julio 2011


 

 

 

Michel Collon
En este excelente reportaje realizado en Libia, Michel Collon desvela una de las numerosas mentiras de la OTAN, demostrando una vez más que no hay guerras limpias[1].
El 20 de junio 8 misiles de la OTAN cayeron sobre un centro de mando militar según la OTAN.
Mentira.
Michel Collon sobre el terreno revela que se trataba de una gran propiedad de un dirigente libio situada en un barrio residencial a 55 Km. de Trípoli. No albergaba la más mínima instalación militar, sino un parque natural con numerosas especies vegetales y animales ofrecidas por países de toda África. Un parque a donde se invitaba a los habitantes de la región para grandes fiestas tradicionales.
El propietario era uno de los veteranos líderes que derrocaron a la monarquía, expulsaron a los norteamericanos de sus bases, osaron nacionalizar el petróleo y elevaron el nivel de vida de los libios muy por encima del resto de los países africanos.
Curiosamente, la noche del bombardeo toda la familia se había reunido para un aniversario.
El objetivo estaba claro: asesinar al dirigente político y a su familia.
Entre los muertos hubo varios niños de 6, 5 y 4 años de los que se guarda testimonio en el parque. Michel Collon recuerda finalmente que“esto se hace con el dinero de nuestros impuestos”.
Y esto se aplica también a los nuestros, ya que el gobierno español, sin consultarnos, ha decido utilizarlo en esta nueva guerra imperialista camuflada de intervención humanitaria en lugar de crear empleo y mejoras sociales para todos.
Una prueba más de que es preciso salir de la OTAN cuanto antes.
La OTAN ante la ingratitud de los libios
Tierry Meyssant, también sobre el terreno desde hace semanas, te aporta de nuevo un panorama muy distinto del que pretenden que creamos los medios occidentales[2].
Los hechos son que la OTAN, que ya "ha matado a más de un millar de libios, está destruyendo la infraestructura del país (menos la petrolera claro), ha cortado las vías de suministro imponiendo al país un bloqueo naval".
La OTAN ha estado bombardeando la infraestructura civil de Libia como señala Tierry en su artículo, incluyendo la más importante: los suministros de agua potable. El Ministro de Agricultura Abdul Majeed Algawoud acaba de declarar ayer que la generación de agua cayó a casi un cuarto de los niveles previos a la campaña de bombardeos de la OTAN.: “De los dos millones de metros cúbicos diarios la producción es sólo de aproximadamente 450.000, cuando las redes principales fueron cortadas”.[3]
Pero la intervención de la OTAN también ha tenido un efecto benéfico "las tribus de la oposición volvieron a unirse al gobierno de Trípoli".(ver 2 vídeos de la conferencia que reunió en Trípoli a 2.000 representantes de tribus)
El pueblo mayoritariamente apoya al gobierno y está contra la invasión extranjera, como lo prueba el hecho de que "El 1º de julio de 2011 una gran manifestación contra la OTAN en Trípoli reunió a 1,7 millones de personas (ver VIDEO)y que la semana pasada más de 400 000 personas participaron en la manifestación de Sabha, a 750 kilómetros de Trípoli en el sur de Libia"(ver videos).
La estructura del Gobierno libio es muy distinta de las occidentales (que se permiten juzgarla sin entenderla). Tierry explica que es “un sistema de democracia participativa notablemente eficaz a nivel local que se complementa con la existencia de un foro tribal. El «Guía» (Gadaffi), no dispone de ningún poder legal, sino de autoridad moral. Nadie está obligado a prestarle obediencia, pero la mayoría lo hace”.
Pero lo importante como dice Tierry"es saber lo que piensan en este momento los libios en su condición de pueblo soberano"y lo que piensan está claro: los medios occidentales y la OTAN mienten: "la fuerza aérea libia nunca bombardeó ningún barrio de Bengasi ni de Trípoli ni existió la represión de la población" .
Los habitantes de Bengasi no sólo han huido de los combates, han huido del nuevo régimen.
“Las «fuerzas rebeldes» no pasan de 800 o 1 000 combatientes y carecen de apoyo popular".
Su fuerza se basa en que están armadas por la OTAN, Bahrein y otros países.
La otan ante la ingratitud de los libios
Thierry Meyssan
La Coalición de Voluntarios intervino en Libia para salvar a la población civil de la represión del tirano Gaddafi. Cuatro meses más tarde, las muchedumbres libias han abandonado el territorio liberado de Bengasi y se agolpan en gigantescas manifestaciones contra la intervención de la OTAN. Esa inesperada realidad ha dejado sin estrategia a las fuerzas de la alianza atlántica. Los italianos empiezan a retirarse y los franceses buscan una salida.
El 1º de julio de 2011 el gobierno libio esperaba reunir en Trípoli 1 millón de personas en una gran manifestación contra la OTAN. Para sorpresa de las autoridades libias, y de la OTAN, la participación se elevó a 1,7 millones de personas.
111 días después del inicio de la intervención de la Coalición de Voluntarios en Libia no se vislumbra aún ninguna solución militar y los expertos señalan unánimemente que de no producirse un golpe de suerte inesperado a favor de la OTAN o el asesinato de Muammar el Gaddafi, el tiempo corre a favor del gobierno libio.
El 7 de julio, el consejo de ministros de Italia redujo a la mitad la participación de su país en el esfuerzo de guerra y retiró su portahelicópteros. El jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, declaró incluso que siempre estuvo en contra de ese conflicto pero que el parlamento lo había obligado a participar.
El 10 de julio, el ministro de Defensa de Francia, Gerard Longuet, mencionó una solución política con una salida de Gaddafi «hacia otra ala de su palacio y con otro título». Como ya no hay palacio, es evidente que la primera condición es puramente formal. En cuanto a la segunda, nadie entiende su sentido, lo cual indica que se trata simplemente de una salida puramente semántica.
Las estructuras sociales y políticas existentes en Libia son fruto de la cultura local y resultan de difícil comprensión para muchos occidentales. Libia dispone de un sistema unicameral de democracia participativa que funciona de forma notablemente eficaz a nivel local y se complementa con la existencia de un foro tribal, que no constituye una segunda cámara o una especie de senado ya que no dispone de poder legislativo, sino que integra la solidaridad entre los diferentes clanes dentro de la vida política. Ese dispositivo se completa con la figura del «Guía», que no dispone de ningún poder legal sino de una autoridad moral. Nadie está obligado a prestarle obediencia, pero la mayoría lo hace, como lo haría con el cabeza de familia, aunque nada los obliga a ello.
Se trata, en conjunto, de un sistema político apacible en el que la gente no expresa temor hacia la policía, fuera de los momentos caracterizados por intentonas golpistas o durante el motín de la cárcel de Abou Salim (1996), hechos que fueron reprimidos de manera particularmente sangrienta. Esos elementos de juicio permiten percibir lo absurdo de los objetivos de guerra de la Coalición de Voluntarios.
Oficialmente, [la Coalición de Voluntarios] interviene en respuesta al llamado del Consejo de Seguridad de la ONU y para proteger a las víctimas civiles de una represión masiva. Hoy en día, sin embargo, los libios tienen la certeza de que nunca existió la represión y de que la fuerza aérea libia nunca bombardeó ningún barrio de Bengasi ni de Trípoli. El sector de la población libia que en algún momento creyó esas noticias, divulgadas por los canales internacionales de televisión, ha cambiado de parecer. La población, que generalmente tiene parientes y amigos dispersos a todo lo largo y ancho del país, ya ha tenido tiempo de informarse sobre la situación de estos y ha llegado a la conclusión de que todo no fue más que un engaño.
Sobre ese tema, como sucede con muchos otros, el mundo se divide actualmente entre los que creen la versión estadounidense y los que no creen en ella. En lo que me concierne, yo estoy residiendo en este momento en Trípoli, específicamente en el barrio considerado hostil a Gaddafi y que supuestamente fue bombardeado por la aviación libia por haberse sublevado en el primer momento. Y soy testigo de que, con excepción de un automóvil quemado, no existe aquí ningún indicio de tales incidentes. Los únicos inmuebles bombardeados aquí son edificios oficiales destruidos posteriormente por los misiles de la OTAN.
En todo caso, los principales líderes de la OTAN también han mencionado públicamente otro objetivo de esta guerra, con el que algunos miembros de la coalición no parecen estar de acuerdo. Ese objetivo es obtener la renuncia de Gaddafi, el «cambio de régimen». Aparece así una confusión imposible de desentrañar. Por un lado, esa exigencia no tiene absolutamente ninguna base jurídica a la luz de las resoluciones adoptadas en la ONU y no tiene tampoco nada que ver con el objetivo oficialmente anunciado de garantizar la protección de la población reprimida. Por otro lado, exigir la renuncia de Gaddafi carece además de todo sentido porque Gaddafi no ejerce ninguna función institucional sino que goza únicamente de una autoridad moral implícita en estructuras de carácter social, no de carácter político.
En definitiva, ¿con qué derecho se oponen los miembros de la OTAN al proceso democrático y deciden en lugar del pueblo libio la exclusión de uno de sus líderes?
Tal confusión confirma, por demás, que esta guerra responde a móviles no confesados, móviles que no comparten todos los miembros de la Coalición de Voluntarios.
El principio mismo de un ataque simultáneo contra Libia y Siria fue adoptado por el poder estadounidense durante la semana que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Fue expuesto públicamente por primera vez por el entonces secretario de Estado adjunto, John Bolton, en su discurso del 6 de mayo de 2002, titulado «Más allá del Eje del Mal». Fue confirmado por el general Wesley Clark, el 2 de marzo de 2007, en una célebre entrevista concedida a la televisión. El ex comandante de la OTAN presentó en aquella entrevista la lista de Estados que en los próximos años serían blancos de los ataques de Estados Unidos.
Los discípulos de Leo Strauss [*] tenían previsto atacar inicialmente Afganistán, Irak e Irán en el marco del «rediseño del Medio Oriente ampliado». Después, en una segunda fase, tenían previsto atacar Libia, Siria y el Líbano para extender el proceso y rediseñar también el Levante y el norte de África. Posteriormente, en una tercera fase, se producirían ataques contra Somalia y Sudán para remodelar el este de África.
Razones de evidente índole militar motivaron la posposición del ataque contra Irán y se decidió entonces pasar directamente a la Fase II, sin vínculo con los acontecimientos reales o imaginarios de Bengasi. La Coalición de Voluntarios se ve así arrastrada a un proceso que no deseaba y que, por demás, le queda grande.
La estrategia trazada por Estados Unidos y puesta en práctica por Francia y el Reino Unido –inmersos en una alianza que recuerda los tiempos de la expedición de Suez– se basaba en un análisis particularmente detallado del sistema tribal libio. Sabiendo que los miembros de algunas tribus –principalmente los Warfallah– han sido apartados de los cargos de responsabilidad, como resultado del fallido golpe de Estado de 1993, la OTAN explotaría las frustraciones de esas figuras, las armaría y las utilizaría para derrocar el régimen e instalar un gobierno prooccidental.
Berlusconi afirma que Sarkozy y Cameron indicaron en una reunión de los aliados, el 19 de marzo, que «la guerra se terminaría cuando se produjera, como se espera, una revuelta de la población de Trípoli contra el régimen actual».
Esa estrategia alcanzó su apogeo, el 27 de abril, con el llamado de 61 jefes tribales a favor del Consejo Nacional de Transición. Hay que señalar que en ese documento ya no se habla de masacres atribuidas al «régimen» en Bengasi y Trípoli sino de la supuesta intención de cometerlas. Los firmantes no agradecen a Francia y a la Unión Europea haber detenido una masacre ya desatada sino haber impedido una carnicería anunciada.
A partir de ese llamado, de manera constantemente y sin interrupción, las tribus de la oposición volvieron a unirse al gobierno de Trípoli y sus jefes incluso viajaron a la capital libia para expresar públicamente su apoyo a Gaddafi. Ese proceso ya había comenzado en realidad mucho antes y se manifestó públicamente el 8 de marzo, cuando el «Guía» recibió el homenaje de los jefes de tribus en el hotel Rixos, rodeado de los periodistas occidentales, que incluso sirvieron entonces de escudos humanos, absortos ante aquella nueva provocación.
La explicación es muy sencilla. La oposición interna a Gaddafi no tenía motivo alguno para derrocar el régimen antes de los acontecimientos de Benghazi. El llamado del 27 de abril se basó en noticias que los firmantes consideran hoy simples mentiras. Partiendo de ese hecho, estos fueron expresando uno a uno su apoyo al gobierno nacional en la lucha contra la agresión extranjera.
Conforme a la cultura musulmana, los rebeldes que han probado su buena fe fueron automáticamente perdonados e incorporados a las fuerzas nacionales.
No es relevante para nuestro análisis el determinar si la represión del régimen de Gaddafi es una realidad histórica o un mito de la propaganda occidental. Lo importante es saber lo que piensan en este momento los libios en su condición de pueblo soberano.
Es importante observar aquí la correlación de fuerzas en el plano político. El Consejo Nacional de Transición (CNT) no ha sabido dotarse de una base social. Bengasi, su capital provisional, era una ciudad de 800 000 habitantes.
En febrero, cientos de miles de esos habitantes celebraron su creación. En este momento, la «ciudad liberada por los rebeldes» y «protegida por la OTAN» es en realidad un pueblo fantasma que sólo cuenta algunas decenas de miles de habitantes, a menudo personas que carecen de medios para abandonar la ciudad. Los habitantes de Bengasi que no han huido de los combates han huido del nuevo régimen.
En Trípoli, mientras tanto, el «régimen de Gaddafi» logró movilizar 1,7 millones de personas durante la manifestación del 1º de julio y ha emprendido la organización de manifestaciones regionales todos los viernes. La semana pasada más de 400 000 personas participaron en la manifestación de Sabha, en el sur de Libia, y se espera una manifestación similar el viernes próximo en Az Zawiyah, en el oeste. Hay que precisar que se trata de manifestaciones de condena contra la OTAN, que ha matado más de un millar de libios, que está destruyendo la infraestructura no petrolera del país y que ha cortado las vías de suministro imponiendo al país un bloqueo naval.
Las manifestaciones se articulan alrededor del respaldo al «Guía» como líder anticolonialista, aunque no implican necesariamente una aprobación a posteriori de todos los aspectos de su política.
En definitiva, el pueblo libio ha hablado. Los libios no creen que la OTAN quiera protegerlos sino que está tratando de conquistar el país. Y estiman que es Gaddafi quien los está protegiendo ante la agresión de Occidente. En esas condiciones, la OTAN se ha quedado sin estrategia. Y no tiene «Plan B», nada de nada.
Las deserciones en el bando del Consejo Nacional de Transición son tan numerosas que, según la mayoría de los expertos, las «fuerzas rebeldes» no pasan de 800 o 1 000 combatientes, ciertamente armados hasta los dientes por la alianza atlántica, pero incapaces de desempeñar un papel importante sin apoyo popular. Es probable que los comandos de las fuerzas especiales desplegados por la OTAN en suelo libio sean más numerosos que los combatientes libios que dirigen.
La retirada italiana y las declaraciones del ministro de Defensa de Francia no tienen nada de sorprendentes. A pesar de su poder de fuego, sin equivalente en la historia, las fuerzas de la OTAN han perdido esta guerra. No en el plano militar, claro está, sino porque olvidaron que «la guerra es la continuación de la política con otros medios» y porque se equivocaron en el plano político.
Los alaridos de Washington, que regañó inmediatamente al ministro francés y se niega a reconocer los hechos, no cambiarán la realidad.

 

 

John Grant
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
“¿Qué importa dónde se yace una vez muerto? Muerto se duerme el sueño eterno y esas cosas no importan… Solamente se duerme el sueño eterno, sin importar la suciedad donde se murió o dónde se cayó. Yo era parte de esa suciedad ahora
(Raymond Chandler, El sueño eterno)
Últimamente, leo novelas “negras” y pienso en el género como una manera de explicar el mundo. Podrá tener algo que ver con el hecho de que soy un estadounidense crítico de su gobierno que pierde la esperanza de que llegue a ser posible un cambio positivo. A medida que se evapora la esperanza, parece que cada vez hay menos espacio entre la realidad política y el mundo del hampa. O, tal vez sea el anverso de una obsesión militarista con novelas de suspense de Tom Clancy y de la Guerra contra el Terror.
Los adeptos a la riqueza, el poder y la violencia parecen tan afianzados y dueños del control que los que no tienen poder parecen condenados a la marginación anodina y, si levantan demasiado la cabeza, corren el riesgo de que se criminalicen sus intenciones y sus acciones.
Este sentimiento de que una marea amoral arrolla a la sociedad en realidad no es nada nuevo y, sin duda, ha habido tiempos peores en la historia de la humanidad. Pero saberlo no ayuda si uno mira alrededor y ve exactamente lo que quería decir W. B. Yeats en su famoso poema El segundo Advenimiento, escrito en 1919:
se suelta la marea turbia de sangre, y por doquier
se anega el ritual de la inocencia;
los mejores no tienen convicción, y los peores
rebosan de febril intensidad.
Ahora mismo una buena amiga mía –una coronel del ejército retirada de la que sé que es “de lo mejor” de la humanidad en la visión de Yeats– ha sido tratada por varios gobiernos cómo si fuera una criminal. Ann Wright y un puñado de estadounidenses siguen a bordo del The Audacity Of Hope, que ha sido incautado y está retenido en un muelle de la Embajada de EE.UU. bajo control de los guardacostas griegos en Pireus, un puerto cerca de Atenas. Al barco le han cortado la electricidad, la temperatura ha llegado casi a los 38º C y un navío ruso con trigo ha arrojado un polvo insoportable sobre el barco. El capitán, John Klusmire, fue arrestado y acusado de abandonar ilegalmente el puerto. Lo liberaron, pero slo procesarán más adelante.
La nación de Israel tuvo éxito, como el proverbial rabo que menea al perro, al conseguir que EE.UU. y otras naciones occidentales actuaran como si las personas honorables de los barcos fueran una especie de violentos criminales. Como se ha informado ampliamente, la secretaria de Estado Hillary Clinton otorgó efectivamente a Israel derecho a disparar contra Wright y las demás personas de a bordo si los comandos israelíes lo considerasen necesario. El 1 de julio, el barco intentó abandonar el puerto de Atenas para navegar a un puerto en Gaza y fue detenido por los guardacostas griegos.
El enfrentamiento se puede ver en un vídeo en el que los guardacostas griegos vestidos como SWAT [tropas de Armas y Tácticas Especiales de EE.UU.] apuntan con armas automáticas a la gente del bordo. Un oficial de los guargacostas griegos muy obediente ordena el cese de su actividad ilegal al capitán Klusmire. El supuesto problema es “navegabilidad”, la cual Klusmire asegura al oficial que se ha documentado adecuadamente. Todos saben que el tema de la navegabilidad es un chiste, un caso de política de intimidación basada en el hecho de que Grecia es una ‘bolsa de nervios’ económica internacional altamente vulnerable y como masilla en las manos del benefactor de Israel, EE.UU. El objetivo de la flotilla era mostrar que Israel trata a Gaza como una provincia-prisión. Una animosa manifestación en Atenas se ocupó del frustrante aprieto de la flotilla.
Eitan Haber del popular periódico Yediot Aharonot de Israel dice que su gobierno “perdió el juicio”.
Haber no estaba hablando del enfrentamiento de la flotilla en el puerto de Atenas, pero podría haberlo hecho. Hablaba de un absurdo reto internacional montado por el gobierno israelí en varios aeropuertos en todo el mundo para impedir que ciudadanos occidentales asistieran a una reciente conferencia palestina en Cisjordania. Diversas líneas aéreas que cedieron a la presión israelí negaron el acceso a sus vuelos a la mayoría de los que intentaban asistir a la conferencia. La única manera de llegar por avión a Cisjordania es volar a Israel. Los participantes en la conferencia que lograron llegar a Israel fueron arrestados y deportados.
Haber no se mostró muy comprensivo con los puntos de vista de los visitantes occidentales; solo fue un hombre inteligente políticamente pragmático. Lo dijo como sigue: “En lugar de dar la bienvenida a esos chiflados, permitirles que canten, silben e incluso levanten pancartas, el mundo va a ver una vez más en acción a los ‘soldados de las tropas de asalto sionistas’”.
Esta imagen de los “soldados de las tropas de asalto sionistas” se ajusta a la visión atormentada del futuro de Israel presentada por Idan Ofer, un pragmático empresario israelí, cuando habló en mayo ante un foro empresarial. “Nos estamos convirtiendo rápidamente en Sudáfrica”, dijo a los demás dirigentes empresariales israelíes.
En la misma conferencia, otro pragmático israelí, Dan Gillerman, ex embajador de Israel en las Naciones Unidas, se preocupó por el fracaso de las conversaciones de paz que conduzca a la esperada solicitud palestina a la Asamblea General de la ONU en septiembre para que reconozca su calidad de Estado soberano. “La mañana después del esperado anuncio del reconocimiento de un Estado palestino,” dijo a los dirigentes empresariales israelíes”, comenzará un doloroso y dramático proceso de ‘sudafricanización’”.
A mucha gente, yo incluido, le parece estos días que Israel está decidido a convertirse en un arrogante Estado delincuente internacional que basa su legitimidad en un pequeño grupo de aliados occidentales poscoloniales en decadencia gradual, dirigidos por hombres y mujeres cuyo principal desafío parece que es aferrarse a un glorioso pasado dominante.
Muchos israelíes, judíos estadounidenses y estadounidenses derechistas ya están totalmente acostumbrados a la idea de que una gran parte del mundo critica severamente a Israel. Muchos rechazan esta noción en sí misma. ¡Pobre Israel!, simplemente no le dan una oportunidad. Los palestinos e islamistas que se niegan a renunciar a su independencia y dignidad a favor de Occidente están considerados monstruos. Y, sin duda, algunos se han convertido en eso. Y, seguro, los israelíes son listos y duros y tienen una historia profunda y excepcional.
El problema es que Israel y sus bien armados defensores han interiorizado tanto este sentido de que los satanizan injustamente y de que todos los han atacado a lo largo de la historia, que se niegan a ver la crítica como algo diferente del eterno ultraje antisemita.
Hombres como Benjamin Netanyahu y Avigdor Lieberman que ahora dirigen el gobierno israelí están “llenos de intensidad apasionada” de que el control de la tierra y de las fronteras basado en el dominio militar y la fuerza es el único medio de supervivencia. La razón y la compasión se descartan como debilidades. El peligro que vemos nosotros, los activistas por la paz estadounidenses, es que nadie en Israel –o, lo que es más importante para nosotros, en EE.UU.– podrá romper este trágico proceso e Israel se convertirá cada vez más en un peligroso animal acorralado que arrastra a EE.UU. en su defensa.
Ya lo habréis adivinado, soy en espíritu uno de esos “visitantes chiflados” mencionados por Eitan. Si tuviera el dinero, podría haber asistido a la conferencia en Palestina. Si tuviera el dinero, podría estar ahora mismo en Tel he Audacity Of Hope. Es verdad que a veces nosotros, la gente del movimiento por la paz, sucumbimos ante las numerosas frustraciones en nuestro camino y hacemos cosas como desfilar con pancartas que nos hacen susceptibles al ridículo de gente como Haber. Pero cualquiera que siga con valor lo que le dice su corazón es susceptible al ridículo en un mundo inundado por la marea turbia de sangre.
El hecho es que cuesta ser un activista no violento por la paz en el mundo que Netanyahu y Lieberman han creado para los palestinos y los que se identifican con ellos. Mientras sus modernas fuerzas militares armadas hasta los dientes con la última tecnología represiva, armas letales y tácticas de vigilancia se convierten cada vez más en “tropas de asalto sionistas”, se hace tanto más difícil ser no violento y conservar algún tipo de dignidad. Porque, como saben todos los que están en el movimiento por la paz, el mensaje que uno recibe de esas fuerzas híper-armadas se reduce a: Quedaos donde os decimos que os quedéis u os sacaremos a tiros. Y si pensáis que vuestras acciones podrían cumplir potencialmente con los requerimientos ‘gandhianos’ de la stayagraha –es decir, hacer que la verdad sea obvia públicamente mediante acción no violenta– entonces destruiremos vuestras acciones antes de que tengan lugar, como hicimos con la flotilla en Atenas. El verdadero motivo por el que se hicieron tantos esfuerzos para detener a la flotilla en Atenas es que Israel concluyó que la flotilla sería eficaz para poner a la vista de todos la verdad del movimiento por la paz con respecto a Gaza.
Nos demos cuenta o no –tanto si apoyamos activamente como si miramos pasivamente para otro lado ante la opresión de otros para no perder el sentido de poder que nos da– todos estamos a la merced del arrogante Estado moderno, obsesionado por el secreto. Vivimos en un sistema global post orwelliano que es cada vez más una red interconectada de controles ocultos que la gente simple, amante de la paz y que se preocupa de sus propios asuntos no llega a imaginar. Nosotros, en el movimiento por la paz, no estamos solos en este estado de miedo: los libertarios y algunos del Tea Party, por ejemplo, ven lo mismo desde otro ángulo.
Me parece que todo lo que la gente de Gaza y de Cisjordania quiere para sus familias es tener una buena vida y la justa oportunidad de un futuro mejo, exactamente lo que nosotros, estadounidenses, y los israelíes, queremos.
Como activista por la paz, a ese nivel, todo parece muy simple. Primero, analízate honestamente y pregunta: “¿Qué es lo que hice mal?”, porque si las cosas se han convertido en un lío inviable, como es el caso en Israel/Palestina, es una certeza humana que tú tienes algo que ver con ello. Por cierto, el otro lado es muy diferente y podrán parecer “monstruos” por las cosas que han hecho. El único consuelo, al respecto, es que puedes estar seguro de que tu enemigo piensa lo mismo sobre ti. Hay “monstruos” en ambos lados.
Lo importante es dar los primeros pasos para superar todo esto, comenzar a preguntar quiénes son realmente nuestros enemigos y, más allá de nuestras peores fantasías, qué se proponen realmente. Y ese es el punto decisivo: ¿Qué tienen en común con nosotros?
Otro listo y pragmático israelí, un general retirado llamado Ephraim Sneh, escribió un reciente artículo editorial en The New York Times en el que dice: “dar alas a los asentamientos en Cisjordania y mantener una ocupación con el fin de protegerlos” es una política contraria a los intereses de la futura seguridad de Israel. “Seguir ese camino llevará al desastre”, escribe. Es “una profecía apocalíptica”.
Lo importante es que gente de todas las tendencias políticas –incluidos mis amigos de la flotilla y los que trataron de asistir a una conferencia palestina– tratan de empujar, presionar y persuadir al gobierno israelí y a su benefactor en Washington de que reconsideren su posición y hagan cambios atrevidos frente al pueblo palestino. Dirigentes estadounidenses como la señora Clinton y el vicepresidente Joe Biden tienen ideas tan frescas como un pescado añejo.
Hay que presionar a EE.UU. para que se inicien conversaciones sobre una verdadera soberanía palestina. Basta de palabras insinceras. Sería hacer lo inteligente y pragmático, y la mejor probabilidad de que el reconocimiento por la ONU en septiembre sea innecesario, o sea lo que EE.UU. e Israel quieren. Lo mejor que podrían haber hecho es permitir el paso de la flotilla por la paz y concentrarse en negociar una auténtica seguridad.
En el actual mundo volátil de Medo Oriente, Israel y EE.UU. deberían estar a favor de un verdadero cambio político estructural, en lugar de lo que hacen actualmente al apoyar el mismo antiguo statu quo impracticable y opresivo basado en la violencia. El mundo es como El asesino dentro de mí de Jim Thompson solo si decidimos hacer que así sea.
JOHN GRANT es miembro fundador de ThisCantBeHappening!, el nuevo periódico en línea independiente, de propiedad colectiva, dirigido por periodistas y apoyado por los lectores, que comienza ahora su segundo año de publicación diaria.
Fuente: http://www.counterpunch.org/grant07142011.html

 

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De la absoluta incredulidad, uno pasa al silencio, a una sensación de disgusto que no se explica, a una nausea descontrolada. Luego al asombro y de allí al temor por lo que vendrá, por lo desconocido y porque a todos los que habitamos está ciudad se nos quebró y violento el piso.

Lo sucedido en Mérida, ayer, con el inicio de la construcción del paso vial subterráneo, llamado “deprimido” establece que ya se perdió la regla de un juego democrático y de un solo golpe de timón se toma a la sacrosanta teoría del Estado para imponer matrices personalistas y partidistas, dejando a un lado las visiones, opiniones y derechos de todos los ciudadanos que habitan la orbe, eso que llamamos comuna.

La pregunta esencial, a estas horas del asunto, es por qué no se abrió un referéndum para escuchar las partes y conocer si la glorieta de Montejo debía ser reestructurada; por qué no se llevó a cabo un exhaustivo proceso de investigación que abriera posibilidades de transporte fluido en una ciudad que ha crecido a paso de locura, por los otros ciudadanos mexicanos que huyen de sus estados sumergidos en la violencia. ¿Se ha tomado en cuenta, a la verdad pública, que este paso puede llegar a ser el punto más inundable de la ciudad?

Los hechos demuestran que no, que no se ha escuchado a la ciudadanía. Mérida ha crecido en un porcentaje desorbitado y se nos tienen ocultas las estadísticas e índices del caso, pues eso implica responsabilidad social y acción ciudadana para con los que llegan, bien a invertir, bien a trabajar, bien a participar en la evolución citadina. Mientras esto sucede y se deja a un lado, los enfoques de la Alcaldía se han dirigido a proyectos que no tienen asidero común y que a la larga no proyectan un beneficio palpable en el proyecto de vivir aquí.

Mientras, Mérida se ahoga en un centro histórico lleno de escombros, sucio y en total estado de abandono, pernoctado en las noches por una campante prostitución, que se sofoca en agresiones y hechos delictivos, también escondidos y omitidos. También agregaremos, solo como un mostrador, que las aceras de la ciudad perdieron la perspectiva de “aceras” y están todas derruidas, rotas y cuando no, con tramos inexistentes. Ni más decir del sistema de alcantarillado que es quimérico para la cantidad de agua que cae en las temporadas de lluvia y que convierten la ciudad en un navegable charco de aguas negras.

Con este pequeño rosario de haberes por hacer, de situaciones por reconstruir, surge el hecho de una cosa obsoleta e impuesta que ha traído una visión dantesca de un infierno que se llevaba por dentro y que salió a mirarnos la cara con una doctrina del miedo. A golpe limpio, a golpe sucio, a porrazo batiente se agredieron ancianos, se asfixiaron niños, se mancillaron partes diplomáticas, se acallaron los gritos de libertad con el odio y el miedo, se traspasaron los papeles y vemos mujeres esbirros atacar a una señora indefensa pegándole en la cabeza y en sus costillas como un acto de tortura, publica, publicitada.

No importaron los llantos, los gritos y las voces no fueron escuchados sino acallados. Ahora las culpas van de un lado a otro como pelota de goma en rebote, que si fueron infiltrados del PAN, que si hay quintas columnas, que el paso va, que no se si hubo heridos, que no hubo, que fueron ellos, nosotros, nosotras no tenemos nada que ver, se des enmarca la información veraz para crear una escapatoria, una salida al suceso y a sus múltiples interpretaciones. Surge la pregunta, dentro de un marco legal: ¿se escuchó al pueblo, al vecindario, a los que por allí transitan…?

Los hechos hasta hoy sucedidos muestran una cara preocupante y que debe ser analizada con urgencias por los partidos políticos, porque demuestran que a distancias de los ciudadanos corren ríos y cauces que desbordarán el lodo con lo cual pueden quedar sepultados. Oído al tambor cuando este suena. Repetir el hecho es acercar la ciudad de la Paz a un borde de la cual no habrá salida.

Gerardo Martínez