Mes: junio 2009

La marcha y las rosas compradas.

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No fui, no hizo falta, uno más, uno menos, sin importancia, un grano de arroz que no se ve y cuya voz se escucha a dosis en un blog que levanta miedos y agrega terrores.  El año pasado caminé, me encontré alegres rostros y gente solidaria con los mecanismos y ONG que luchan porque tengamos nombres y respetos.  Este año decidí hacer caso omiso, quedarme en casa, ver un DVD y olvidar el ring de boxeo en que se ha convertido, tiempo otrora, el mundo gay meridano.

Iré y caminaré cuando vea una marcha decente, planificada con las creces de amor y de unión por una lucha en la cual entremos todos, sin distingo de raza, nacionalidad, posición política y moral. Donde no solo seamos un botiquín de primeros auxilios de políticos que ven en nosotros  el nevado de la torta y la carne de cañón de sus dominios é intereses políticos. Caminaré con mi brazo abierto y codo a codo con la sapiencia de un buscador de buenas nuevas.

La 7a Marcha lésbico gay Mérida 2007 tiene la misma factura que la del año pasado, quizá la misma de todos los años, con una parada en el palacio de gobierno, fotos con la gobernadora que baja y un mohín a la prensa local que dirá: caminaron, marcharon. ..¿Porque? he allí el asunto.

Porque algunas personas que dicen ser de  grupos no representan a un colectivo, mucho menos a los colectivos de gays y lesbianas atemorizados, asustados de tanta homofobia, que conviven en Mérida, la blanca, la del engaño, la que no ha llamado las cosas por su nombre y que permite la pederastia de algunos miembros de la comunidad norteamericana que convive con nosotros y que lo hace a la orden del día con la vista gorda de todos. Porque no se ha hecho ni voz ni voto con la agresiva actitud contra todo aquel que además de gay ó lésbico lleve el signo de nuestros tiempos: ser HIV positivo.  Porque con sus pelucas de pésimo nailon coloreado nos dicen que vienen de intereses comerciales discotequeros que están al anillo periférico sur de la ciudad. No, no son de los que han llevado la marca en la piel, son transgénicos de un sector comercial que vende carne, risas de mal gusto y músculos sudados con genitalita afeitada a ras.

No, no danzaré con ellos, a pesar de ser una voz en el desierto extremo y sin sonido de una ciudad que se niega a ver el triste espectáculo de los sábados en una plaza grande llena de vendedores de sexo sin reglamento, con guiños de los que cuidan, con el silencio de sus carros que se llevan a los becerros a la degollina del sacrificio. Edificante edificio de pura mentira. No Iré, me quedaré en casa hasta oír el llamado limpio de aquellos que creemos en una unión democrática, viva y limpia, que nos unifique bajo un slogan de compromiso verdadero por las mejoras de los gays y las lesbianas que vivimos en Mérida y en el resto de la península de Yucatán. Cuando eso sucede y el aire huela a pureza y veredera amplitud de vida, caminaré y lucharé, antes no.

Gerardo Martínez

Lakhdar Boumediene: Desde la llegada de Obama ¡no ha cambiado nada!

 

(FOTO: Bruno Lévy Pour) Lakhdar Boumediene. Cuando obtenga la residencia francesa quiere volver a trabajar en lo que hacía en Bosnia antes de ser arrestado: una organización humanitaria

El argelino Boumediene estuvo detenido arbitrariamente en Guantánamo durante siete años y medio. Llegó a París el pasado 15 de mayo, después que Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea (UE) que acepta un ex prisionero de proveniente de esa prisión caribeña que no es residente ni ciudadano francés.

Lakhdar Boumediene fue arrestado en Bosnia-Herzegovina a fines de 2001 donde trabajaba para la Media Luna Roja y acusado de cometer un atentado contra la embajada de Estados Unidos en Sarajevo, junto a otros cinco argelinos. La justicia bosnia juzgó a ese llamado “grupo de los seis argelinos de Bosnia” y los liberó. Pero, a pedido de Estados Unidos, la policía bosnia los entregó a militares de ese país, que los trasladaron a Guantánamo.

Boumediene tuvo que esperar hasta el 2 de noviembre del 2008 para que un juez federal norteamericano lo declarara inocente y exigiera su liberación inmediata, así como la de otros cuatro argelinos de Bosnia. Seis meses después de esa decisión judicial, Boumediene fue liberado y trasladado a Francia. Este es su testimonio, obtenido por RFI en un hotel de la región parisina, donde reside con sus dos hijas y su mujer, a las que no había visto durante más de siete años.

Lakhdar Boumediene: Me llamo Lakhdar Boumediene, soy casado, tengo dos hijas, Raja de 13 años, y Rahma de 9 años. En Guantánamo, me llamaban “matrícula 10.005”. Era mi nombre, mi apellido, y mi dirección. Todo. Desde el 15 de mayo, fecha de mi llegada al aeropuerto militar en Francia, soy un hombre libre. Y ahora me siento verdaderamente un ser humano, de la categoría de los hombres libres, un hombre en el verdadero sentido de la palabra, sobre todo desde que volví a encontrar los seres más queridos que son mi esposa y mis hijas, a las que no había visto desde hace más de siete años.

RFI: ¿Cómo reaccionó cuando por fin salió de la cárcel de Guantánamo?

L.B.: Imagínese a un hombre, prisionero por más de siete años, que se encuentra por fin libre, sin esposas en las manos. Me empecé a sentir libre solamente desde el final del viaje que me trajo de Guantánamo a Francia, porque las condiciones del viaje fueron muy duras: tenía los pies atados y las manos esposadas. No pude comer, ni beber, y el vuelo duró nueve horas sin escala.

RFI: ¿Qué pasó a su llegada a Guantánamo?

L.B.: Los tres primeros meses fueron muy duros, estábamos encarcelados en un campo llamado X-Ray, con muros de alambres y techo de madera; cada uno tenía dos baldes, uno para lavarse y otro para orinar, y los cambiaban una sola vez por día aunque la temperatura subía hasta 38 grados.

RFI : Usted estaba físicamente muy débil cuando aterrizó cerca de París el 15 de mayo…

L.B.: Había empezado una huelga de hambre en Guantánamo en diciembre del 2006, que duró hasta el 15 de mayo del 2009. Cuando llegué al aeropuerto militar en Francia, después de pasar un momento con mi mujer y mis hijas, me llevaron al servicio de reanimación y de cuidado intensivo del Hospital de Percy donde permanecí durante diez días. Al llegar a París sólo pesaba 56 kilos, mientras que mi peso antes de mi huelga de hambre era de 73 kilos.

RFI: ¿Por qué hizo una huelga de hambre?

L.B.: Lo que me llevó a hacer una huelga de hambre fueron los malos tratos. Al llegar a Guantánamo, yo les dije que era inocente. Los que me interrogaban me decían: “Tu caso es un caso político, no eres un terrorista”. Sin embargo, los malos tratos se volvían cada vez más duros, más insoportables, sobre todo en 2006, después de la muerte de tres detenidos. Entonces no tenía otra alternativa que hacer una huelga de hambre. No sé porqué nos imponían esos malos tratos. Cuando yo estaba en Bosnia, me habían acusado de preparar un atentado contra la embajada estadounidense en Sarajevo. Pero a mi llegada a Guantánamo, nunca más me hicieron preguntas al respeto. Entonces cuando les decía: “Porqué no me preguntan nada acerca de las acusaciones de Bosnia-Herzegovina?”, me contestaban “no los trajimos aquí para eso”.

RFI: ¿Cuáles eran las acusaciones?

L.B.: Me hacían dos preguntas. Una era sobre el funcionamiento de las organizaciones caritativas; otra, sobre los árabes que vivían en Bosnia-Herzegovina.

RFI: ¿Cómo se hacían los interrogatorios?

L.B: En total vi unas 70 personas encargadas de los interrogatorios. De todos los colores, negros, asiáticos, europeos… Tuve 120 sesiones de interrogatorios. Antes de 2003, durante esas sesiones que podían durar cinco horas, podía expresarme. Les conté mi vida, desde mi nacimiento hasta mi llegada a Guantánamo y cosas sobre las personas que había conocido en Bosnia. De pronto, entre febrero y marzo de 2003, los interrogatorios se volvieron muy violentos, fue el principio de la tortura. Todo se volvió muy doloroso, me interrogaban de la medianoche hasta las 6 de la mañana, y desde la 13h00 de la tarde hasta las 18h00. Para protestar contra esas torturas, empecé mi huelga de hambre. Pero las sesiones siguieron. Me llevaban al hospital para darme los tratamientos necesarios y seguir interrogándome. Me torturaron incluso cuando estaba muy débil: me cargaba un soldado de cada lado y me hacían correr adrede, pero como yo estaba muy débil, mis pies se arrastraban y sangraban. Cuando los soldados me llevaban a mi celda, mis pies, mis tobillos y mis rodillas chocaban contra los escalones, y sangraban. Pero eso no les molestaba. Al séptimo día, el médico me pidió que dejara mi huelga de hambre o me iban a alimentar a la fuerza. Al día siguiente, cuando me llevaron a la clínica, los militares y el médico hicieron un gesto entre ellos y me inyectaron suero a la fuerza. Pero en vez de inyectarlo normalmente en la vena, se divirtieron clavándome la aguja en los huesos y en los músculos del brazo. Después de 15 minutos con este juego, entró una enfermera y me inyectó el suero en la vena.

RFI: ¿La actitud de los soldados se endureció a raíz de su huelga de hambre?

L.B.: Sí. Consideraban que, como hacía una huelga de hambre, ya no podía hablar, y para ellos lo más importante era que les hablara. De todo y de nada, pero que les hablara. La prueba de eso es que el mismo médico volvió una noche durante una sesión de interrogatorio, verificó mis oídos, mis ojos, mi pulso, y les dijo: “Está bien, pueden seguir interrogándolo”. Después de 16 días se dieron cuenta de que no podían obtener nada más, entonces me dejaron. Pude ver a mis abogados por primera vez en julio o agosto de 2004. Pero eso no tuvo ningún impacto y los malos tratos siguieron cada vez más violentos.

RFI: ¿Las visitas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) cambiaron algo?

L.B.: Venían, pero no cambiaba absolutamente nada. Un simple soldado podía decir a la persona del CICR “tu te sientas allá y no hablas”. Entonces su presencia no cambiaba nada.

RFI: ¿Qué piensa de los estadounidenses?

L.B.: Lo que quiero ahora es olvidar esta pesadilla y vivir en paz con mi familia. Con respecto a la administración estadounidense responsable de mi encarcelamiento, lo que es seguro es que hay un problema con cuatro personajes locos y estúpidos: Georges Bush, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, y el fiscal general Alberto González.

RFI: ¿Tiene planes hacer un proceso?

L.B.: Sí, quiero presentar una denuncia contra esas cuatro personas, aunque me lleve más de cien años. No sé si lo lograré, pero lo voy a intentar, con la ayuda de mis abogados norteamericanos en Boston. Pero no confío en la justicia de Estados Unidos para lograrlo.

RFI: Cuando el juez federal ordenó su liberación en Noviembre del 2008, ¿recibió excusas del gobierno de Estados Unidos?

L.B.: Las únicas excusas que recibí, fue que me confiscaron todas mis cosas. Cuando salí de Guantánamo no me devolvieron nada: mi pasaporte argelino, mi cédula de identidad argelina, me sacaron mi anillo, el objeto que más quería, mis diplomas, mis certificados… Esas fueron las excusas que recibí.

RFI: ¿La situación ha cambiado desde la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, y tras su intención de cerrar el centro de Guantánamo?

L.B.: Nada ha cambiado. Es el mismo general, el mismo almirante, son los mismos soldados, los mismos malos tratos hacia los prisioneros, ¡no ha cambiado nada!

Lakhdar Boumediene, su mujer y sus dos hijas muy probablemente se radicarán en Niza al sur de Francia donde reside la familia de su cuñada. Cuando obtenga sus documentos de residencia, Lakhdar Boumediene quiere volver a trabajar en lo que hacía en Bosnia antes de ser arrestado: una organización humanitaria.

Entrevista: Véronique Gaymard

Traducción del árabe: Aïcha Saout de MC-Doualiya

Pensamientos de Alejandro el grande

para su reflexión, mas ahora que estamos todos en perenne guerra, que si por el poder, que la geopolítica, cambiemos, es solo cuestión de hacer un click mental. Ya en su época fue necesario el cambio. Hagámoslo posible.

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Los tres últimos deseos de “Alejandro El Grande”


Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y

les comunicó sus tres últimos deseos:


1 – Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los propios médicos de la época.


2 – Que los tesoros que había conquistado (plata, oro
y piedras preciosas),

fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.


3 – Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.


Uno de sus generales,
asombrado por tan insólitos deseos,

le preguntó a Alejandro: ¿Cuáles eran sus razones?


Alejandro le explicó:


1 – Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar

que ellos NO tienen, ante la muerte el poder de curar.


2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver

que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.


3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver

que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos.

Vargas Llosa & asociados en Caracas

José Steinsleger (La Jornada)
Miércoles, 3 de Jun de 2009. 12:05 pm
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Entre los “demasiados libros” que circulan, sería fantástico encontrar algún estudio que trate acerca de escritores con obra perdurable, pero alineados con las peores causas de la humanidad: Ezra Pound, fascista; Louis F. Celine, antijudío; Camilo J. Cela, franquista; Knut Hamsun, nazi; Mario Vargas Llosa… ¿Liberal? ¿Derechista? No estoy para elogios.

Algunos tratan al peruano de “mercenario”. Negativo. La ética de Vargas Llosa se cotiza por debajo de los que, al menos, arriesgan la vida por la causa fascista, el aristocratismo guerrero, aventuras, o dinero sin más. ¿Egocentrismo literario? Aun en su lado enfermizo, lo egocéntrico no quita lo sensible. ¿Entonces?

Cuando el 12 de octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca, Millán Astray gritó “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, las cosas eran más claras. Sin temor a las hordas fascistas que acompañaban al coronel gallego, el rector Miguel de Unamuno le respondió: “… venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis porque convencer significa persuadir; y para poder persuadir, necesitaréis lo que no tenéis: la razón y el derecho en la lucha. Considero fútil exhortaros a pensar en España”.

Unamuno, el trágico. Pilar Franco, presente en el aquelarre, lo salvó del linchamiento. Sin embargo, las izquierdas mantienen aún posiciones encontradas. Se entiende: hasta julio de aquel año, el filósofo vasco creía que el pasado liberal y socialista de algunos falangistas ilustrados podía incidir en lo que él veía como “revuelta de la civilización”. No fue así. Dos meses después, Unamuno murió de tristeza. ¿Dónde hubiera estado don Mario en aquel momento que, como nunca, puso en su lugar a las bestias? ¿En el baño?

Naturalizado español para sortear la causa judicial abierta en Perú por encubrir el asesinato de ocho periodistas, panegirista del terrorismo de Estado en América del Sur y las masacres de Washington en América Central, exégeta de la invasión a Irak, socio de la terrorista Fundación Hispano-Cubana, hay que reconocer que Vargas Llosa es un tipo tenaz: sus declaraciones en aquella entrevista de 1970… ¿no son idénticas a las de 1980, 1990, 2000, o las del fin de semana pasado en Caracas?

En “Tres héroes” (La edad de oro, 1889), José Martí cuenta del viajero que apenas llegado a Caracas “… sin sacudirse el polvo del camino no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar”.

Con afanes distintos, Vargas Llosa declaró en el aeropuerto de Maiquetía: “Un funcionario me dijo, con mucha amabilidad, que como extranjero no tenía derecho a hacer declaraciones políticas. Y yo también, con mucha amabilidad, le respondí que en la tierra de Bolívar nadie podía poner cortapisas al libre pensamiento” (Afp, 27/5/09).

¿A cuál Bolívar tenía en mente el autor de La ciudad y los perros?

Martí enseñó a los niños: “… libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. Como fuere, resulta interesante que un vocero del golpismo y el terrorismo de Estado no pueda ignorar a Bolívar.

La primera independencia se frustró con el asesinato y ostracismo de los libertadores. Luego, los señores de horca y cuchillo interpretaron a modo su legado político. En Miami, la mafia cubana habla de Martí, y en México los “desmitificadores” de la historia deploran que el cura Hidalgo haya alzado a los indios, en lugar de haber celebrado un seminario sobre gobernabilidad y democracia en el pueblo de Dolores.

En Caracas, Vargas Llosa fue el invitado estrella a otro aquelarre como el de Salamanca, organizado por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico por la Libertad (Cedice), brazo empresarial del Departamento de Estado. Basta recordar que Rocío Guijarro, titular del Cedice, fue el personaje que en la intentona golpista de abril de 2002 firmó el decreto que disolvió las instituciones democráticas de Venezuela.

En acuerdo con sus anfitriones (Globovisión, embajada de Washington), el rebaño de “intelectuales libres” que entregan su prestigio a cuanta causa antipopular aparece en nuestra geografía política sólo cuenta con lo que no existía en la época de Unamuno: los grandes medios de comunicación, que han sustituido el antiguo fascismo de masas.

¿Y qué les subleva de Hugo Chávez? En los umbrales del bicentenario, Vargas Llosa & asociados andan preocupados porque el presidente de Venezuela consulta la brújula de Martí: “Lo que Bolívar no hizo, está todavía por hacer en América”. Por esto, creer (como los grandes medios dijeron a coro) que fueron a Caracas invitados por la “oposición” equivale a ver la realidad con ojos estrábicos.

Vargas Llosa & asociados representan al golpismo y son correa de transmisión del neofascismo. Ubicar a estos personajes en la “derecha” del arco político sería cumplido ideológico. No es grave que haya oposición y escritores de derecha. Lo grave es que la abyección sea plataforma de sus principios.

La vergonzosa historia de la OEA

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Oscar Sánchez Serra (Granma Internacional)

Viernes, 29 de Mayo de 2009. 1:48 pm

Parte I

Surgimiento y trayectoria de la Organización de Estados Americanos. Contexto histórico de su aparición y fundamentos jurídicos, políticos e ideológicos en que se constituyó. Papel desempeñado en la región.

Desde su despegue como nación, los Estados Unidos de América contrapusieron siempre al ideario de unidad e integración latinoamericana su pretensión de dominación continental, ambición plasmada el 2 de diciembre de 1823 en la conocida Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”.

No fue hasta el último cuarto del siglo XIX, que esa filosofía pudo desplegarse, cuando la industria estadounidense creció como ninguna otra hasta alcanzar la condición de potencia en acelerado ascenso, con lo cual pretendía no solo la dominación del continente, sino que creaba las condiciones para lanzarse a la lucha por una nueva redistribución del mundo.

Ya a finales de 1889, el gobierno norteamericano convocó la Primera Conferencia Panamericana, que fue el punto de partida del “panamericanismo”, visto como el dominio económico y político de América bajo la supuesta “unidad continental”. Ello implicaba una actualización de la Doctrina Monroe en el momento en que el capitalismo norteamericano arribaba a su fase imperialista. José Martí, quien fue testigo excepcional del surgimiento del monstruo imperialista, se preguntaba a propósito de aquella Conferencia: ¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo? Y tenía razón. Entre 1899 y 1945, durante ocho conferencias similares, tres reuniones de consulta y varias conferencias sobre temas especiales, se fue estableciendo el avance de la penetración económica, política y militar de EE.UU. en América Latina.

Auge del panamericanismo monroísta

A finales de la II Guerra Mundial, de la que EE.UU. salió beneficiado, se inicia una etapa de auge del Panamericanismo y del Sistema Interamericano que va desde la Conferencia de Chapultepec en 1945, pasando por la creación de la OEA en 1948, hasta la invasión a República Dominicana en 1965, consolidándose la subordinación de los gobiernos del continente a la política exterior de EE.UU.

Así, la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, de Chapultepec, en marzo de 1945, tuvo un objetivo político definido: alinear a los países de la región para enfrentar el proceso que vendría con la creación de la ONU.

Como resultado, en la conferencia de San Francisco, en abril de 1945, en la cual se funda la ONU, la diplomacia norteamericana, apoyada por los países latinoamericanos, defendió la “autonomía” para el Sistema Interamericano y logró que en el artículo 51 de la Carta de la organización mundial se preservara la solución de controversias mediante métodos y sistemas “americanos”. La interpretación que le dio el Consejo Directivo de la Unión Panamericana es que dicha Carta nació compatible con el Sistema Interamericano y el Acta de Chapultepec.

En agosto de 1947, la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro aprobó una resolución que dio origen a la herramienta que daría vida a la cláusula de permisividad arrancada a la ONU: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que reafirmaba el principio de “solidaridad” continental esgrimido por Washington, en función de enfrentar cualquier situación que pusiera en peligro “su paz” en América y adoptar las medidas necesarias, incluida el uso de la fuerza. Con el TIAR se impone la voluntad yanki en el continente, constituyendo una amenaza permanente para la soberanía de los países latinoamericanos.

Como colofón, entre el 30 de marzo y 2 de mayo de 1948 la Conferencia Internacional Americana de Bogotá, da vida a la Organización de Estados Americanos (OEA). En medio de esa reunión es asesinado el líder liberal colombiano Jorge E. Gaitán, de gran arraigo popular, hecho que motivó una gran insurrección conocida como el Bogotazo, brutalmente reprimida y que sirvió para manipular el curso y los resultados de la Conferencia, al promover EE.UU. la amenaza que significaban para la democracia el “auge” de la Unión Soviética y el comunismo, al que culpaban por las muertes del Bogotazo.

Pero tanto la Conferencia de Río como la de Bogotá coincidieron con una agudización de los problemas económicos en América Latina, cuyos países —entusiasmados con el Plan Marshall para Europa—, empezaban a demandar uno de asistencia para la región. Mas el propio Secretario de Estado, George Marshall, se encargó de defraudarlos.

De la discusión y adopción de la Carta de la OEA surgió un extenso documento de 112 artículos, firmado sin reservas por los veintiún países participantes en Bogotá. La Carta hacía suyos algunos de los principios cardinales y justos del derecho internacional, sin embargo, a instancias de Washington, se le introdujeron disposiciones que trasladaron a la OEA los postulados principales del TIAR, por lo cual, desde su cuna, la OEA es el instrumento jurídico ideal para la dominación estadounidense en el continente.

Su retórica diplomática relativa a los postulados sobre la independencia y soberanía de las naciones y los derechos del hombre y de los pueblos, han quedado como letra muerta.

Páginas de un expediente sangriento

En 1954 Guatemala fue invadida por tropas mercenarias organizadas por la CIA, que derrocaron al gobierno de Jacobo Arbenz. La OEA se había prestado antes para aprobar una resolución que introducía la variante de intervención colectiva regional, en expresa violación de su propia Carta y la de la ONU. Ante el hecho consumado, el organismo se limitó a “dejar hacer” a EE.UU. y dilató el examen de la situación, ignorando los intereses del país agredido.

La actuación respecto a Cuba a partir del triunfo de la Revolución, el apoyo a la invasión de Playa Girón en 1961, las acciones que desplegó en el orden político-diplomático para aislarnos, que concluyeron con la expulsión de nuestro país en enero de 1962 y la ruptura de relaciones diplomáticas de los países de la región con la Mayor de las Antillas, significaron un nivel de ensañamiento tal, que puso más en entredicho a la organización.

En abril de 1965 desembarcaron los marines yankis en Santo Domingo para impedir la inminente victoria del movimiento popular constitucionalista sobre las fuerzas de la reacción militarista. La OEA envió a la capital dominicana a su Secretario General, el uruguayo José A. Mora, con el aparente propósito de obtener una tregua entre los beligerantes, mientras el Órgano de Consulta dilataba una decisión para facilitar que las fuerzas militares yankis tomaran el control de la situación. Luego de múltiples gestiones, Estados Unidos logró por el estrecho margen de un voto la aprobación de una resolución que dispuso la creación de una Fuerza Interamericana de Paz, produciéndose, por primera vez bajo el sello de la OEA, una intervención colectiva en un país del área.

La OEA, que tenía entre sus postulados básicos el principio de no intervención de ningún Estado en los asuntos internos de otros, continuaba en crisis de credibilidad.

Marzo de 1982 trajo la intervención británica que dio inicio a la Guerra de las Malvinas y a la primera agresión de una potencia extra continental a un país del Sistema Interamericano, lo que, según el TIAR, debía convocar la solidaridad continental con el agredido. ¿Y… ? los Estados Unidos apoyaron política y militarmente a Gran Bretaña e impusieron sanciones económicas contra Argentina. ¿Y la OEA qué? demoró su reacción, adoptó una tibia resolución llamando al cese del conflicto y solo un mes más tarde condenó el ataque armado e instó a los EE.UU. a que levantara de inmediato las medidas aplicadas a Argentina”.

Y más, en octubre de 1983 un golpe militar derrocó al primer ministro granadino, Maurice Bishop, quien murió asesinado a manos de los golpistas. A Granada también EE.UU. envió una fuerza invasora de 1900 infantes de marina que tomaron el control de la isla. El principio de no intervención volvía a carecer de validez. En la OEA, la mayoría aprobó esa acción como “medida preventiva”, mientras otros la rechazaron. Finalmente se condenó la invasión por catalogarla como violatoria de la Carta de Bogotá.

La bancarrota del panamericanismo

El fin de la llamada Guerra Fría y la desintegración de la URSS cambiaron la geopolítica mundial y la OEA, exigida por Estados Unidos, intentó reacomodarse con el objetivo de serle más fiel a las oligarquías, por lo que comienza en 1991 a promover los preceptos de la democracia representativa burguesa y del neoliberalismo. Bajo esas banderas nacen las Cumbres de las Américas, a iniciativa de EE.UU., las que otorgaron renovados mandatos a la organización.

En este momento sobresale la creación de la Carta Democrática Interamericana en 1992, que llevó a nivel de tratado la imposición del unipolarismo a la región, es decir la OEA no cambió su cara, tanto que frente al golpe militar en Haití, que depuso al presidente Jean Bertrand Aristide, exhibió el mismo grado de incapacidad y putrefacción. Delegó el tema en el Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó una fuerza militar multinacional ¿liderada por quién? por EE.UU.

Ya en pleno siglo XXI, a nadie le quedan dudas de la irrelevancia, obsolescencia y descrédito de una organización que ha sido cómplice de los principales crímenes de Estado ocurridos en América Latina y el Caribe en la segunda mitad del siglo XX. A pesar de que en ocasiones Estados Unidos la relegó, nunca la descartó. La necesita viva para influir y dividir a la región y frenar la consagración de su único, inevitable y verdadero destino histórico: la integración martiana y bolivariana de sus pueblos.

Parte II

La OEA contra Cuba. Complicidad y legitimación interamericana de las agresiones de Estados Unidos contra el pueblo cubano. El combate de Raúl Roa por la dignidad

El 18 de marzo de 1959, a solo dos meses y medio de la victoria popular del Primero de Enero, el nuevo Embajador de Cuba ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Raúl Roa García, exponía la posición que iba a definir en lo adelante la relación entre la triunfante Revolución y el organismo hemisférico: […] En largos años no se había erguido y escuchado la voz genuina de Cuba en el Consejo de la OEA. […] No resulta ocioso recordarlo por lo que tiene de novedad histórica y de obvio estímulo a los pueblos todavía oprimidos. El derrocamiento de una tiranía mediante la acción armada no es un suceso insólito en nuestra América; sí lo es, en cambio, la que derribó la de Fulgencio Batista en Cuba.

Esta posición cubana partía del conocimiento de su liderazgo revolucionario sobre la ya para entonces breve y triste historia de la OEA, al servicio de Estados Unidos, que desde enero de 1959 había diseñado un plan para utilizar a la organización en contra de la Revolución y de nuestro pueblo. Hasta ese momento, ningún mecanismo multilateral o regional había infringido o tratado de infringir más daño a un país que el de la OEA a Cuba.

La denominada “cuestión cubana” ocupó un lugar prioritario en la agenda de la OEA y, de conformidad con los intereses de Estados Unidos, comenzó a sentar las bases para el aislamiento político-diplomático de Cuba y la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), para intentar “legitimar” una agresión militar directa contra Cuba.

En agosto de 1959, los Gobiernos de Brasil, Chile, Estados Unidos y Perú, solicitaron la convocatoria de una Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para abordar la situación en el Caribe. La Revolución había promulgado la Primera Ley de Reforma Agraria, eliminando los grandes latifundios, entre ellos los de la United Fruit, en la que tenían intereses económicos los hermanos Allan Dulles, Secretario de Estado, y Foster Dulles, jefe de la CIA.

La V Reunión de Consulta, en Santiago de Chile, no adoptó ningún documento condenando a nuestro país, pero creó el “marco conceptual” que serviría a los propósitos de la política yanki contra nuestra nación; estableció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y la Comisión Interamericana de Paz recibió nuevas facultades, lo cual formaba parte de la estrategia de creación o perfeccionamiento de herramientas que serían claves en la aplicación de directrices yankis contra Cuba en el seno de la OEA.

Las reuniones se sucedían unas tras otras y Roa, prevenido de los objetivos de esas citas sobre el Caribe, declaró, primero en Washington: El Gobierno de Cuba está convencido que todas esas acusaciones lo que pretenden es crearle a Cuba un ambiente internacional hostil, y organizar en Cuba una conjura internacional de tipo intervencionista, a los efectos de interferir, obstaculizar o malograr el desarrollo de la Revolución cubana. Remataba luego en San José sus palabras con una acusación reveladora: Si de hacer justicia se trata, debería sancionarse, conjuntamente, a Trujillo y al gobierno de Estados Unidos.

Conjura y vindicación en San José

Del 22 al 29 de agosto de 1960 se realizó en San José, Costa Rica, la VII Reunión de Consulta. Entre los puntos de su agenda aparecía el fortalecimiento de la solidaridad continental y del sistema interamericano, especialmente ante las amenazas de intervención extracontinental, y la consideración de las tensiones internacionales existentes en la región del Caribe, para asegurar la armonía, la unidad y la paz de América, entre otros.

La cita adoptó una Declaración que en sus párrafos operativos 4 y 5 señalaba que …el Sistema Interamericano es incompatible con toda forma de totalitarismo y que la democracia solo logrará la plenitud de sus objetivos en el continente cuando todas las repúblicas americanas ajusten su conducta a los principios enunciados en la Declaración de Santiago de Chile y todos los Estados miembros de la Organización regional tienen la obligación de someterse a la disciplina del sistema interamericano, voluntaria y libremente convenida y que la más firme garantía de su independencia política proviene de la obediencia a las disposiciones de la Carta de la Organización de Estados Americanos.

En San José quedaron establecidas las condiciones necesarias, conforme a los términos yankis, para imponer la exclusión del gobierno cubano. En protesta, al anunciar la decisión de retirarse de aquel vergonzoso conciliábulo, el Canciller Roa sentenció con una memorable y contundente frase la ruptura definitiva con la OEA: […] Los gobiernos latinoamericanos han dejado a Cuba sola. Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de nuestra América.

En respuesta a los resultados de la Reunión de San José, más de un millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución en histórica Asamblea General del Pueblo de Cuba, adoptaron la I Declaración de La Habana, mediante la cual se rechazaron las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos contra Cuba, su política de aislamiento y el servilismo de la OEA ante esas patrañas.

La expulsión y el intento de aislamiento

En diciembre de 1961 el Consejo Permanente de la OEA decide, a solicitud de Colombia, convocar la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para enero de 1962 (del 22 al 31), en Punta del Este, donde se adoptaron nueve resoluciones, cuatro de ellas contra Cuba, pero la IV era la “joya” de la OEA, titulada Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano, que era la máxima aspiración yanki para deslegitimar en lo político y diplomático a nuestra Revolución. La resolución fue aprobada con 14 votos afirmativos (Estados Unidos tuvo que comprar el voto de Haití para obtener la mayoría mínima), uno en contra —Cuba— y seis abstenciones: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México. Las dos últimas naciones expresaron que la expulsión de un estado miembro no procedía, pues no existía una reforma previa de la Carta de la organización.

El entonces presidente, Osvaldo Dorticós, levantó la bandera que había alzado antes, en aquel mismo escenario, el Canciller de la dignidad Raúl Roa: […] Si lo que se pretende es que Cuba se someta a las determinaciones de un país poderoso, si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz que animan su revolución socialista y entregue su soberanía, si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a países que le han demostrado una amistad sincera y un respeto cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, sépase de una vez: Cuba no capitulará. […] Vinimos convencidos de que se tomaría una decisión contra Cuba pero eso no afectará el desarrollo de nuestra Revolución. Vinimos para pasar de acusado a acusador, para acusar al culpable aquí, que no es otro que el gobierno imperialista de Estados Unidos. […] la OEA se hace incompatible con la liquidación del latifundio, con la nacionalización de los monopolios imperialistas, con la igualdad social, con el derecho a la educación, con la liquidación del analfabetismo […] y en ese caso Cuba no debe estar en la OEA. […] Podremos no estar en la OEA, pero Cuba Socialista estará en América; podremos no estar en la OEA, pero el gobierno imperialista de los Estados Unidos seguirá contando a 90 millas de sus costas con una Cuba revolucionaria y socialista […].

Derrotado en Girón en 1961, fracasados los planes de la Operación Mangosta que condujeron a la Crisis de Octubre de 1962, con el bloqueo económico, comercial y financiero ya proclamado y con bandas terroristas combatiendo en las montañas del Escambray, a Estados Unidos le quedaba solo internacionalizar su abyecta política, para lo cual se vale de la IX Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en Washington en julio de 1964, mediante una resolución inspirada en el TIAR, que ya había desplazado a la Carta de la OEA, disponiendo que los gobiernos de los Estados Americanos rompieran sus relaciones diplomáticas o consulares con el Gobierno de Cuba. Solo México mantuvo una posición digna y no se plegó a los designios del imperio.

La carta democrática y el fracaso de una mala política

Justo el 11 de septiembre del 2001, cuando se desplomaban las torres gemelas en Nueva York, se promulgó la Carta Democrática Interamericana, la más reciente y solapada maniobra yanki contra Cuba en la OEA, la cual estableció las reglas que estaban obligados a seguir los países para ser miembros del bloque hemisférico. Antes no se podía ser marxista-leninista; ahora había que adoptar como requisito la democracia representativa burguesa y el “Dios Mercado”. En el fondo, se promovía, de forma similar, la exclusión de nuestro país.

Pero la Revolución ingresó al siglo XXI vencedora del más largo y cruento asedio que pueblo alguno ha conocido en la historia de la humanidad. Es un símbolo de que los poderes imperiales no son omnímodos ni eternos. La nobleza y voluntad de nuestro pueblo es reconocida en todo el planeta. La OEA había fracasado rotundamente.

Cuba tiene fluidas relaciones diplomáticas con todas las naciones del hemisferio y fue aclamada en el Grupo de Río, porque ningún pueblo del continente nos excluyó jamás. Nuestro país no se asustó, no claudicó, no cambió un ápice su decisión soberana, no negoció su libertad, su independencia y su libre determinación. No es una posición de ultranza, es un principio, y fue fijado por Raúl Roa en agosto de 1959 al decir: […] La Revolución Cubana no está a la derecha ni a la izquierda de nadie: está al frente de todos, con posición propia e inconfundible. No es tercera, ni cuarta, ni quinta posición. Es nuestra propia posición.

Parte III

El fin del Ministerio de Colonias de Estados Unidos. La OEA debe ser desmantelada como la única opción liberadora de hoy

El 2 de septiembre de 1960, tras consagrarse la conjura de la OEA contra Cuba, en San José, el Comandante en Jefe convocó al pueblo de Cuba en Magna Asamblea General, celebrada en la Plaza de la Revolución José Martí y dio lectura a la histórica proclama conocida como Primera Declaración de La Habana, en cuyo octavo y último párrafo dispositivo, definía:

[…] La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba reafirma su fe en que la América Latina marchará pronto, unida y vencedora, libre de las ataduras que convierten sus economías en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano y que le impiden hacer oír su verdadera voz en las reuniones donde cancilleres domesticados, hacen de coro infamante al amo despótico. Ratifica, por ello, su decisión de trabajar por ese común destino latinoamericano que permitirá a nuestros países edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos. En la lucha por esa América Latina liberada, frente a las voces obedientes de quienes usurpan su representación oficial, surge ahora, con potencia invencible, la voz genuina de los pueblos, voz que se abre paso desde las entrañas de sus minas de carbón y de estaño, desde sus fábricas y centrales azucareros, desde sus tierras enfeudadas, donde rotos, cholos, gauchos, jíbaros, herederos de Zapata y de Sandino, empuñan las armas de su libertad, voz que resuena en sus poetas y en sus novelistas, en sus estudiantes, en sus mujeres y en sus niños, en sus ancianos desvelados. A esa voz hermana, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba le responde: ¡Presente! Cuba no fallará. Aquí está hoy Cuba para ratificar, ante América Latina y ante el mundo, como un compromiso histórico, su dilema irrenunciable: Patria o Muerte.

En medio de los aplausos y la aprobación de más de un millón de brazos, Fidel expresó: […] Ahora falta algo. Y con la Declaración de San José, ¿qué hacemos? El pueblo coreó: ¡La rompemos!, ¡La rompemos! Tomó en sus manos aquella bochornosa Declaración y la rompió ante la multitud. Quedaban claras las cosas entre Cuba y la OEA. Las palabras finales de la Declaración de la Habana eran la premonición de lo que iba a ocurrir casi medio siglo después, al asistir la Revolución cubana a los últimos estertores de la organización que se prestó para la sucia tarea de sepulturero imperial.

Terapia contra el desprestigio

Desprestigiada y devaluada, en pleno ocaso del imperio, encontró su salvación en una iniciativa del presidente William Clinton, quien en 1994 propuso las reuniones cumbres con todos los jefes de Estado y Gobierno del hemisferio, cuya organización, conducción y seguimiento confió a la Organización de Estados Americanos, con el fin de rescatarla de la inopia en que había caído.

Tras la IV Cumbre de las Américas (Mar del Plata-2004), donde quedó enterrada el Área de Libre Comercio para las Américas, la OEA recibía otra bofetada que iría a engrosar su nefasto legado. Luego, su silencio frente a la incursión colombiana en Ecuador del 1ro. de marzo del 2008, también la sacudió y como otras tantas veces, el gobierno yanki amparó el hecho, mientras el Grupo de Río respondió por la depauperada y vieja dama, dejándola para siempre sin voz.

Durante la V Cumbre, en Puerto España, Trinidad y Tobago, en abril pasado, la OEA tampoco supo estar a la altura de las circunstancias en los hechos que condujeron a la masacre de campesinos en Pando, Bolivia, en septiembre del 2008. Fue la joven UNASUR la nueva voz vigorosa que vindicó los derechos de los ignorados de siempre. Una vez más calló aquella que el agudo Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, calificara como “Ministerio de Colonias” de Estados Unidos.

Ante una realidad que ya le es ajena, la OEA se vio de frente a la sólida posición de los países de la región por la injusta exclusión de Cuba de la cita trinitaria. Ni ella ni su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, pudieron evitar que el cuestionamiento a la política norteamericana hacia la isla fuera el gran protagonista. Insulza, había alertado Fidel, no tenía conciencia de que […] El tren ha pasado hace rato, y él no se ha enterado todavía¼

Lo ocurrido allí demostró a los estadounidenses (acostumbrados a no aprender de los fracasos) que América Latina y el Caribe vive una realidad bien distinta a la de 1960 y 1962 en la que la región fungía como dócil escenario. La OEA y su portavoz, Insulza, no lo comprendieron, y repitieron la vieja práctica de hablar en nombre del amo: “EE.UU. tiene la voluntad de hablar con ellos (Venezuela y Bolivia). Pero debe ser un diálogo sin condiciones. Muchos de los problemas surgieron porque se elevaron condiciones. Y eso es cierto tanto en el caso de Cuba como con los otros”. Así volvía sus pasos sobre lo que ha sido el corazón de la conflictiva relación entre Estados Unidos y la región, Cuba incluida: un diálogo con condiciones impuestas desde Washington.

La OEA impuso la doble moral, la corrupción política y administrativa, hizo ingobernables las democracias, las convirtió en dictaduras y cuando no les sirvieron más, las reconvirtió en democracias más menguadas y lacayunas aún, pues en la nueva era neoliberal, con los capitales oligárquicos transnacionalizados, estas eran parte de un entramado de poder mucho más sofisticado, cuyos hilos no radicaban necesariamente en las Casas de Gobierno o en los Parlamentos, sino en las corporaciones del continente.

Sangre por todos sus poros

Washington y la OEA fueron coherentes con su tenebroso pasado cuando percibieron las primeras amenazas.

La organización que había favorecido el golpe de Estado de 1952 en Cuba, la que fue tan vaga frente a la acción militar contra el gobierno constitucional de Jacobo Árbenz en Guatemala; la que respaldó al sátrapa Anastasio Somoza y en 1961 no condenó la invasión mercenaria a Cuba, mientras eludía toda crítica al golpe de Estado contra el presidente electo de Ecuador Velazco Ibarra, seguía siendo exactamente la misma que auspiciaba con su indulgencia la invasión militar a República Dominicana en 1965 y el envío de boinas verdes y armas a Guatemala en 1966, y a Bolivia en 1967, en tanto aplaudía las graduaciones de cientos de torturadores y represores en la Escuela de las Américas del Canal de Panamá.

Contempló los golpes de Estado patrocinados por el gobierno de Estados Unidos en Uruguay, Argentina y Chile. Calló ante la muerte de Salvador Allende, ante el asesinato y desaparición forzosa de decenas de miles de sudamericanos durante la tenebrosa Operación Cóndor. No promovió la paz en Centroamérica durante los años ochenta, en un conflicto que cobró cerca de cien mil vidas humanas. No respaldó las investigaciones para esclarecer la sospechosa muerte del general Torrijos en Panamá, ni sus embajadores dejaron de tomar café cuando las ingloriosas invasiones a Granada, en 1983, y a la propia Panamá, en 1989.

Brindó respaldo a Pedro “El Breve”, durante las difíciles jornadas que vivió Venezuela en abril del 2002, tras la intentona golpista, vencida por la ejemplar respuesta del pueblo que rescató a su Presidente. Esa actitud evidenció hasta dónde era capaz de llegar su hipocresía y alineación con el poder imperial, al no aceptar el carácter genuino del proceso bolivariano venezolano, que le había dado una lección justo allí donde más le dolía, sometiéndose como ningún otro gobierno al escrutinio de sus electores y salir victorioso.

Al empeñarse la OEA en cuestionar la legitimidad democrática de las elecciones en aras de favorecer la política estadounidense de derrocar la revolución bolivariana, puso al desnudo toda la inmoralidad de la famosa Carta Democrática.

Solo faltaba a este podrido historial el caso particular de Bolivia, con abundantes y claras evidencias del comprometimiento de EE.UU. en una guerra sucia para derrocar a Evo Morales, el primer presidente indígena de América. A la OEA y al señor Insulza les sobró ¿pudor? para evitar llamar las cosas por su nombre (golpe de Estado, por ejemplo) y prefirieron indicar con lenguaje arlequinesco que […] en Bolivia se ha llegado a un punto en que o se acuerda un inmediato cese de las hostilidades y se pasa a la negociación, o la situación se pondrá muy difícil […]. En su complicidad por omisión, la OEA ignoró las suficientes evidencias de que la DEA y la CIA estaban detrás de los planes de magnicidio en Bolivia.

Enterrar el pestilente cadáver

Hay demasiado comprometimiento con la muerte, el genocidio y la mentira para que la OEA sobreviva a estos tiempos. Es un cadáver político. Sin embargo, no faltan quienes en un afán de resucitar al muerto, buscan enmendarlo por la vía de “perdonarle la vida a Cuba”. La realidad es que sin la OEA, los Estados Unidos perderían uno de sus principales instrumentos político-jurídicos de control hegemónico sobre el hemisferio occidental.

Desmantelarla y fundar una nueva organización de países latinoamericanos y caribeños, sin EE.UU., sería la única manera para que América Latina y el Caribe puedan determinar su destino sin poner en peligro su identidad y avance realmente hacia una gran patria unida, que Martí y Bolívar indicaron como meta histórica.

En cuanto a Cuba, no necesita de la OEA. No la quiere ni reformada. Nunca retornaremos a ese vetusto caserón de Washington, testigo de tantas vergüenzas compradas y tantas humillaciones. Raúl lo expresó con palabras de Martí: Antes de ingresar a la OEA, primero se unirá el Mar del Norte con el Mar del Sur y nacerá una serpiente de un huevo de águila.