Israel perdió el juicio

 

 

John Grant
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
“¿Qué importa dónde se yace una vez muerto? Muerto se duerme el sueño eterno y esas cosas no importan… Solamente se duerme el sueño eterno, sin importar la suciedad donde se murió o dónde se cayó. Yo era parte de esa suciedad ahora
(Raymond Chandler, El sueño eterno)
Últimamente, leo novelas “negras” y pienso en el género como una manera de explicar el mundo. Podrá tener algo que ver con el hecho de que soy un estadounidense crítico de su gobierno que pierde la esperanza de que llegue a ser posible un cambio positivo. A medida que se evapora la esperanza, parece que cada vez hay menos espacio entre la realidad política y el mundo del hampa. O, tal vez sea el anverso de una obsesión militarista con novelas de suspense de Tom Clancy y de la Guerra contra el Terror.
Los adeptos a la riqueza, el poder y la violencia parecen tan afianzados y dueños del control que los que no tienen poder parecen condenados a la marginación anodina y, si levantan demasiado la cabeza, corren el riesgo de que se criminalicen sus intenciones y sus acciones.
Este sentimiento de que una marea amoral arrolla a la sociedad en realidad no es nada nuevo y, sin duda, ha habido tiempos peores en la historia de la humanidad. Pero saberlo no ayuda si uno mira alrededor y ve exactamente lo que quería decir W. B. Yeats en su famoso poema El segundo Advenimiento, escrito en 1919:
se suelta la marea turbia de sangre, y por doquier
se anega el ritual de la inocencia;
los mejores no tienen convicción, y los peores
rebosan de febril intensidad.
Ahora mismo una buena amiga mía –una coronel del ejército retirada de la que sé que es “de lo mejor” de la humanidad en la visión de Yeats– ha sido tratada por varios gobiernos cómo si fuera una criminal. Ann Wright y un puñado de estadounidenses siguen a bordo del The Audacity Of Hope, que ha sido incautado y está retenido en un muelle de la Embajada de EE.UU. bajo control de los guardacostas griegos en Pireus, un puerto cerca de Atenas. Al barco le han cortado la electricidad, la temperatura ha llegado casi a los 38º C y un navío ruso con trigo ha arrojado un polvo insoportable sobre el barco. El capitán, John Klusmire, fue arrestado y acusado de abandonar ilegalmente el puerto. Lo liberaron, pero slo procesarán más adelante.
La nación de Israel tuvo éxito, como el proverbial rabo que menea al perro, al conseguir que EE.UU. y otras naciones occidentales actuaran como si las personas honorables de los barcos fueran una especie de violentos criminales. Como se ha informado ampliamente, la secretaria de Estado Hillary Clinton otorgó efectivamente a Israel derecho a disparar contra Wright y las demás personas de a bordo si los comandos israelíes lo considerasen necesario. El 1 de julio, el barco intentó abandonar el puerto de Atenas para navegar a un puerto en Gaza y fue detenido por los guardacostas griegos.
El enfrentamiento se puede ver en un vídeo en el que los guardacostas griegos vestidos como SWAT [tropas de Armas y Tácticas Especiales de EE.UU.] apuntan con armas automáticas a la gente del bordo. Un oficial de los guargacostas griegos muy obediente ordena el cese de su actividad ilegal al capitán Klusmire. El supuesto problema es “navegabilidad”, la cual Klusmire asegura al oficial que se ha documentado adecuadamente. Todos saben que el tema de la navegabilidad es un chiste, un caso de política de intimidación basada en el hecho de que Grecia es una ‘bolsa de nervios’ económica internacional altamente vulnerable y como masilla en las manos del benefactor de Israel, EE.UU. El objetivo de la flotilla era mostrar que Israel trata a Gaza como una provincia-prisión. Una animosa manifestación en Atenas se ocupó del frustrante aprieto de la flotilla.
Eitan Haber del popular periódico Yediot Aharonot de Israel dice que su gobierno “perdió el juicio”.
Haber no estaba hablando del enfrentamiento de la flotilla en el puerto de Atenas, pero podría haberlo hecho. Hablaba de un absurdo reto internacional montado por el gobierno israelí en varios aeropuertos en todo el mundo para impedir que ciudadanos occidentales asistieran a una reciente conferencia palestina en Cisjordania. Diversas líneas aéreas que cedieron a la presión israelí negaron el acceso a sus vuelos a la mayoría de los que intentaban asistir a la conferencia. La única manera de llegar por avión a Cisjordania es volar a Israel. Los participantes en la conferencia que lograron llegar a Israel fueron arrestados y deportados.
Haber no se mostró muy comprensivo con los puntos de vista de los visitantes occidentales; solo fue un hombre inteligente políticamente pragmático. Lo dijo como sigue: “En lugar de dar la bienvenida a esos chiflados, permitirles que canten, silben e incluso levanten pancartas, el mundo va a ver una vez más en acción a los ‘soldados de las tropas de asalto sionistas’”.
Esta imagen de los “soldados de las tropas de asalto sionistas” se ajusta a la visión atormentada del futuro de Israel presentada por Idan Ofer, un pragmático empresario israelí, cuando habló en mayo ante un foro empresarial. “Nos estamos convirtiendo rápidamente en Sudáfrica”, dijo a los demás dirigentes empresariales israelíes.
En la misma conferencia, otro pragmático israelí, Dan Gillerman, ex embajador de Israel en las Naciones Unidas, se preocupó por el fracaso de las conversaciones de paz que conduzca a la esperada solicitud palestina a la Asamblea General de la ONU en septiembre para que reconozca su calidad de Estado soberano. “La mañana después del esperado anuncio del reconocimiento de un Estado palestino,” dijo a los dirigentes empresariales israelíes”, comenzará un doloroso y dramático proceso de ‘sudafricanización’”.
A mucha gente, yo incluido, le parece estos días que Israel está decidido a convertirse en un arrogante Estado delincuente internacional que basa su legitimidad en un pequeño grupo de aliados occidentales poscoloniales en decadencia gradual, dirigidos por hombres y mujeres cuyo principal desafío parece que es aferrarse a un glorioso pasado dominante.
Muchos israelíes, judíos estadounidenses y estadounidenses derechistas ya están totalmente acostumbrados a la idea de que una gran parte del mundo critica severamente a Israel. Muchos rechazan esta noción en sí misma. ¡Pobre Israel!, simplemente no le dan una oportunidad. Los palestinos e islamistas que se niegan a renunciar a su independencia y dignidad a favor de Occidente están considerados monstruos. Y, sin duda, algunos se han convertido en eso. Y, seguro, los israelíes son listos y duros y tienen una historia profunda y excepcional.
El problema es que Israel y sus bien armados defensores han interiorizado tanto este sentido de que los satanizan injustamente y de que todos los han atacado a lo largo de la historia, que se niegan a ver la crítica como algo diferente del eterno ultraje antisemita.
Hombres como Benjamin Netanyahu y Avigdor Lieberman que ahora dirigen el gobierno israelí están “llenos de intensidad apasionada” de que el control de la tierra y de las fronteras basado en el dominio militar y la fuerza es el único medio de supervivencia. La razón y la compasión se descartan como debilidades. El peligro que vemos nosotros, los activistas por la paz estadounidenses, es que nadie en Israel –o, lo que es más importante para nosotros, en EE.UU.– podrá romper este trágico proceso e Israel se convertirá cada vez más en un peligroso animal acorralado que arrastra a EE.UU. en su defensa.
Ya lo habréis adivinado, soy en espíritu uno de esos “visitantes chiflados” mencionados por Eitan. Si tuviera el dinero, podría haber asistido a la conferencia en Palestina. Si tuviera el dinero, podría estar ahora mismo en Tel he Audacity Of Hope. Es verdad que a veces nosotros, la gente del movimiento por la paz, sucumbimos ante las numerosas frustraciones en nuestro camino y hacemos cosas como desfilar con pancartas que nos hacen susceptibles al ridículo de gente como Haber. Pero cualquiera que siga con valor lo que le dice su corazón es susceptible al ridículo en un mundo inundado por la marea turbia de sangre.
El hecho es que cuesta ser un activista no violento por la paz en el mundo que Netanyahu y Lieberman han creado para los palestinos y los que se identifican con ellos. Mientras sus modernas fuerzas militares armadas hasta los dientes con la última tecnología represiva, armas letales y tácticas de vigilancia se convierten cada vez más en “tropas de asalto sionistas”, se hace tanto más difícil ser no violento y conservar algún tipo de dignidad. Porque, como saben todos los que están en el movimiento por la paz, el mensaje que uno recibe de esas fuerzas híper-armadas se reduce a: Quedaos donde os decimos que os quedéis u os sacaremos a tiros. Y si pensáis que vuestras acciones podrían cumplir potencialmente con los requerimientos ‘gandhianos’ de la stayagraha –es decir, hacer que la verdad sea obvia públicamente mediante acción no violenta– entonces destruiremos vuestras acciones antes de que tengan lugar, como hicimos con la flotilla en Atenas. El verdadero motivo por el que se hicieron tantos esfuerzos para detener a la flotilla en Atenas es que Israel concluyó que la flotilla sería eficaz para poner a la vista de todos la verdad del movimiento por la paz con respecto a Gaza.
Nos demos cuenta o no –tanto si apoyamos activamente como si miramos pasivamente para otro lado ante la opresión de otros para no perder el sentido de poder que nos da– todos estamos a la merced del arrogante Estado moderno, obsesionado por el secreto. Vivimos en un sistema global post orwelliano que es cada vez más una red interconectada de controles ocultos que la gente simple, amante de la paz y que se preocupa de sus propios asuntos no llega a imaginar. Nosotros, en el movimiento por la paz, no estamos solos en este estado de miedo: los libertarios y algunos del Tea Party, por ejemplo, ven lo mismo desde otro ángulo.
Me parece que todo lo que la gente de Gaza y de Cisjordania quiere para sus familias es tener una buena vida y la justa oportunidad de un futuro mejo, exactamente lo que nosotros, estadounidenses, y los israelíes, queremos.
Como activista por la paz, a ese nivel, todo parece muy simple. Primero, analízate honestamente y pregunta: “¿Qué es lo que hice mal?”, porque si las cosas se han convertido en un lío inviable, como es el caso en Israel/Palestina, es una certeza humana que tú tienes algo que ver con ello. Por cierto, el otro lado es muy diferente y podrán parecer “monstruos” por las cosas que han hecho. El único consuelo, al respecto, es que puedes estar seguro de que tu enemigo piensa lo mismo sobre ti. Hay “monstruos” en ambos lados.
Lo importante es dar los primeros pasos para superar todo esto, comenzar a preguntar quiénes son realmente nuestros enemigos y, más allá de nuestras peores fantasías, qué se proponen realmente. Y ese es el punto decisivo: ¿Qué tienen en común con nosotros?
Otro listo y pragmático israelí, un general retirado llamado Ephraim Sneh, escribió un reciente artículo editorial en The New York Times en el que dice: “dar alas a los asentamientos en Cisjordania y mantener una ocupación con el fin de protegerlos” es una política contraria a los intereses de la futura seguridad de Israel. “Seguir ese camino llevará al desastre”, escribe. Es “una profecía apocalíptica”.
Lo importante es que gente de todas las tendencias políticas –incluidos mis amigos de la flotilla y los que trataron de asistir a una conferencia palestina– tratan de empujar, presionar y persuadir al gobierno israelí y a su benefactor en Washington de que reconsideren su posición y hagan cambios atrevidos frente al pueblo palestino. Dirigentes estadounidenses como la señora Clinton y el vicepresidente Joe Biden tienen ideas tan frescas como un pescado añejo.
Hay que presionar a EE.UU. para que se inicien conversaciones sobre una verdadera soberanía palestina. Basta de palabras insinceras. Sería hacer lo inteligente y pragmático, y la mejor probabilidad de que el reconocimiento por la ONU en septiembre sea innecesario, o sea lo que EE.UU. e Israel quieren. Lo mejor que podrían haber hecho es permitir el paso de la flotilla por la paz y concentrarse en negociar una auténtica seguridad.
En el actual mundo volátil de Medo Oriente, Israel y EE.UU. deberían estar a favor de un verdadero cambio político estructural, en lugar de lo que hacen actualmente al apoyar el mismo antiguo statu quo impracticable y opresivo basado en la violencia. El mundo es como El asesino dentro de mí de Jim Thompson solo si decidimos hacer que así sea.
JOHN GRANT es miembro fundador de ThisCantBeHappening!, el nuevo periódico en línea independiente, de propiedad colectiva, dirigido por periodistas y apoyado por los lectores, que comienza ahora su segundo año de publicación diaria.
Fuente: http://www.counterpunch.org/grant07142011.html

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