Hola Carlos, ¿a dónde fuiste este verano?

México

Oye, que pasada y qué tal?

Muy bueno, el DF maravilloso, La ciudad de Oaxaca y San Cristóbal 2 primores.

Y visitaste la Riviera Maya?

Si y también Campeche y Mérida…

Me animo,..¿Qué tal Mérida?, me han hablado muy bien de ella.

Lamento decirte que si vas a visitar las ruinas lo hagas desde Cancún, Mérida es muerta y por las noches solo te sirven cafés en los restaurantes porque ninguno tiene licencia de vender Licor.

Exageras, caramba, que cosa…

Si, es una ciudad bella, muy culta pero el aburrimiento es bravo y muchas joyas de la arquitectura se caen a pedazos…

(Conversación de 2 amigos, en las calles de Madrid)

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Hace ya varios meses escribí un polémico artículo sobre el abandono del Centro Histórico de la ciudad de Mérida, que según analistas y medidores de catastros, es el segundo más grande de la República Mexicana y quizá uno de los de América Latina. La crónica levantó nubes de polvo, de odio (a los que no quieren ver) y disputas sobre el abandono en el que éste se encuentra, en casi todos los sentidos y la subsecuente posibilidad, negada de antemano, de lo que esto representa para la inversión, así como para la multiplicación de diferentes formas de negocios ilícitos ante la fragilidad de leyes que existen, que no existen y que muy pocos cumplen.

Diversas fueron las opiniones que se colocaron en forma de respuesta posteadas, como las que me hicieron llegar a mis correos personales, incluidas amenazas anónimas que adolecían de una sustentable factura y que hacen de la condición de periodista y escritor una sostenible suma pagada. ..En creces.

Como informador y vecino del gigante centro es mi deber proseguir escribiendo sobre el tema, ya que entre otras cosas llegaron las lluvias, luego los vientos y con ellas el desastre, las inundaciones, el miedo y la inseguridad, los moscos y las caídas, no estratificadas en estadísticas, de venta de los abandonados caserones. Casas y edificaciones que los dueños mantienen en un perenne engorde para cumplir su sueño dorado: venderla a un extranjero a un precio estúpidamente exorbitante; aunado esto a las inmobiliarias, en mayoría en manos extranjeras inescrupulosas, junto con abogados también mafiosos, que hacen el trueque a favor de ellos y muy poco del dueño, sin la autenticidad que está planteada en leyes y que parece ser letra muerta ante tanta maraña tramposa que establecen las inmobiliarias sin ningún control y que crecen, a la orden del día como hongos en un agujero de hormigas. ¿Quién le pone el cascabel al gato con botas…?. Los Silencios y la complicidad hacen atronadores los hechos que comienzan a asomar cabeza en despachos gubernamentales y políticos.

No obstante la inversión extranjera sigue llegando, ya no tanto como hace años, debido a lo anteriormente descrito, sin embargo fluye para reconstruir el Centro abandonado. Es un caudal desaprovechado por las largas colas burocráticas que atemorizan y hacen engorrosos los haberes de compras y ventas. Si no fuera por los extranjeros que llegamos, muchas de las casas hubiesen caído ante la invasión de jejenes y termitas. Muchas aceras, pedacitos de ellas mantuvieran los huecos y desniveles; muchos jardines fueran criaderos de moscos y otras sabandijas y el Centro Histórico siguiera en su letargo inquebrantable desdibujándose como un pueblo fantasma tragado por el olvido y el desprecio.

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Repito: Se venden casas en el Centro como a precio de oro liquido, lo que ha traído una huída de capitales y un agotamiento del sector, forajido y sin leyes, de las ventas inmobiliarias. Necesaria la supervisión y la legislación. De su acatamiento vendrá la confianza para el que venga a vivir en la tranquilidad…cosa y elemento que también se ha perdido.

A la par de ello también progresa una ensalada de despachos de arquitectura, liderados por personas muy poco profesionales que se copian, desde el internet, planos y los venden como renovadores de la historicidad y como re-acondicionadores de la modernidad. Engañifas que engrosan un cúmulo de baratujales y bandidos, que pregonan una Mérida llena de inversiones y que han ido deteriorando la imagen de un mercado anteriormente seguro y limpio. Pobres desesperados que hunden un Cuchillo en su propio cuello, afilado por su misma brutalidad, ceguera y avaricia.

En los años 90 la ciudad de Mérida era señalada en Europa y me atrevería a decir que en otros lugares como una urbe donde tú retiro podía ser dorado, accesible y libre de las contaminaciones psicológicas estresantes de las grandes ciudades. Asimismo se vendía como una ciudad cultural y “PRO Gay”. Si, una ciudad donde la vida gay era fácil, sana y llevadera con orgullo y calidad yucateca. De hecho Juan Villoro en su libro de cuentos, que más bien parecen ensayos o entrevistas, “Palmeras de la Brisa Rápida”, recorre la piel de una ciudad que se atrevía a mostrarse llena, furibunda y coqueta ante los cambios del mundo y una ciudad dispuesta a aceptar los retos intelectuales que llegaban a querer quedarse. ¿Publicidad o tiempos pasados?, la línea de esa estrategia esta desvaneciéndose porque no hay una plataforma jurídica que controle un desorden que se ha ido fomentando por la inexistencia de la misma. Ese desarreglo tiene entre otras aristas que renazcan tahúres y sitios clandestinos de desatinada proporción que a la final acabara con la buena imagen de la ciudad.

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Nunca el estado ha creado la figura de una oficina que sirva no solo como engranaje entre inversor y desarrolladores del Centro Histórico, entre otras tantas que deben plantearse y establecerse. Faltando esto y existiendo el hueco es rellenado, perennemente, con la engañifa y con organismos e instituciones que venden, atraen, atrapan a cuanto incauto caiga en sus redes, valga la pena aquí de señalar un “Patronato Histórico” que nadie conoce, que nadie sabe a quién está en servicio y que nunca ha elaborado y publicado un documentado y estadístico dossier de investigaciones que procuren un perfil verdadero y valedero del histórico casco. Es más nunca, como testigo hablo, ha tocado las puertas de una casa remodelada para estudiarla, ficharla, registrarla.

Apartando estos espinosos temas descubrimos, oh sí, que la ciudad fue desmembrada, en los aspectos socio turísticos por miedos, odios, cultivos de sinsabores de un sector burgués medieval, que desde la cúspide de su infranqueable norte mira con desdén y pavor a todo lo que no se le parezca. Abandonaron el Centro, en todo sentido, para buscar su ansiada clonación de Miami en un norte que comunica, muchas de las veces por carreteras privadas, con mares, yates y clubes de playa. Este sector, bastante miope, no ve ni vio y tal vez no verá las posibilidades de desarrollo de un turismo sustentable basado en el entorno colonial del sector centro. Su terror los lleva, de cuando en vez, a usar representantes del medio estatal para limpiar de prostitutas y prostitutos a las plazas y jardines… y de todo lo que les huela mal, incluido, principalmente, lo político.

Por otro lado, la esquina centro histórico se calienta con el espinoso tema de las licencias de expendios de bebidas. En lo particular considero que este tema no es meritorio ampliarlo en el sentido del otorgamiento, ya que basta con concederlo a las personas que invierten en recrear un sector alimentario y turístico del centro y que crean campos de empleo y desarrollo a la ya empobrecida zona.

Digno de investigar a quien o quienes les conviene que una parte de la industria turística caiga, pues las ramificaciones y acciones, pueden ir desde este detalle, que aun siendo micro se hace grande a la hora de cuantificar como a la demanda de una serie de aerolíneas que dejaron de funcionar, en la gran plaza aeroportuaria que era Mérida, para irse a Cancún, quien despiadadamente dejó sin alas a la región Yucateca.

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Tan idiota la irresponsabilidad de un sector como la de todos, que dejamos, sin protesta y a la mano de dios y de las mafias de Cancún las estrategias de vuelos que se ofertaban desde el aeropuerto de la ciudad y que comunicaban esta parte de la península con el resto de la nación y el Mundo. Quedó así el aeropuerto Rejón convertido en un aeródromo de tercera donde apenas rozan algunas alas que pasan sobre el sureste.

Por aquí pasaban aviones, pequeños, grandes, dejando gente de todas partes del mundo para conocer la gran región de los Mayas. Hoy la oferta se hace desde Quintana Roo y su gran “ducto turistero”, como si esta región de la península fura su dueña, como si la zona arqueológica, colonial y de conventos fuera su apéndice. Pequeños aviones, jets y globos bajan, bajan, bajan desde allá para acá y seguirán bajando

Sin embargo a “papá estado” no le podemos pedir todo, incluida la mano de la blanca ciudad que todavía es Mérida. Debemos todos: Administración Regional, Habitantes, Inversores, pensar, ser consultados, hablar y concebir un Centro donde vivir y convivir.

Con calles icónicas, con el ruido de los camiones y buses fuera. Con la creación de inversión, quizá la más importante, del sector turismo, con la remodelación de plazas, valga el ejemplo de la Plaza Santa Lucia con sus abandonados arcos, cuyo dueño ni se da por enterado. Crear negocios que atraigan al turismo e inversores y no que alejen al ciudadano. Crear mayores posibilidades del sector vacacional. Eso incluye la venta de paquetes que muestren sectores del estado que desconocemos, como son playas vírgenes, inexploradas y un turismo ecológico aun no retomado.

Qué pasaría en Mérida si las compuertas de Cuba se abrieran ante el feroz bloqueo y volviese a ser La Habana y la Isla el predilecto centro del Caribe. De suceder este supuesto, no lejano ni improbable, que nos haríamos sin una estructura de ofertas legales y validas. Las preguntas deben colocarse sobre la mesa: ¿A dónde irían las inversiones puestas en esta región de parte de Estados Unidos y Europa?

El panorama debe analizarse, sin desconfianzas ni falsedades, sin pretextos ni artificios. Se debe resolver valientemente sino la Mérida que conocemos será un lugar que quedó allí, si acaso de paso, probablemente de una cierta mirada lastimera que no conviene. Lo he dicho.

Gerardo Martínez