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La ciudad blanca se nos convirtió en ring, en cancha de tenis, en cuadrante de béisbol. Las autoridades, que llegan con el “sagrado” voto popular, muy a pesar de la venta de datos en Tepito, “el barrio Bravo”, procedentes del Instituto Federal Electoral, siempre llenan de promesas la gran bolsa de la avaricia que luego irán rompiendo y desgranando a su manera y forma, para que el saco expulse todo lo que lleva adentro, sin que la diosa artemisa-Justicia lo vea o lo escuche.

La contienda entre los candidatos más fuertes al palacio Municipal de la ciudad de Mérida, se centró en la reformulación y reconstrucción, asimismo reconsideración, este punto de primero en sus listas, del Centro Histórico de la ciudad. Las Señoras Beatriz Zavala del Partido de Acción Nacional (PAN) y Angélica Araujo, del PRI, se convirtieron en dos personajes de la publicidad de supermercados:”mamas lucha” que riñeron por el apogeo de un casi desértico centro de la ciudad.

A principios de los 80, el centro histórico de esta ciudad comenzaba a ser considerado un pueblo muerto, un poblado fantasmagórico y que ya se acomodaba entre los cuerpos de leyenda como un vecindario en el cual muy poca gente quería invertir. Luego se fue amoldando al turismo noventero aupado por las guías europeas del viaje que llevaba implícito las 3 “B”: bueno, bonito y barato. De ahí hasta ahora los exploradores mochileros recorren la ciudad en busca de ciudades mayas, playas y cenotes y dado el auge y las subsecuentes recomendaciones, también otros se fueron acercando a explorar la Mérida, puerta de un mundo de ancestros mayas y gigantescas haciendas henequenales.

Es ahí donde comienzan las sui generis inversiones extranjeras y también una confrontación con un mundo de informaciones que llegaban de ultramar, así como de profesionales y artistas venidos de un Distrito Federal que había sufrido los embates de una súper inflación y de un pavoroso terremoto. Los encuentros culturales y las confrontaciones de las mismas comienzan a dar formas y frutos que llevaron a Mérida a ser un lugar, cuna y Meca, de muchos movimientos de performances, arquitectónicos, visuales y experimentales en los aspectos artísticos. Nacen colectivos de arte y se comienzan a gestar congresos, incluidos los Médicos, que llegaron a traspasar las fronteras del sureste mexicano para indicar una ciudad donde se celebraba el conocimiento y por ende su evolución y crecimiento. Mérida y su centro fungieron como un gran caldo de cultivo para grupos culturales libres y de pensamiento vislumbrado y de avance. Se efectuaron festivales performanceros. Nacieron movimientos de revistas y agrupaciones literarias con sus consecuentes talleres. Todo ello llevo a Mérida en los 90s y principios del nuevo milenio a ser señalada como una ciudad clave y propicia para el desarrollo de las artes. Los años noventa fueron tan marcados en este aspecto que la popularidad de la ciudad, en estos puntos, sobresalió en Europa. Mucha gente quería conocerla y luego de hacerlo, comenzaron a dejarse seducir por la posibilidad de una inversión en casas que era accesible y posible. Comienzan a venderse casas y con ello a nacer una industria de la remodelación. Así pues aquel cosmos abandonado fue tomado por algunos seres quienes inteligentemente, no hay que desmerecerlo, lo comenzaron a vender a “norteamericanos” quienes compraban por centavos casas que jamás hubiesen podido tener en su país de origen. Nació la industria de la venta de casas y la de los albañiles que las reconstruían, dando a comer a pueblos enteros del interior de la ciudad que vienen en las mañanas y se van en las tardes luego del rehacer diario del centro. Nacieron los despachos de arquitectos, las ventas de muebles, los decoradores y sus pertinentes cacicazgos. El aumento del sistema de cobro predial. Los engaños a personas que no conocen la ley mexicana de construcción y compra de bienes y de servicios, la usura y el robo, la prostitución que ve en el extranjero una forma de vivir. Las redes de algunos pederastas disfrazados de libres y buenos ciudadanos extranjeros. Las asociaciones civiles de extranjeros, con mexicanos al frente, patrocinando su interés personal. Así todo ello creció porque el centro se convirtió en dominio de muchos, en terreno de nadie, en calles sin ley y donde cada uno quiere hacer lo que le brinda su real gana. Un “Macondo” sin ley.

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Un punto merecedor de crónica es el mundo gay y del ambiente nocturno, quienes, también, encontraron en la ciudad un contexto propicio para el desarrollo. En aquel entonces Ana Rosa Payan, ahora ex presidenta municipal y para el momento representante del PAN, liquidó todo vestigio de movimiento gay, quizá… para complacer a grupos ideológicos con miedo a éste sector; es una pregunta que padece la comunidad y los gobernantes parecen eludir. Esta situación trajo como consecuencia que algunos sectores de esta comunidad minimizaran sus inversiones en la zona céntrica. Craso error que aun hoy se paga y del cual desconocemos aun consecuencias.

Mérida que siempre ha sido una ciudad flotante y portable, como un triste maletín de ejecutivo llevada, por algunos sectores sociales, a establecerse donde ellos quieran y se sientan cómodos, por ello creció a espaldas del centro y con miras a un norte hecho a la medida de Miami, con Plazas comerciales encapsuladas al extremo aire acondicionado, canchas de bowling, multi cinemas, en fin la fresa del helado norteamericano que les hace creer en que son acertados. Mientras el centro comenzó a caerse ante la indiferencia de autoridades, cuyo interés palacial ni siquiera les deja tiempo para mirar plazas y jardines.

Ejemplo que ilustra es el de varios inversores serios que han querido hacer del eje meridano un lugar turístico y vivible con decencia y se encuentran, a la hora de sus gestiones, lagunas podridas que paran, entorpecen y atrasan todo proyecto. Conozco, a título personal, de algunos que vinieron con la idea de inversiones en centros culturales, de Jazz y lounges y se tropezaron con los sacrosantos y empantanados servicios del ayuntamiento, del INAH, de la gobernación. Cobros irrespetuosos, mordidas y traspiés solo para desvalijar en el momento, porque hasta para eso son cortos de vistas algunos funcionarios. Algunos inversores, ya cansados de luchar, decidieron irse, bien a probar suerte a otros lugares o bien a sus países de origen. Uno de ellos me escribió que en Brasil se permite el crecimiento en la inversión turística con 3 años de exención por parte de las autoridades de Hacienda. Hecho que debe llamar la atención y fijar pautas para que los inversores pequeños y medianos colmen la plaza central de la ciudad. Por otro lado como invertir en estas áreas de recreación y esparcimiento cuando los permisos de venta de bebidas se atrasan y nunca llegan, haciendo que el inversor pierda absolutamente todo, quebrando al mismo. Se han caído muchas inversiones y eso minimiza no solo la venida de turistas sino que hace insoportable las noches solitarias de lo que podría ser el gran centro histórico de México.

A este cronista, un alto funcionario público, omitido su nombre por razones obvias, me preguntó, durante una cena de transformadores de la cultura, que si consideraba que la UNESCO podría darle un reconocimiento a Mérida. Yo parco y directo le señalé que no, con la consecuente mala cara de parte del funcionario. No era ni es posible considerar un análisis a un Centro Histórico que tiembla ante el acecho terrible de cuanto camión o bus pase por enfrente de nuestras narices, se estacione en un eje donde no hay caminarías ni espacios públicos y además lo conviertan en un lugar feo, mal oliente a gasolina y más caluroso debido a los efluvios que emite. Planes hay, muchos para embellecer el centro que lo han ido convirtiendo en un gran estacionamiento, pero eso sí: los propósitos están engavetados, guardados, minados por animalejos que se los comen en archivos húmedos de sótanos abandonados.

Soluciones deben surgir y deben comenzar por regentar con leyes, que existen y son aplicables, a defender a inversionistas y deben establecerse topes de venta y de construcción como es debido sin embargo con la flexibilidad que atraiga más y mejores posibilidades de desarrollo. Se deben fijar metas de corto y mediano plazo para recuperar zonas claves como lo son, por ejemplo, los arcos del Parque de Santa Lucía: una vergüenza a la cual se le ha debido aplicar alguna ley existente a manera de que el dueño o remodele, o venda o ceda al estado para desarrollos culturales. Esta es una plaza muerta solo ventaneada por música de trova y orquestas bailables los domingos. Tristemente desaprovechado.

En conjunto con el INAH considerar y respetar la inversión privada, siguiendo sus pautas y desarrollar mecanismos fáciles de conllevar por el inversor y por la institución. Debería llevarse a efecto un Censo de los extranjeros que viven en la zona para conocer expectativas y motivos. Igualmente obligar, bajo ley, a los propietarios de edificaciones abandonadas a su recuperación y/o venta. Además crear la figura de un Ombudsman para el sector extranjero, quien se ha convertido en una fuente segura de ingresos en la zona y obviamente del movimiento de los mismos. Cuidar este “surtidor” es prioritario a la hora de cuantificar las mejoras que se han hecho en el sector sin necesidad de una gasto extremo de parte de las entidades estatales.

Replantearse plazas y lugares públicos como centro de difusión pública. Asimismo calles icónicas pueden ser convertidas en bulevares donde se invite a pequeños, medianos y grandes inversores a volcar propuestas y acciones.

Utopía: tal vez, sin embargo lo que se necesita es menos burocracia, gastos de imagen, menos jalones de cabello y más, mucha más acción.

Gerardo Martínez