Gerardo Martínez

En el mundo que vivimos y arropamos mentalmente, los Medios de Comunicación Social, nacieron amparados en los preceptos democráticos de la libertad y la expresión del hombre, como base para vivir en un entorno común, donde todos poseemos privilegios y accesos a los bienes y servicios que el estado, que los estados, que las naciones  nos pueda proveer.

Entendido así, se establece una dialéctica entre la libertad del medio en cuestión y la libertad con la cual el mensaje se maneje dentro y fuera del medio, por donde transcurre al público. Esta dinámica se establece hasta llegar a extremos repetitivos y viciados del poder del mensaje emitido sobre el medio mismo. Se crea entonces una cadena interminable de situaciones donde el mensaje cubre el medio emisor con su “explayada” y libertina libertad. En palabras de científico social austríaco Paul Feyerabend, el progreso desmedido é incontrolado de  las libertades sociales crea un anarquismo contra la cual la misma sociedad debe buscar mecanismos de canalización que eviten el desborde de los medios de comunicación hacia situaciones incontrolables.

Ejemplificando esta situación con  Venezuela, vemos como después del fracaso de un sector político, al cual llamaremos “oposición”, los Medios de Comunicación Social, comprometidos hasta la saciedad con un sistema de libertades económicas, mal llevado por manejos de corrupción y burocratismo, toman el papel de partidos políticos y llenan con documentos que falsean la realidad, la misma política que atrás dejaron grupúsculos de poder cada día más empañados en aventuras políticas desestabilizadoras.

Es necesario pues hacer una afrenta a toda esta política de mercado maniqueísta, que viene pautado por grupos económicos y “culturales” enmarcados en las desvencijadas políticas neoliberales. Para ilustrar este detalle, debemos comentar que el 90 % de la información mundial proviene sólo de 4 industrias de la noticia. Ellas son: Associated Press, United Press Internacional, Reuters y Agence France-Press. Mientras que la noticia televisual deviene, en un 85 % de la CNN, CNBC y la BBC.

De acuerdo con los últimos estudios internacionales de mercado, la música grabada en el mundo sale en casi un 100 % de los estudios de la Sony, Poly Gram, EMI, Time Warner y Bertelsman Corporation. Y no decir del cine, cuya distribución esta “vendida” a la Disney, Viacom, Universal, Sony, MGM y News Corporation, dejando a un lado, y en una jauría sin piedad, a todo el cine arte que se filma ó graba en el mundo y por el cual nuestras salas nunca estrenaran una cara, una mirada, un movimiento, que provenga del África, del Asía, del Medio Oriente y de nuestro mismo continente.

Derivado de esta globalización incomible y asfixiante, el intelectual malayo Chandra Muzaffar, expone en su libro “Human Wrongs” que la única forma de salir de la noción liberal occidental del capitalismo, es crear una ideología práctica y constante basada en nuestras opciones y nociones particulares de nuestras culturas. Compartiendo este postulado se encontró también el humanista Anwar Ibrahim, venido del mismo país oriental que el exponente anterior, quien propuso en 1996, en su libro “El Renacimiento de Asia”, que la única salida que tenemos para combatir la globalización es crear, dentro de los países o instituciones oponentes a la misma, la figura de “Conveniencia Global”, donde cada quien aporte, desde sus posibilidades, un cambio para crear y hacer un mundo mejor adecuado a las sabidurías autóctonas de cada región.

Concluimos entonces que el estado debe poseer no sólo canales de difusión noticiosa ó ideológica, o una radio o TV de servicio público, también debe existir una serie de medios dedicados a la difusión de los valores de cada región. Lo ideal mediático estaría inscrito en una programación que vaya desde el acervo cultura-historia, cultura-sociedad, educación para todos, reafirmada y de fácil digerir y soportada por toda una plataforma de post-producción creativa que eduque a través del precepto universal del entretenimiento. Crear las historias patrias mundiales y universales en forma de comics para niños y, cómo no, también para adultos. La historia del mundo con sus pormenores y sus aportes. La historia de la música y de los cantos y melodías populares. El acontecer informativo explicado por sus protagonistas y no “mediatizado” por un grupo ó una institución, quien la desvirtúa de por medio. El cine, ese arte del movimiento y de la palabra dibujada y graficada. Mostrarlo todo, con recuentos, con los grandes directores y hacedores, pero también con aquellos artistas de la luz que necesitan la divulgación necesaria para ser conocidos y reconocidos.

Ahora hablemos de la radio. Imaginemos un mundo invadido por excelentes sonidos que nos van narrando la aventura de ser y de vivir. Estaría dicho todo, el día a día en voces. La opinión concreta, con el pueblo haciéndose ecos entre las ondas hertzianas. La radio debe ser impulsada hasta el extremo, porque es el medio inmediato y por que puede llegar a dondequiera sin estar presente el dónde y el cuándo.

Los medios impresos; quienes cada día sirven a grupos poderosos, detentores del poder, deberán estar inscritos en el análisis profundo, en el reportaje detallado. En la narración local. Debe darle cabida a las historias locales, a las narraciones y leyendas, así como también a la formación e información política.

Podríamos pensar que todo ellos es utópico, porque así nos lo ha enseñado la globalización: un mundo adiestrado a un mercado común. Una política dirigida al fin económico, sin la importancia del humano de por medio. Pero no, no es utopía un mundo donde cada quien navegue dentro de unos mares de sabidurías localistas y a su vez dentro de un mar universal que sintonice con la divulgación de otras cosas y de otros mundos que queremos conocer.