Mes: mayo 2016

La estrategia del golpe de Estado global

Si bien Estados Unidos ha comenzado a tratar de economizar sus medios militares bajo la presidencia de Barack Obama, no por ello ha cesado de actuar militarmente en todo el mundo. La potencia imperial sigue disponiendo de un amplio sistema, a la vez abierto y secreto, que le permite intervenir casi en cualquier lugar del mundo, sistema que pone en marcha cada vez que se le ofrece la menor ocasión.

 

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¿Qué relación existe entre sociedades geográfica, histórica y culturalmente lejanas, desde Kosovo hasta Libia y Siria, desde Irak hasta Afganistán, desde Ucrania hasta Brasil y Venezuela? Lo único que tienen en común es el hecho de verse arrastradas por la estrategia global de Estados Unidos, ejemplificada en la «geografía» del Pentágono, que divide el mundo en «áreas de responsabilidad». Cada una de esas áreas está «en manos» de uno de los seis «mandos combatientes unificados» de Estados Unidos:

- el Mando Norte (NorthCom) cubre Norteamérica,
- el Mando Sur (SouthCom) cubre Sudamérica [1],
- el Mando para Europa (EuCom) cubre la región que incluye la Unión Europea y Rusia,
- el Mando para África (AfriCom) cubre el continente africano,
- el Mando Central (CentCom) cubre el Medio Oriente y parte de Asia,
- el Mando del Pacífico (PaCom) cubre la región Asia/Pacífico.

A los 6 mandos geográficos se agregan otros 3 que operan a escala mundial:
- el Mando Estratégico (StratCom) a cargo de las fuerzas nucleares,
- el Mando de Operaciones Especiales (SoCom),
- el Mando de Transporte (TransCom).

Al frente del Mando Europeo [EuCom] se encuentra un general o un almirante nombrado por el presidente de Estados Unidos. Este alto jefe militar estadounidense asume automáticamente el cargo de Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa. La OTAN se ve así automáticamente incluida en la cadena de mando del Pentágono, lo cual implica que opera fundamentalmente en función de la estatregia de Estados Unidos. Esa estrategia consiste en la eliminación de todo Estado o movimiento político-social que constituya una amenaza para los intereses políticos, económicos y militares de Estados Unidos, país que, aunque sigue siendo aún la mayor potencia mundial, está perdiendo terreno ante la aparición de nuevos actores estatales y sociales.

Son numerosos los instrumentos de esta estrategia y van desde la guerra abierta –como los ataques de fuerzas aeronavales y terrestres contra Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia– hasta las operaciones secretas realizadas en esos países y en otros, últimamente en Siria y Ucrania. Para la realización de estas operaciones, el Pentágono dispone de las fuerzas especiales, alrededor de 70 000 especialistas que «cada día operan en más de 80 países a escala mundial». Y también tiene a su disposición un ejército secreto de mercenarios. En Afganistán, según documenta Foreign Policy [2], el número de mercenarios del Pentágono se eleva a 29 000, o sea 3 mercenarios por cada soldado estadounidense. En Irak hay unos 8 000… 2 mercenarios por cada soldado estadounidense.

A los mercenarios del Pentágono se agregan los de la tentacular comunidad de inteligencia, que incluye, además de la CIA, otras 15 agencias federales. Los mercenarios son doblemente útiles ya que pueden asesinar y torturar sin que tales actos se atribuyan a Estados Unidos. Y cuando resultan muertos en acción, sus nombres no aparecen en la lista de bajas. Además, el Pentágono y los servicios secretos disponen de grupos a los que arman y entrenan, como los grupos islamistas utilizados para atacar Libia y Siria desde adentro y los neonazis utilizados en el golpe de Estado de Ucrania.

Otra herramienta de esta misma estrategia son las «organizaciones no gubernamentales» [ONGs] que, disponiendo de enormes medios, son utilizadas por la CIA y el Departamento de Estado para montar acciones de desestabilización interna en nombre de la «defensa de los derechos ciudadanos». En ese marco se inscribe también la acción del grupo de Bilderberg [3] –que el magistrado Ferdinando Imposimato denuncia como «uno de los responsables de la estrategia de la tensión y de las masacres» en Italia [4]– y la de la Open Society del «inversionista y filántropo George Soros», artífice de las «revoluciones de colores» [5].

En la mira de la estrategia golpista de Washington están hoy Brasil, para torpedear al grupo BRICS, y Venezuela, para socavar la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Para desestabilizar Venezuela, indica el SouthCom en un documento recientemente revelado [6], hay que crear «un escenario de tensión que permita combinar acciones callejeras con el empleo dosificado de la violencia armada».

Fuente
Il Manifesto (Italia)

El rompecabezas continental: acerca de por qué Clinton es más peligrosa para América Latina que Trump

 

Es polémico el título del artículo. E inclusive ya puedo escuchar algunas objeciones. Especialmente de las buenas conciencias liberales progresistas. Y por eso trataré de ser cuidadoso con los juicios e interpretaciones que acá se enuncien.Sí. Efectivamente, Hillary Clinton parece más peligrosa que Donald Trump para las agendas e intereses de los pueblos latinoamericanos. Y esa peligrosidad a la que acudo en este análisis no está necesariamente consignada en el programa de gobierno o en la plataforma electoral de los candidatos. Aunque es cierto que ese también es un dominio que amerita atención, pero que, en cualquiera de los dos casos, demócratas o republicanos, la omisión de temas cruciales como la crisis ambiental o el irrefrenable ascenso del militarismo global o la posibilidad de una conflagración nuclear es un silencio rutinario en las alocuciones de los candidatos en pugna.

Pero si en los aspectos fundamentales no se distinguen Hillary y Donald, en los aspectos supletorios (no por ello menos importantes), hay diferencias que cabe atender, sin obviar la realidad concreta en la que esas diferencias se manifiestan. Y sólo para evitar un vitupero de algún incauto, advierto que esto no es una apología disfrazada de la candidatura de ese personaje pedestre e impresentable que aspira a dirigir el timón político de Estados Unidos, como sí se puede inferir de algunas otras opiniones que circulan en la prensa, incluso en espacios pretendidamente alternativos.

Lo primero que cabe recordar es lo sostenido en otra oportunidad: a saber, que no es accidental que las detracciones contra Donald Trump provengan de ciertos círculos privilegiados o de grupos de poder nacionales e internacionales ( http://lavoznet.blogspot.com.ar/2016/03/el-rompecabezas-continental-estados.html ). Con excepción de su base social dura (blancos desposeídos, tradicionalmente despolitizados e indignados), las acusaciones o condenas contra el candidato republicano se lanzan unánimemente desde cualquier ámbito social o político, extra e intramuros. Y si bien es cierto que se trata de un signo saludable de cordura política, lo que no es razonable es que contra Hillary las críticas sigan un tenor más terso u omiso.

¿Qué es eso que irrita tanto acerca de Trump? A esta pregunta, casi todos responderían sin titubear que su xenofobia, su intolerancia o su racismo. Es cierto que es chocante. Pero no es menos cierto que la clase política en su conjunto y las élites dominantes de Estados Unidos piensan exactamente lo mismo que él, señaladamente en relación con la comunidad afrodescendiente o los mexicanos o los pobres. Y si el individuo en cuestión es mexicano, negro y pobre, pues que dios lo ayude, porque en las categorías de las clases dominantes esa persona es algo menos que un humano. Sólo que no lo dicen. Si el grito contra Trump, particularmente ese que procede de la cúspide del establishment, es tan armoniosamente monocorde e innegociable es porque en cierto sentido contraviene un principio cupular inquebrantable: hacer público el discurso oculto de los ricos y poderosos. Esa es la fuente del escándalo: no que lo piense, sino que lo diga.

Insisto que la respuesta de ciertos sectores de la población civil estadunidense hacia Trump es meritoria de simpatía, precisamente porque demuestra que las clases subalternas no han claudicado ante esa modalidad de dominación basada en la discriminación racial. Pero no se puede confundir esa respuesta con las reprobaciones viscerales que vocifera la podrida clase política e intelectual norteamericana. De hecho, ellos son parcialmente responsables del ascenso de una figura tan despreciable como Trump. Ellos con su prepotencia y su falta de tacto social y sus peroratas fútiles e indulgentes y su lambisconería con los dueños del dinero. Donald Trump sólo está capitalizando exitosamente el descontento de esos segmentos poblacionales tercamente ignorados en las ecuaciones y los programas y los planes de gobierno del establishment tradicional.

Detrás de la tribuna pública, los poderosos y los esbirros de los poderosos desprecian al ciudadano común. Pero en secreto. La violación de ese pacto tácito de secrecía es altamente probable que le cueste la elección a Trump. La función del discurso político es manipular ocultando. James Scott decía que el discurso público responde a un interés inconfesable que consiste en reproducir un autorretrato halagüeño de las élites dominantes, que además cultive una apariencia de unanimidad entre esos grupos dominantes y de consentimiento entre los subordinados. Esa tradición es constitutiva del liberalismo político, y acaso de todo el pensamiento político occidental: neutralizar los contenidos traumáticos de la política, anular práctica y discursivamente el conflicto, y trasladar la politicidad hacia escenarios susceptibles de gestión oligárquica.

Trump traiciona al establishment tradicional, pero no traiciona el precepto básico de la manipulación política: recoge esos dos contenidos, el de las élites dominantes, con su desprecio sin rubor hacia los grupos minoritarios y su aspiración supremacista, y el de los subordinados, con su condena a los partidos políticos o a ciertas familias de abolengo en Estados Unidos.

¿Que por qué es más peligrosa Hillary Clinton? Bueno, si rastreamos la carrera política de la ex secretaria de Estado, es posible descubrir que en el renglón latinoamericano su trayectoria es una historia de criminalidad. Y un eventual triunfo de la candidata demócrata en la próxima elección reforzaría la continuidad de esa política criminal. ¡Y con el respaldo moral de los gobiernos latinoamericanos!

Durante la presidencia de Bill Clinton, que ejerció conjuntamente con la “dama de hierro” norteamericana, la pareja diseñó el Plan Colombia, que tras su implementación arreció el baño de sangre en el país cafetalero. Recientemente, Hillary reivindicó esa política, y aunque teóricamente respondía a la premura de combatir el narcotráfico, la señora de Clinton admitió sin ruborizarse que el Plan había conseguido los objetivos no declarados: “…[el] objetivo era tratar de utilizar nuestra influencia para controlar las acciones del gobierno contra las FARC y las guerrillas, pero también para ayudar al gobierno a detener el avance de las FARC y de las guerrillas” ( http://www.democracynow.org/es/2016/4/13/hear_hillary_clinton_defend_her_role ).

Unos años después (2002), ya como senadora, respaldó el fallido golpe contra Hugo Chávez en Venezuela. Nunca negó su involucramiento. Y por cierto que esa agenda golpista no ha virado un ápice.

Y en 2009, en funciones de secretaria de Estado, apoyó el golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya en Honduras. Pese a la ola de violencia que desató la agresión en ese país, y que incluso sigue su vejatoria marcha (recuérdese el asesinato de la activista Berta Cáceres), Hillary reconoció con orgullo su participación en los hechos, y justificó el agraviante intervencionismo estadunidense. En entrevista con Democracy Now, Clinton adujo: “Trabajé muy duro con los líderes de la región y conseguí que Óscar Arias, el ganador del Premio Nobel, tomara el liderazgo para tratar de negociar una resolución sin derramamiento de sangre. Y eso era muy importante para nosotros, ya sabe, Zelaya tenía amigos y aliados, no sólo en Honduras, también en algunos de los países vecinos, como Nicaragua, y podríamos haber tenido una terrible guerra civil, con una aterradora pérdida de vidas… Y comparto su preocupación, no sólo sobre las acciones del gobierno; las bandas de narcotraficantes y los traficantes de todo tipo se están aprovechando del pueblo de Honduras. Así que creo que tenemos que hacer un plan Colombia para Centroamérica (¡sic!)”.

Donald Trump no es el único sociópata suelto

Después advino la secuencia de golpes blandos en el resto de América Latina, con base en juicios políticos prefabricados o elecciones fraudulentas: Paraguay contra Fernando Lugo (2012), Argentina contra el kirchnerismo (2015), Brasil contra Dilma Rousseff (2016). Y otros golpes fallidos contra Evo Morales en Bolivia (2008) o Rafael Correa en Ecuador (2010). E intervención en el proceso de paz en Colombia, y desactivación política de Cuba (revestida de normalización diplomática), y reducción a escombros de organismos latinoamericanos como Unasur o Celac. Esa es la herencia del partido demócrata, en cuya agenda de reconquista regional participó directamente Hillary Clinton. Es más, en 2015 el departamento de estado de Estados Unidos desclasificó documentos que reportan que la ex secretaria de estado es coautora de la reforma energética mexicana, que por cierto es claramente lesiva para el interés económico de México, y a todas luces ventajosa para las grandes petroleras internacionales, como Exxon Mobil, Chevron y British Petroleum,

La reedición de la Doctrina Monroe es una operación política que oficiaron exitosamente los demócratas ( http://lavoznet.blogspot.com.ar/2016/03/el-golpismo-o-la-encrucijada-politica.html ).

Y regresando a la pregunta de por qué Hillary es más peligrosa que Trump, cabe tan sólo puntualizar que, en el caso de una victoria electoral de Clinton, el grado de legitimidad que conseguiría acopiar sería virtualmente ilimitado, sólo por el hecho de haber derrotado al “monstruoso” Trump. No habría contrapesos gubernamentales o políticos o sociales para frenar esa agenda criminal de los grupos de poder que representa Hillary. Y todas las derechas golpistas en Latinoamérica ganarían legitimidad o credibilidad “democrática” con una alianza con la dirigente demócrata. Hillary es la pieza clave que necesitan las derechas emergentes en América Latina. Con Trump no es tan factible esa pax mafiosa. La alianza con un Estados Unidos gobernado por el republicano despertaría descontento e intranquilidad social. Y naturalmente que ese es un escenario indeseable para las élites latinoamericanas.

El triunfo de Hillary inhibe la posibilidad de una radicalización de las agendas sociales en América Latina. Hillary es la condición de la posibilidad de alcanzar un consenso continental oligárquico, de establecer un orden regional unificado profundamente derechizado donde la neoliberalización y la reedición de la criminal doctrina Monroe arrollarían sin obstrucciones.

Blog del autor: http://lavoznet.blogspot.com.ar/2016/05/el-rompecabezas-continental-acerca-de.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Reflexión del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera “Ellos son muertos vivientes, nosotros somos el futuro”

Agencia Paco Urondo
El vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, participó de una exposición sobre “Restauración conservadora y nuevas resistencias en Latinoamérica” en el marco del lanzamiento de la Fundación Germán Abdala, una iniciativa conjunta de ATE Capital y UTE Capital. El evento se realizó en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y contó con la participación del sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader y el filósofo y politólogo Eduardo Rinesi.

García Linera comenzó aclarando que “no estamos en un buen momento, claro. Tampoco es un momento terrible. Es un momento de inflexión histórica. Después de diez años de intenso avance de gobiernos progresistas y revolucionarios se ha detenido, y en algunos casos retrocedido. Hay que hacer un análisis de plaza: las fuerzas y el escenario real, sin ocultar nada.”

Si bien consideró que existe “un ataque contra la década dorada, virtuosa de América Latina, de doce o trece años en que el continente ha vivido los momentos de mayor autonomía y soberanía desde la fundación de sus estados”, centró su exposición en el análisis y la autocrítica de los procesos progresistas latinoamericanos. “La derecha siempre buscará sabotear estos procesos populares, tenemos que evaluar nuestros límites y tropiezos”, agregó.

El vicepresidente boliviano puntualizó seis límites de estos procesos latinoamericanos:

“1. Contradicciones al interior de la economía, como si le hubiésemos dado poca importancia. Cuando uno es opositor importa más el discurso, tener ideas y propuestas de economía más o menos creíbles. Cuando uno se vuelve estado, la economía se vuelve lo decisivo. Es la base de cualquier proceso revolucionario. Cuidar la economía y ampliar procesos de redistribución y crecimiento. Las mismas preocupaciones tenía Lenin. En la posguerra se ocupa de la gestión económica. La economía social y comunitaria sólo podía surgir en un contexto internacional, mientras tanto había que resistir con el poder político en manos de los trabajadores revolucionarios. En la economía nos jugamos nuestro destino. Si no hay satisfactorios básicos, ningún discurso sirve, por muy esperanzador que sea.

“2. En economía, algunos de los gobiernos han adoptado medidas que han afectado al bloque revolucionario, potenciando al bloque conservador. Gobernar para todos no significa entregar los recursos o tomar decisiones que debiliten tu base social, que serán los únicos que saldrán a la calle cuando las cosas se pongan difíciles.
Debemos tener una opción preferencial por los trabajadores y humildes. La derecha nunca es leal, no se puede hacer políticas intentando ganar su favor.
Los empresarios nunca estarán de nuestro lado, cuando a los sectores populares los ven débiles no dudan en clavarles un puñal. Podemos neutralizarlos.
Desde una ultra izquierda critican no avanzar con el fin del capitalismo. Tontos. No es un tema de decretar el fin de mercado, el mercado va a seguir estando aunque decretemos su fin. Ningún país puede volverse autárquico. La revolución es continental o mundial, o caricatura de revolución.
El poder político duradero viene acompañado por el poder económico de los sectores revolucionarios. El Estado no puede sustituir a los trabajadores. Tarde o temprano debe disolver el poder económico en los sectores subalternos. Así se pasará de posneoliberalismo a poscapitalismo.

“3. Enfrentamos la redistribución de la riqueza sin politización social. Llevamos a cabo una ampliación de sectores medios, pero si esto no se acompaña con politización, no ganamos la lucha de sentido. Esa clase media será portadora del viejo sentido común conservador.
No es un tema de discurso sino de nuestros fundamentos íntimos. En este sentido lo ideológico se vuelve decisivo. Es necesaria una profunda revolución cultural de las lógicas con las que organizamos nuestro mundo. Debemos llevar los espasmos democráticos a un nivel más profundo. Ahí estamos atrasados y la derecha ha tomado la iniciativa. Debemos retomar la iniciativa en las universidades, los medios de comunicación, las redes sociales. Es en el trabajo cotidiano en la base donde uno gesta sentido común. Cuando hay un vacío dirigencial, lo llena la derecha. Por eso es tan importante un buen diputado como un buen dirigente barrial o estudiantil.

“4. Hubo una débil reforma moral. La corrupción es un cáncer que corroe la sociedad hace décadas. La derecha lo hizo de manera institucionalizada, privatizando y haciendo sus fortunas con el Estado. Así como damos ejemplo de restituir los bienes públicos, en nuestro comportamiento nunca debemos abandonar la humildad, austeridad y transparencia. Hay que demostrar con la vida cotidiana lo que uno propugna. No podemos separar lo que hacemos de lo que decimos.

“5. Algo que es particular de Latinoamérica, la continuidad de los liderazgos democráticos. Hay que convivir con el adversario vencido. Es parte de la democracia. Las constituciones tienen límites. Este es un tema nuevo por el que los revolucionarios no se preocuparon, no era necesario. Nos dicen que los populistas son caudillistas. Las revoluciones no las hacen las instituciones. No hay revolución verdadera sin líderes ni caudillos. No tengo la fórmula para resolver este problema. Quizás sea la importancia de trabajar liderazgos colectivos. Debe ser resuelto en el debate político para que los procesos no se trunquen.

“6. La débil integración económica continental. Políticamente hemos avanzado mucho, los bolivianos agradecemos esa solidaridad. Pero cada país ve su mercado, al ver otros mercados vemos limitaciones. Creo firmemente que Latinoamérica debe constituirse en un estado continental plurinacional que respete las estructuras locales con un segundo piso de instituciones financieras económicas y comerciales continentales. Unidos vamos a poder pisar fuerte en el siglo XXI.”

Más adelante en su exposición, García Linera se refirió al futuro de los procesos revolucionarios y progresistas del continente: “la derecha aprovecha estas debilidades. No debemos asustarnos ni ser pesimistas. Marx hablaba de la revolución como un proceso por oleadas. Cada una avanza más allá. Creo que estamos al fin de la primera oleada, y viene un repliegue. No sabemos cuánto durará. Pero habrá una segunda oleada, debemos prepararnos pensando qué hicimos mal en la primera. Esta segunda oleada tendrá un soporte que no cederemos: Cuba, Bolivia, Ecuador y Venezuela firmes.”

También señaló que “tocan tiempos difíciles, pero los revolucionarios vivimos de estos tiempos. ¿Acaso no somos los perseguidos, torturados y marginados? La lucha desde abajo dio paso a la década dorada. Traemos en el cuerpo las huellas de luchas y heridas de los ’80 y ’90. Si vienen esos tiempos, bienvenidos. Para eso está el revolucionario. Vencer, caer y levantarse hasta que se acabe la vida. Ese es nuestro destino.”

García Linera concluyó destacando: “tenemos algo que cuenta a nuestro favor. El tiempo histórico está de nuestro lado. Ellos no tienen proyecto de superación. Se anidan en los errores y envidias de lo pasado, son restauradores. Ya sabemos lo que hicieron ellos en el pasado convirtiendo los países en países miserables. Ellos son zombies, muertos vivientes. Nosotros somos el futuro, la esperanza. En diez años hicimos lo que no pudieron en cien años. Reconstruimos la patria y la sociedad civil. Hay que ser muy cuidadosos. Acumular fuerzas, saber que cuando uno pierde una batalla el enemigo se potencia. Saber calcular bien y poder obtener legitimidad. Preparémosnos por si dura uno o cuatro años esta batalla. Soportamos más de veinte años. Nosotros somos los abanderados del cambio, la derecha es abanderada del pasado. El continente está en movimiento.”

Fuente: http://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/19573-ellos-son-muertos-vivientes-nosotros-somos-el-futuro