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Durante las tres últimas semanas los empresarios meridanos y yucatecos, del sector turismo, han tenido una serie de reuniones primarias para solventar la caída inigualable del turismo en la ciudad y en el Estado. Diversos puntos han sido puestos y expuestos sobre el tapete, todos ellos sin un marco teórico, metodológico y de denuncia que justifique la raíz del problema ni se conozca como atacarla. Las reseñas de prensa, muy pobres al respecto, indican factores que se han previsto: como índice hotelero, como cantidad aeroportuaria de viajes, cuando ya casi no existen aerolíneas en el aeropuerto, y otros tantos etcéteras. Se hace hincapié en las erradas posturas de gobiernos anteriores y se deja sin mirar el verdadero centro del problema, que hay que decirlo, deviene de la inexistencia en Yucatán de una mesa permanente de trabajo estructural donde se coordine y se transforme, en constancia, los problemas del sector, dándole las soluciones adecuadas. Cabe lo anterior descrito a todas las instancias burocráticas y gubernamentales donde las computadoras sirvan para que secretarias ociosas vean su “feisbuk” mientras comen doritos…

El turismo es una industria equiparable a cualquier otra y deja, en ganancia neta, un buen sustento a cualquier nación. Sin embargo el mismo debe contar con la infraestructura necesaria, no sólo hotelera, sino de la diversidad de fuentes de paseos y condicionantes para ser visitados. La ingeniería social, justa, equilibrada, juega la pieza fundamental y clave en el asunto a tratar: ¿tiene Yucatán preparada a su población para atender y aceptar una industria turística? Desde mi observación, debo decir que no. No existe un acercamiento del yucateco a la fuente del turismo a menos que sea para obtener beneficios, sin embargo no para nutrirse e intercambiar culturas, eso ni pasa por la cabeza ni se coloca sobre ninguna mesa.

Aquí existe una infraestructura hotelera que ha crecido sin control ni orientación y que se nutre actualmente de una serie de casas de huéspedes que, muy a pesar de estar en páginas web, no se inscriben en los cánones de la ley. Viven del postín ante la inoperancia de las entidades gubernamentales y de Hacienda.

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Todo eso ha llevado a un descontrol en el mismo sector que termina solo ofreciendo cerveza en el centro y con opciones escasas de inteligencia y promoción, llevándose el turista una visión errada de la verdadera Mérida y del verdadero Estado que, entre otras cosas, cuenta con las ruinas mayas más importantes del clásico y post clásico Maya y con una longitud de playas que abarca 3.767 km², de los cuales más de la mitad son playas aptas y cuando no, son bosques de manglares con flora, fauna y cenotes que le dan un perfil único a esta parte de la península yucateca.

No existen por ejemplo las opciones de rutas ecológicas, delimitadas y que combine enseñanza y relaciones culturales, o los ofrecimientos de paseos a las playas con comidas de litoral incluidas. No se da por ejemplo del saque de provecho a la belleza y cuando se deja a los extranjeros, que desean invertir en el renglón discutido, se les asfixia con una permisología exagerada, burocrática, innecesaria y donde lo que prevalece es el enriquecimiento a través del usufructo al inversor.

Mérida hasta hace 10 años contaba con Puentes aéreos a Miami, Cancún, Ciudad de México, Houston, Boston, entre otros y por el aeropuerto de la región paraban una serie de aviones con interconexiones entre ciudades mexicanas, latinoamericanas y estadounidenses. Era la ciudad un faro de inversiones. Hoy adolece con tan pocas líneas que da pena hasta tener un aeropuerto. Fue una gran brutalidad, hay que llamarlo con las palabras verdaderas, que Cancún, con la anuencia de autoridades locales, tomó las plazas aeroportuarias que pertenecían a esta ciudad y al nuevo aeropuerto de Chichén Itzá. Esto trajo como consecuencia un abarrotamiento de la capacidad de Cancún y el desorden de un tráfico aéreo anárquico donde la espera es la orden del día. El desahogo y la oportunidad de desarrollo mancomunado entre el eje Cancún- Mérida- Chichén se tiró por los suelos, a “golpe” y unos cuantos porrazos. Este punto, que es crítico para el progreso del sureste, debe replantearse y tomarse como prioridad básica y es ya.

Otro punto, desecho en ruinas, es el de las líneas autobuseras y de transporte público que funcionan en la región sureste y con los inter enlaces con otras regiones. El sureste es un punto lejano dentro del mapa mexicano. No hay variadas oportunidades de viajar dentro del mismo. Se hace imposible, difícil, extremo viajar en directo entre regiones conformantes y entre ciudades grandes con pueblos que les conforman. Toda una osadía que no ha contado con la planificación, delimitación y creación de nuevas líneas autobuseras que permitan el intercambio dentro de Yucatán y de éste con el resto de los estados circunvecinos. Ni que decir del tren, del proyecto de trenes rápidos, que son la salvación del país, la salvación de un sector como Cancún y del gran florecimiento de una ciudad como Mérida, enlazándola con otras ciudades y pueblos de montañas en cuestión de horas. …Hay lugares bellos, hermosos, “mágicos”…pero eternamente olvidados por rutas y carruajes.

¿Quién dice si, quién dice no? No se mientan, el sector ha decrecido porque son incapaces de sentarse a llevar a efecto una solución que no implique enriquecerse a través del turismo. La promoción del Estado y sus bellezas siempre finaliza con el mismo baile de la botella en la cabeza, siempre los mismos troveros, siempre la misma margarita con una gota de ron blanco y cinco decilitros de agua. Por cierto he aquí el cuento que ejemplifica: Un día llegaron a la ciudad 2 norteamericanos, felices del Mayab, con todas las buenas intenciones de invertir. Les cobraron un exceso por la propiedad que se caía, la remodelaron con el INAH encima, que muy a pesar de que ley que ellos aplican, cubre sólo la restructuración de una fachada, que por cierto estaba en ruinas. Estos querían intervenir en todo la infraestructura, siendo que dentro quedaban sólo algunos moscardones de paredes cancerígenas de humedad. Luego el ayuntamiento y sus permisos , …del agua, …de luz (todos ellos en estricta ley a cumplir), que si es éste (los hay inventados, seamos sinceros), …que hay que pagar el otro, que hay que pagarlo doble, el permiso denegado, …¿Cuál?…, si aquel Mister…luego de las agotadoras sesiones vino el implacable permiso de venta de licores: 2 años y medio en espera…cobraban una mordida, una vacuna de 460 mil pesos (¿lo escuchaste baby?) …El proyecto cerró, la ruina remodelada dejada a la venta por gente que luego les robó el negocio. Una tragedia que parece cuento gótico, tan verdadero, tan a diario, sin el mínimo ápice de asombro entre entidades implicadas.

¿Se investigó?, ¿se tomaron cartas en el asunto?, ¿se manifestó corregir este exabrupto?…NO. Todo esto ha hecho que la región figure, a nivel mundial, como la más insegura para las inversiones y se identifica como de poca confiabilidad para mantenerlas, eso sin contar que los servicios de Inmigración es un asunto de cobros por mantenerte aquí cada año. Hecho que es necesario también plantearse y modificarse en orden a la atracción de transacción y no a la huida de éstas.

El problema de las licencias de licores es otro punto más y que ha instaurado un reino entre las instituciones que las otorgan, convirtiéndose en una maraña mafiosa, filosa, de muchas cabezas y patas. No es justo que te desees comer una pizza sin vino, una noche sin aperitivos, una fiesta sin bebidas espirituosas. Es ponerle al turismo y a la buena industria de la noche un velo de tristeza, de soledad, de aburrimiento y por ende de ver una ciudad no como un punto focal sino como la aldea a la que hay que sacarle el cuerpo cuando se viene por estos lares. Triste realidad.

¿Se puede?: “no” con estos hechos sin corregir y eso sin contar que el día que a Cuba se le quite de encima el desalmado embargo, entonces todo aquí se va por la proa, sin duda y aunque duela. Sin embargo queda una esquina salvable, en ella se debe verificar no los intentos sino las leyes para las cuales cuentan los que vienen a invertir y los que ya están invirtiendo en este importante sector donde se des estresa un grupo y gana el otro ofreciendo una mirada bella y saludable de la cultura y de los bienes antropológicos de una región.

Gerardo Martínez.