Por: Stella Calloni

Fecha de publicación: 06/07/09

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El golpe militar en Honduras del pasado 28 de junio, contra el gobierno del presidente Manuel Zelaya, surgido del Partido Liberal quien tomó caminos independientes, rechazando imposiciones como el Tratado de libre Comercio (TLC), uniéndose al proyecto latinoamericano de integración (ALBA) y creando alianzas con organizaciones populares, será desde hoy y para siempre uno de los mayores ensayos del terrorismo mediático, entre otros modelos. Pero también lleva muchos mensajes detrás.

La Organización de Estados Americanos (OEA) actuó tardíamente. El 26 de junio debía haber estado en Honduras, como lo reclamó el presidente Zelaya. Si bien tomó una posición ante la fuerte presencia de América Latina, que incluso llevó al Secretario General, José Miguel Insulza a entregar en manos propias el ultimátum a los golpistas, algunos sectores plantean dudas sobre la lentitud de esos movimientos.

Analizando el golpe en sí, que no se diferencia de todo lo actuado a lo largo del Siglo XX y lo que va del XXI por Estados Unidos en América Latina, este lleva otras cargas agregadas.

Abiertamente la televisora CNN, hizo todo lo posible por legalizarlo. Burdo y evidente ha sido el intento.

Durante el primer día del golpe, que comenzó con el secuestro extremadamente violento del presidente y el traslado ilegal a Costa Rica bajo monitoreo de las bases militares estadunidenses en Honduras, CNN intentó durante todo el día a través de una serie de entrevistas que se inculpara al presidente Zelaya.

La pregunta en términos generales era “¿Ud. No cree que el presidente Zelaya es responsable por haber intentado esta consulta que muchos rechazaban?”. Las respuestas mayoritariamente fueron contra el golpe, ante lo cuál, la primera acción resultó derrotada. Por no así la continuidad de la propaganda por otros medios.

La supuesta “objetividad” con que se reciben y leen mensajes, la mayoría de los cuáles siempre favorecen las posiciones del discurso hegemónico de la empresa, es falsa. Por una parte se descartan mensajes contrarios y no se informa sobre la realidad de que la mayoría del pueblo hondureño no tiene acceso a Internet y que otros miles están huyendo o en la clandestinidad ante la represión golpista.

Se contradice CNN. Zelaya había propuesto una consulta al pueblo el 28 de junio para saber si se apoyaba instalar otra urna en las elecciones de noviembre próximo para aprobar o no la instalación de una Asamblea Constituyente.

Si los golpistas pensaban -como argumentó CNN el 4 de julio pasado- que Zelaya tenía sólo el 30 por ciento de los votos. ¿Porqué no dejaron que se votara ese 28 de junio si iba a perder?.

¿Era necesario el golpe brutal para impedir la consulta cuando las urnas -según CNN- desfavorecían al mandatario y cuando incluso quedaba un nuevo escenario donde discutir democráticamente estas cuestiones como son las elecciones de noviembre próximo?.

Si el mandatario sólo tenía un respaldo mínimo, ¿por qué no esperar unas horas a su presunta derrota en la consulta y no presentarse a la madrugada en su casa secuestrarlo e imponer un golpe que siempre conlleva terrorismo de Estado?.

En este intento de razonamientos simples debemos citar otro ocultamiento. La historia regional no aparece como contexto, ni la ocupación colonial de esa región por Estados Unidos a lo largo del siglo XX, de lo que el nombre terrible de “repúblicas bananeras” para las naciones centroamericanas, cuyos pueblos han dado muestra de una larga resistencia.

La suma de víctimas en esas resistencias contra las dictaduras impuestas por Washington a lo largo de la mayor parte del siglo XX, alcanza a casi 400 mil muertes, si consideramos que en Guatemala solamente se registraron 90 mil desapariciones forzadas y más de cien mil muertos. Sumado a esto los muertos y desaparecidos bajo las dictaduras de la familia Somoza en Nicaragua y los militares en El Salvador, y luego en la guerra encubierta de Estados Unidos contra el pueblo nicaragüense no hay ninguna exageración en esa cifra.

Si el golpe en Honduras no se evalúa en los términos de esa realidad, es imposible entender el peligro que la actual asonada significa para América Latina y el porqué la única respuesta a esto es la restitución del mandatario.

Presidentes elegidos por la voluntad popular fueron derribados por invasiones e intervenciones a lo largo de la historia, tanto en los años 50, como 60, 70, 80. A dines de los años 90 y especialmente en el siglo XXI, el surgimiento de nuevos gobernantes, que se escapan del encuadramiento de la vieja Guerra Fría, provocó otros intentos golpistas fracasados como el de Venezuela en abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez o los intentos aparentemente “cívicos” con fuerzas paramilitares detrás, como lo actuado contra el presidente Evo Morales en Bolivia en septiembre del 2008.

Los golpes duros o “suaves” se multiplican en la tarea demoledora de desestabilizar gobiernos contando con el apoyo la National Encowment Foundation (NED) y la USAID (Agencia Internacional para el desarrollo (USAID), es decir la CIA estadounidense, responsable también de la guerra contra Nicaragua y la invasión a Panamá en 1989, entre otras actuaciones “memorables” en la región.

En 1983 el investigador y periodista argentino, Gregorio Selser escribió el libro “Honduras, República alquilada” publicado en México ese año, donde denunciaba la complicidad de las dirigencias políticas de ese país con la larga ocupación de las transnacionales fruteras y otras y la intervención militar de Estados Unidos.

Marcando su respeto cpor el pueblo hondureño, sometido a la infamia de dictaduras y poderes congresionales que lo traicionaban siempre, Selser demostró documentadamente que Honduras fue un país utilizado por Washington como plataforma de agresión regional desde los tiempos en que las compañías fruteras imponían a los gobernantes de turno.

Por esta razón es imposible hablar de lo que está sucediendo en ese paíss sin mencionar la presencia de bases militares de Estados Unidos y el ocultamiento de ese factor es parte del golpe.

No es un “olvido” común que no se registre en los antecedentes todo lo que sucedió en esa región, donde la multimillonaria ayuda militar de Estados Undios sostuvo los criminales dictadores centroamericanos.

Está documentado que desde esas bases en territorio hondureño partió en 1954 la invasión contra el presidente legítimo de Guatemala Jacobo Arbenz y lo actuado en los años contra El Salvador, y Nicaragua.

En esos años también ya se había sido instalado uno de los más poderosos sistemas de radar en las bases militares de Honduras. Una de las más antiguas es Palmerola donde Estados Unidos tiene ubicada la estratégica pista de aterrizaje de más de dos mil 600 metros de largo, para ingresar equipos de ataques e instalar la tropa que necesite.

No es el único sitio militar en Honduras para ubicar tropa en acciones de “depliegue rápido” contra cualquier país de la región.

Con la alta tecnología de estos últimos años, Estados Unidos puede vigilar un extenso territorio, incluyendo el Caribe, desde sus bases en Honduras.

En los fatídicos años 80 en una sesión secreta 44 diputados del Partido Liberal y 34 del Partido Nacional, a espaldas del pueblo, acordaron la implantación del Centro Regional de Entrenamiento (CREM) para “instruir” a soldados salvadoreños, que asesinaban y desaparecían aldeas enteras en su país y a otros militares cuyas naciones estaban bajo dictaduras.

En los últimos años muy cerca de la frontera con Nicaragua tropas norteamericanas entrenaron mercenarios para ir a Irak.

El pueblo hondureño quedó aprisionado en las telarañas de los armados contrainsurgentes de la Guerra Fría, con instalaciones militares estadounidenses que sirvieron y sirven como rampas para atacar a otras naciones.

La actual Corte Suprema de Honduras fue una implantación del antiguo “virrey” de ese país John Dimitri Negroponte, quien nunca dejó de mantener sus subordinados militares, empresariales y políticos, desde que fue embajador de Estados Unidos en los años 80, y actuó como un gobierno en las sombras.

Esto también surge de su paso como subsecretario de Estado del gobierno de George W, Bush por Honduras hace un año atrás donde después de sus reuniones con el actual presidente de facto Roberto Micheletti y con la Corte Suprema se incrementaron los preparativos golpistas a través de la embajada estadounidense en Tegucigalpa que estuvo todo el tiempo actuando con la oposición golpista. Y hay que destacar ahora la participación de la inteligencia israelí como un socio duro, que acompaña acciones similares en otros países de la región.

Para las organizaciones sociales hondureñas y para la mayoría de países del mundo la única respuesta posible es la restitución presidencial, lo que por supuesto ha engendrado contradicciones internas en Estados Unidos.

Pero hay otro punto esencial: en este golpe en Honduras, apoyado por la alta jerarquía de la Iglesia Católica, donde se mata, persigue y reprime a miles de personas, entre ellos a periodistas, clausurando radios, y produciendo inocultables acciones de terrorismo de Estado, se están probando nuevos métodos.

De hecho la brutalidad con que actuaron estaba destinada a desafiar a toda América Latina. El desprecio de los golpistas por las instituciones internacionales como la OEA o la ONU indica que asumen el desconocimiento que en tiempos del ex presidente Bush se tenía de las mismas.

Uno de los efectos duros del paso de Bush fue la desacreditación y debilitamiento de las instituciones internacionales cuando invadió Irak, con la imposición al mundo de gravísimas violaciones a los derechos Humanos, cuyos símbolos temibles fueron y son Guantánamo y las cárceles secretas en todo el mundo.

Hay algo más en este golpe de lo que poco se da cuenta. No es sólo la repetición de viejos moldes golpistas, tan antiguos que parecen increíbles en pleno siglo XXI, con la activa participación del poder oligárquico, sino que hay ingredientes fuertemente provocativos, como si hubiera sido pensado para poner al presidente de Estados Unidos Barack Obama, frente a un hecho consumado. Esto hace difícil volverse atrás, sin activar lo que ya se está planteando al interior de ese país: algunas demandas de los halcones, recordando su actuación en contra del ex presidente James Carter, en tiempos en que este tuvo roces con las dictaduras de la región y aludiendo a “debilidades” del nuevo gobernante. Es un conocido juego mafioso.

En este caso se da la aparición de algunas figuras, voceros de esos halcones. Uno de ellos es el propio ex subsecretario Roger Noriega, quien participa activamente de la Fundación UnoAmérica, el nuevo Frankestein de la NED y la USAID.

Esta “fundación” creada en Colombia como tal a fines de 2008, pero cuyos “militantes” ya estaban actuando en diversos países, ha reclutado a los militares de las viejas dictaduras, a las derechas más extremas y el neozazsimo y se compromete a actuar supranacionalmente como antes los dictadores coordinadamente en la contrainsurgente Operación Cóndor.

Esto evidencia que hay mucho más detrás de este golpe. El ensayo es superador y el esquema empresarial de los golpistas hondureños, que se dicen “dispuestos a resistir”, funciona porque hay mucho dinero de sostén detrás de los mismos.

Como lo hubo para mantener el fracasado paro patronal golpista en Venezuela, y a los patrones del transporte en Chile tantos años atrás y a los de Bolivia. Este golpe tiene mensajes hacia muchas direcciones y por eso mismo América Latina debe ser una muralla. Cualquier puerta entreabierta, cuando se desconocen y desafían todas las reglas internacionales, será vista como una “debilidad” por los halcones que nunca se fueron.

El golpe en Honduras, un país ocupado militarmente, es una prueba dura, pero también el mensaje de la renovada América Latina es fuerte, preciso y el mundo dio su veredicto.

Para Europa también es el mensaje como en los tiempos de la doctrina Monroe(1823). Les están diciendo que América es para los americanos (norteamericanos) a días de firmarse un tratado entre el viejo continente y esa subregión.