Por: Carlos de Urabá


Los que se pensaban que la gripe porcina era el no da más, una epidemia demoniaca, un castigo bíblico, se equivocan. Desde hace siglos España padece con virulencia la peste borbónica, un virus asesino que se inserta en el cerebro destruyendo lentamente la dignidad humana. Este síndrome incurable manipula las conciencias hasta convertir a las víctimas en meros fantoches de sus veleidades.

La peste borbónica se gestó en la edad media en las casas reales europeas. Poco a poco las cepas se fueron cruzando hasta forjar la actual dinastía de bastardos reyezuelos. La célula madre desencadenante de la hecatombe se llamó Felipe de Anjou, quien procedía de la rama de los gabachos Capetos cuyos símbolos son el águila bicéfala y la flor de lis. Podemos afirmar con rotundidad que la trasmisión de la peste se produjo por vía seminal pasando el poder absolutista de padres a hijos como dogma de fe de la monarquía hereditaria. De ahí que en sus cachorros la tara genética se encuentre extremadamente marcada. Esta pandemia se ha desarrollado con en distintos reinos de Europa, incluso ha inoculado su ponzoña en tierras de ultramar, las Indias y Filipinas. Las consecuencias de dicho mal han sido desastrosas: siervos hambreados, despotismo feudal y la plebe embrutecida por la ignorancia y la opresión. En el siglo XVIII esta despreciable dinastía recaló en Navarra y en Francia. Se regaron como la pólvora por Castilla y Aragón, Luxemburgo y en el reino de las dos Sicilias. Bajo la bendición del pontífice romano ejecutaron con la espada y la cruz toda clase de injurias y tropelías.

Una de las cepas más detestables se le denominó Felipe V de España quien gobernó con furia bacteriana rodeado de una corte de aduladores y holgazanes dedicados a la farra y la bohemia. Las continuas mutaciones del virus dieron como resultado a un tal Carlos III, emérito gusano que fue retratado magistralmente por Goya en su cuadro del rey cazador. Es indiscutible que este renacuajo carecía de sano juicio pues su labio leporino y sus facciones de bobalicón revelan una personalidad lunática y esquizofrénica. Acto seguido con Carlos IV la saga alcanzó gran celebridad pues el muy fantoche se dedicó a las grandes francachelas y comilonas. El cuadro de la familia de Carlos IV pintado también por Goya describe a la perfección el carácter de estos zánganos de rancio abolengo. Pero quizás el rey de reyes, el campeón indiscutible sea su hijo Fernando VII, un repugnante monstruo con cerebro de chorlito parido en las caballerizas de palacio. Una vez más Goya con su insuperable pincel nos desvela el cretinismo agudo del gandul. Este bicho de poca monta fue depuesto por las tropas napoleónicas que traían los vientos liberadores de la revolución francesa. El fervor patrio del populacho y su fidelidad al incubo quedó patente en los sucesos del dos de mayo de 1808 cuando se inmolaron cientos de patriotas al grito de “vivan las caenas”.

El mejor caldo de cultivo de la peste borbónica han sido las borracheras y bacanales. De esta guisa fue concebida la reina Isabel II, conocida popularmente como la reina de los “tristes destinos”. De espíritu ninfomaníaco tuvo amoríos hasta con los bufones de la corte. Como no se podía esperar otra cosa la serenísima Reina engendró clandestinamente un hijo bastardo con el reputado militar Puig Moltó. Parece que el príncipe consorte Don Francisco de Asís le atraían más los machos cabríos y no le prestaba mucha atención a su bienamada. Las malas lenguas afirman que ese bellaco no es otro que Alfonso XII. Esta soberana se declaró muy católica y españolista y a fe que cumplió con su palabra pues durante su mandato no produjo más que cizaña y estiércol. La sucedió su ilustrísimo hijo Alfonso XII, el bastardo, quien escribió con sus pezuñas páginas gloriosas en la historia de España. Su principal obra fue haber procreado una manada de hijos naturales entre las que se destacó por su porte de paquidermo el idolatrado Alfonso XIII. Virus lujurioso y fornicador, un borrico entronizado que afirmó sin tapujos ser falangista de primera hora. Un monarca muy aficionado a la pornografía y las depravaciones sexuales. Este monigote se dio un autogolpe de estado- igual al que planificó su nieto Juan Carlos I el 23 de febrero de 1981 compinchándose con el dictador Primo de Rivera

Hasta que en el año 1931 la república española neutralizó el maleficio al ganar las elecciones generales. El piojoso de Alfonso XIII fue acusado de traición a la patria y degradado ipso facto. Inmediatamente se exilió en Roma encomendándose a la protección del Santo Padre. Instaurada la segunda república comenzaron a soplar en España aires de libertad, el pueblo recuperó la conciencia y logró despojarse del yugo atávico al que había sido sometido. Aunque no se tomaron las medidas profilácticas oportunas y en 1936 el letal virus nuevamente se reactivó. En España se reprodujo con saña el flagelo del fascismo. El general Franco tras dar un golpe de estado desató una guerra que sembró de muerte y destrucción el país. Durante más de 40 años España padeció una voraz epidemia denominada franquismo que provocó millones de muertos, torturados, desaparecidos y desterrados. Desde entonces esta cepa militarista continúa inoculada en la sangre de los ciudadanos Lo más preocupante es que este virus se ha aliado a la peste borbónica lo que ha traído como consecuencia su práctica inmunidad. Con astucia el generalísimo casó a su nietísima doña Carmen Martínez Bordiú con Alfonso de Borbón, heredero al trono de España y Francia, con la intención de entroncar genéticamente las dos cepas asesinas.

El dictador Franco en 1969 proclamó a don Juan Carlos de Borbón y Borbón rey de España y su directo sucesor. “Juráis por dios y por España defender los principios del movimiento nacional…” A este mentecato se le encomendó la misión de garantizar la unidad de los gérmenes y bacterias de la España imperial. Don Juan Carlos es un microbio corpulento amante de los siete pecados capitales, en especial el de la gula y la lujuria. Gracias a él la supervivencia del virus franquista está asegurada por los siglos de los siglos Su majestad se unió en santas nupcias con un exótico espécimen originario del Peloponeso llamado por los científicos Doña Sofía. De este enlace ha salido una descendencia muy variopinta de gilipollas y julandrones encabezados por Felipillo “el cornudo” felizmente casado con la anoréxica plebeya Letizia Ortiz, a ellos se suman la liendre de la infanta Cristina y la garrapata de la infanta Helena. La camada se rodea de lujos y excentricidades, sus delirios de grandeza y su egolatría son insaciables. El gobierno ha invertido millonadas de Euros para satisfacer todos sus caprichitos hasta el punto de dejar exhaustas las arcas del reino. Claro que este fenómeno no sería posible sin contar con el beneplácito de sus súbditos que aprueban todas las fechorías de los monarcas. No olvidemos que nuestra democracia constitucional defiende a capa y espada los privilegios reales por encima de todas las cosas. El pueblo no ha tomado las medidas de higiene necesarias, ha sido bastante tolerante y ahora va ser muy difícil eliminar estos parásitos. Encima la población mayoritariamente los estima y adora. El lavado cerebral ha surtido el efecto previsto. Aquí se puede aplicar muy bien ese refrán que dice que sarna con gusto no pica.

Para combatir la peste borbónica existen algunos tratamientos muy exitosos. El retroviral más eficaz es el llamado Tercera República, aunque también una buena dosis de a las barricadas no estaría mal, sin que falte una afilada guillotina para no dejar títere con cabeza. Esta peste endémica tiene unos síntomas muy característicos: sibaritismo, cretinismo, endiosamiento, narcisismo maligno y retraso mental profundo. Los efectos en el ser humano son devastadores pues poseído el cerebro de las víctimas ya es muy difícil extirpar el proceso degenerativo. Se ha demostrado que gracias a la alienación reinante éste se contagia fácilmente por vía televisiva, las revistas del corazón o en los programas de telebasura. De su letal veneno pocos se salvan. La vida de los virus borbónicos es muy placentera pues siempre están en las playas o en las estaciones de esquí disfrutando de unas merecidas vacaciones. Les encanta de juerga, los restaurantes de lujos, los hoteles cinco estrellas donde se codean de tú a tú con la jet set y a las mafias internacionales

Como medidas de urgencia para luchar contra el flagelo recomendamos la quema de banderas rojas y gualdas y las fotos de la familia irreal. Asimismo no estaría de menos incitar a la masa al motín y la rebelión. Este virus es muy chocarrero y su metamorfosis impredecible. Para colmo la burguesía españolista y el gobierno actual del piojoso Zapatero le hacen la corte, la clase política está completamente contaminada, son portadores activos del virus y se hace necesaria una purga a todos los niveles para erradicar el mal de raíz. Se ha demostrado que el mejor tratamiento de choque es el anarquismo radical, y en los casos más desesperados se recomienda leer a Bakunin, Kropotkin o Malatesta. Seguir al pie de la letra la consigna de ni dios ni rey ni amo es el mejor antídoto para prevenir el contagio de esta despreciable peste borbónica.

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