidir que no quieren ser parte de esta subasta por el mundo. Por mi parte, voy a desenchufar todo esto tanto tiempo como me sea posible y utilizaré mi tiempo, no en conectarme a Facebook, sino en hacer algo útil, como leer libros. ¿Por qué querría perder mi tiempo en Facebook cuando tengo todavía por leer el Endimión de Keats y cuando hay semillas que plantar en mi jardín? No quiero retirarme de la naturaleza, quiero volver a ella. ¡Maldito aire acondicionado! Y, si quiero conectar con la gente de mi alrededor, recuperaré una vieja pieza de tecnología. Eso es libre, eso es fácil y proporciona una experiencia individual única de compartir información: se le llama hablar.

* Periodista de investigación británico que escribe regularmente en el cotidiano The Guardian.

Traducción: Daniel Escribano

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