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¿Cómo funciona la guerra en la cual estamos inmersos? Entrevista con Ana Esther Ceceña

 

Ana Esther Ceceña, economista mexicana, dirige el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica. Vinculada a los movimientos populares del continente, realiza un análisis de cómo se desarrolla el actual escenario de guerras del imperialismo norteamericano, y qué sucede, en ese cuadro, en Venezuela.

¿Puede describirnos la doctrina estadounidense actual para América Latina? ¿Cuáles son las líneas que la definen?

Hay dos líneas centrales en la política que tiene Estados Unidos hacia América Latina y hacia el planeta en su conjunto. Una de estas líneas consiste en establecer cuáles son los elementos, los lugares, los espacios, los procesos, que se consideran estratégicos en términos de la reproducción general del capital, y del sistema en su conjunto. Esos elementos que son estratégicos marcan nodos críticos en el planeta, que son los más importantes para ser ocupados o controlados. Entonces, por ejemplo, cuando se trata de las consideraciones sobre política energética, hay una valoración sobre los territorios en los que se encuentran los mayores yacimientos petroleros que hay en el planeta, y son estos territorios los que es necesario ocupar. Ahí va a haber una variedad de políticas y de mecanismos que permiten acercarse a ellos.

La idea es ocupar todo aquello que sea estratégico, porque es necesario para la propia reproducción de la hegemonía de Estados Unidos, pero también porque es necesario limitar el acceso que puedan tener a ellos otros competidores. Es una política que tiene un doble carácter, es en términos generales lo que llamamos los criterios de reproducción estratégica.

La segunda línea proviene de una reflexión profunda que se hizo después de que Estados Unidos pierde en Vietnam, una reflexión sobre el tipo de enemigo que están enfrentando, y sobre el cambio que está ocurriendo con el fin de la guerra fría. A partir de ese momento están pensando que no es solamente una confrontación con un enemigo equivalente, con otro Estado, no son estos bloques de fuerza como durante la guerra fría, sino que principalmente el conflicto se está deslizando hacia enemigos asimétricos, con otras características, otras posibilidades, armas muy distintas que no son propiamente tecnología de guerra sino tecnología de organización, que es lo que les pasó en Vietnam, no entendían cómo actuaban los vietnamitas, porque los vietnamitas no oponían un misil a otro sino más bien una estrategia organizativa a armas avasalladoras.

A partir de ahí empiezan a pensar que la estrategia de dominación tiene que proponerse dominar todas las dimensiones de las relaciones de poder, todas las dimensiones de la vida, tiene que ser de espectro completo, y ahí cabe todo, no solamente es geográfico, espacial, es también energético, económico, cultural, político, entonces el planteamiento es tienen que dominar todos los niveles en que se establecen las relaciones sociales, como para que en estos niveles no se reproduzca una ideología o modos de vida que sean confrontativos americanos, capitalistas.

¿Cómo se traduce eso en las agresiones actuales contra diferentes países del mundo y del continente? ¿Qué implicaciones concretas tiene para la vida de nuestros pueblos?

A partir de estos principios generales se han organizado las guerras en el siglo XXI. Las formas con las cuales Estados Unidos se aproxima al resto del mundo y a los lugares estratégicos es bastante distinta a como lo hacía antes. Ahí entra la idea de las guerras no convencionales. Más que desatar una guerra lo que se hace es crear situaciones de guerra. No son guerras declaradas, no son necesariamente invasiones, son desestabilizaciones, pequeñas invasiones, se colocan fuerzas especiales, personajes que pueden incidir en una desestabilización, o grupitos paramilitares que crean confusión, terror, según los casos. Por supuesto acompañados de campañas mediáticas que tienden a hacer crecer los conflictos, hacerlos aparecer en el límite, el borde. Cosas que han aparecido en Libia, Siria, Irak, Afganistán.

Se crea una confusión muy grande de manera a que la gente de esos países tienda a perder el sentido de realidad, se le modifique, fragmente, se le bombardee mediáticamente con verdades construidas, que termine con la gente diciendo “ya no sé qué es cierto pero lo que sí percibo es que todo es un caos”. Esa idea de que el caos es la falta de control y que todo eso va hacia la catástrofe es algo muy importante en este tipo de guerras que son difusas y no específicas y precisas, que adoptan un conjunto de modalidades distintas simultáneamente.

Hay tres características: la simultaneidad de operativos distintos, como para tender a confundir, eso puede ser a nivel regional, como simultaneidad de procesos que empiezan a ser todos complicados, como ha sucedido en América Latino en tiempos recientes, como en Brasil, Argentina, Venezuela, Honduras, Haití, Paraguay, todo se va encadenando y cada uno es un caso de diferente estilo, pero todos están articulados en torno a una política continental general, todos ocurren simultáneamente de manera que uno no se puede solidarizar con el otro porque tiene su propio problema encima, entonces esta idea de la diferencia y simultaneidad combinadas es muy importante. La otra característica es la del avasallamiento, lanzando una ofensiva de tal vigor que sea casi imposible hacerle frente. Puede ser una ofensiva bélica, atacar con todas las bombas al mismo tiempo, que es lo que ha pasado en Siria, o avasallamiento social, cultural, político, monetario, todo al mismo tiempo, y con una intensidad tal que no permite que uno tome respiro. Hay una idea muy asentada dentro de estas dinámicas, que es la de no dejar resquicio al enemigo, eso está en los documentos del Departamento de Defensa, no dejarle resquicio ni lugares ni permitir que haya poros en la sociedad donde el enemigo, que en este caso es el pueblo venezolano, se pueda refugiar, tomar respiro, recuperar fuerzas, reorganizarse. Es la idea de tapar todos los poros para que no haya ninguna esquinita donde este enemigo, que simétricamente es más débil, pueda recuperar sus fuerzas.

¿Cómo ve esta estrategia en el caso de Venezuela?

Podemos pensar que hay golpes que se dan directos, y hay golpes indirectos. En muchos de los casos de América Latina, Venezuela es uno de esos casos, funcionó durante un primer momento, una estrategia que sería un poco de envolver, rodear. Durante algún tiempo lo que han estado haciendo es que todos estos puntos que entran dentro de la categoría de estratégicos, por ejemplo cuando se colocan bases militares no se colocan ahí porque no se puede, sino que se les rodea de bases militares, o de políticas, normativas que los van poco a poco asfixiando, puede ser en los países de alrededor con países de fronteras que tiendan a alterar el funcionamiento entre esos países, como el caso de la frontera entre Colombia y Venezuela. Ocurre lo mismo con algunas instituciones que son soportes de los procesos, y lo que se hace es irlas carcomiendo, debilitando, y cuando estas instituciones pierden fuerzas, el objetivo último queda en condiciones de mayor fragilidad.

Estos dos momentos pueden ser simultáneos o secuenciales. Puede haber dos momentos simultáneos, pero también pueden ser secuenciales, puede haber un primer momento de golpe directo, luego de golpe envolvente, y luego nuevamente directo, o pueden simultáneamente estar ocurriendo un operativo envolvente y uno de penetración directa. Es importante tener en cuenta que siempre se juega con fuerzas internas, mientras menos aparezca la mano externa entonces mejor. Se usan recursos de fuerzas internas que estén en algún modo de posición de oposición natural, fuerza del tipo de Capriles, que son auspiciadas, alimentadas, y también ocurre lo mismo con algunas instituciones que son soportes de los procesos. También se utilizan fuerzas intermedias, como esta cuestión ahora de que 11 países de América Latina le están exigiendo a Venezuela que dé fechas de elecciones, poniendo condiciones, creando amenazas. No es Estados Unidos, son estos otros países, que son los países equivalentes, que además son envolventes porque son los que están alrededor de Venezuela, entonces la iniciativa tiene esas dos funciones: la envolvente y el ataque directo, y además encubrir la fuente originaria de la iniciativa.

En América el punto más estratégico es Venezuela, por el petróleo, Venezuela y sus alrededores, Venezuela y el canal de Panamá, es la Amazonia, el canal, el paso entre los dos océanos, el petróleo, agua, minería, es una zona absolutamente estratégica donde Venezuela tiene un peso muy fuerte, y este espacio un poco mayor que sería el paso caribeño de Panamá junto con Venezuela es el punto fundamental a controlar en América Latina y es el punto donde se está concentrando la ofensiva en este momento.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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“Cinco años después del golpe, Honduras está peor que nunca”

Entrevista con Manuel Zelaya, ex presidente hondureño

Giorgio Trucchi

Rebelión

 

Hace cinco años, Honduras se vio envuelta en una crisis que hizo retroceder a su historia democrática e institucional varias décadas. A las 5 de la mañana del 28 de junio de 2009, a pocas horas de llevarse a cabo una consulta popular no vinculante (Cuarta Urna), en la que se pretendía auscultar la voluntad del pueblo sobre la necesidad o no de realizar una reforma constitucional, decenas de militares armados irrumpieron en la casa del presidente Manuel Zelaya, lo sacaron en pijama, lo montaron a un avión y, después de una escala técnica en la base militar norteamericana de Palmerola, lo fueron a dejar a Costa Rica.
El golpe cívico militar no sólo generó un grave quebrantamiento del orden constitucional, sino que hizo colapsar la economía y la institucionalidad del país, aislándolo internacionalmente y fracturando la sociedad hondureña, quizás de forma irreversible. “Nosotros perdonamos a los ejecutores intelectuales y materiales del golpe, pero no podemos, ni queremos olvidar, porque eso llevaría el país a repetir los mismos errores. Eso no podemos permitirlo y los responsables deben pedir perdón ante el pueblo”, dijo el ex presidente Manuel Zelaya durante una entrevista en exclusiva con Opera Mundi.
Después de unas largas y extenuantes negociaciones y la firma, en mayo de 2011, de los Acuerdos de Cartagena entre Zelaya y Porfirio Lobo, ese último ganador de las cuestionadas elecciones de noviembre de 2009, el ex presidente hondureño pudo regresar libremente al país. Pocos días después de su retorno, Zelaya impulsó la creación del partido Libre (Libertad y Refundación), en aquel momento considerado el brazo político del FNRP (Frente Nacional de Resistencia Popular), el movimiento popular que con fuerza e ímpetu luchó en las calles contra el golpe.
Estos acuerdos, promovidos y apoyados por los entonces presidentes de Venezuela y Colombia, Hugo Chávez y Juan Manuel Santos, permitieron la normalización de las relaciones internacionales de Honduras y abrieron paso al desarrollo de elecciones generales en noviembre de 2013, cuyos resultados oficiales favorecieron al candidato oficialista Juan Orlando Hernández, en medio de fuertes protestas del partido Libre y de su candidata Xiomara Castro, esposa del ex presidente Zelaya, por irregularidades en el conteo y transmisión de votos.
El partido Libre se convirtió en el primer partido de oposición, mientras que Hernández asumió el cargo como el presidente de Honduras con el menor respaldo electoral (36.80%) en más de tres décadas de gobiernos constitucionales.
Recordando aquellos días, el ahora diputado y jefe de bancada del partido Libre en el Congreso Nacional, no oculta su convencimiento pleno de que amplios sectores de la política norteamericana participaron activamente en su derrocamiento.
Asimismo, ataca con fuerza lo que considera un ”fracaso total” del presidente Hernández en materia económica, social, de institucionalidad, seguridad y participación ciudadana. “Siguen implementando un modelo que excluye a la mayoría y beneficia a unos pocos, en medio de una creciente militarización del país, la acumulación y control de todos los poderes del Estado y el ataque indiscriminado a la oposición. Sin embargo no pueden gobernar y el país cae en pedazos”, acusó Zelaya.
-Opera Mundi: Han pasado cinco años desde que lo sacaron de su casa y lo montaron a un avión, rumbo a Costa Rica. ¿Qué lectura hace, hoy, de aquellos momentos?
-Manuel Zelaya: El golpe no fue un evento aislado, sino que obedecía a una estrategia conspirativa de la derecha norteamericana para todo el continente. Se habían instalado siete bases militares en Colombia, se preparaba el golpe contra (Rafael) Correa en Ecuador, la política de Washington hacia Venezuela se derechizó más. En este contexto, estas fuerzas reaccionarias se confabularon con malos dirigentes de nuestro país y dieron un golpe de Estado.
El objetivo era claro y hasta lo expresaron claramente. “Venimos a sacar a Chávez de Honduras”, dijeron. Querían frenar los avances que estábamos teniendo y contrarrestar nuestra apertura hacia un modelo que no excluía a la mayoría de la población.
-OM: ¿Cómo está Honduras hoy?
-MZ: Está en muy malas condiciones. Honduras se ha convertido en el país más pobre y más violento de la región, con niveles altísimos de corrupción, con una economía quebrada, una deuda pública y un déficit fiscal insostenibles. Da mucha tristeza ver al mismo presidente Juan Orlando Hernández, que surgió de un fraude electoral, admitir que el país ha caído en recesión económica porque ya no circula el dinero del narcotráfico…
-OM: En estos cinco años, ¿Honduras ha logrado reconstruir el hilo constitucional roto con el golpe?
-MZ: Aún no se ha podido reconstruir la incipiente democracia que teníamos en 2009. La mitad de las personas que dieron el golpe de Estado todavía están entronizadas en el poder. Ni siquiera se ha podido establecer un diálogo para buscar un acuerdo político con un gobierno que sigue empecinado en desconocer y reprimir a la oposición. En estos cinco años, más de 200 militantes y activistas del FNRP y de Libre fueron asesinados.
-OM: ¿Cuál es el análisis que hace del gobierno de Hernández?
-MZ: Es un gobierno que sigue un patrón de conducta impuesto por los organismos internacionales. Impulsa privatizaciones, la venta del territorio y de los recursos naturales del país, con una visión muy equivocada de desarrollo. Además, ha venido promoviendo un régimen militarista que destruye a las autoridades civiles del país y persigue a la oposición, y ha privilegiado un modelo económico excluyente, abandonando la agenda de participación ciudadana y de consulta popular.
Definitivamente, el Partido Nacional ha caído en una trampa, que es la de entregarles todos los beneficios económicos a pequeños sectores que excluyen y explotan al resto de la población. Esto coloca el país en una situación de gran postración, con niveles insostenibles de pobreza, corrupción e inseguridad.

-OM: En su libro “Decisiones difíciles”, la ex secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, dedica un entero capítulo a Honduras. De usted dice que es una “caricatura del pasado de la era de los caudillos centroamericanos”.

-MZ: Es su opinión…y creo que ella perdió varias batallas. Perdió la batalla de la democracia y la reconstrucción de la paz en Honduras, no pudo detener la decisión de toda América Latina de readmitir a Cuba en la OEA (Organización de Estados Americanos), y ahora está tratando de manipular los hechos.
Sin embargo, sabemos perfectamente que Estados Unidos tiene grandes poderes políticos, económicos y financieros que maniobran en contra de la voluntad de la mayoría de la población estadounidense. Cuando digo que la derecha norteamericana estuvo apoyando al golpe me refiero precisamente a estos sectores.
-OM: Los Acuerdos de Cartagena permitieron su regreso a Honduras, normalizar las relaciones internacionales y crear el partido Libre para que participara en las elecciones de noviembre pasado. A la luz de los últimos acontecimientos, ¿volvería a firmar esos acuerdos?
-MZ: Cada época es diferente y lo que hicimos en aquel momento y en aquel contexto fue lo más acertado, porque era lo que necesitaba la sociedad hondureña. Hoy necesitamos volver a pensar a la consulta popular, a una Cuarta Urna; que Honduras se abra al mundo para que venga la inversión y la economía despegue.
-OM: El partido Libre surge como brazo político del FNRP, pero lo que se ha visto en los últimos tiempos es una movimiento de resistencia popular desmovilizado y el partido político asumiendo la iniciativa política nacional. Actualmente ¿cómo son las relaciones entre estas dos entidades?
-MZ: El concepto de “resistencia” es una actitud y una conducta y es permanente. Todos estamos en resistencia, oponiéndonos a las formas crueles de explotación y de marginamiento del sistema, contra el estatus quo impuesto por el gobierno nacionalista.
En estos cinco años hubo una metamorfosis del proceso de resistencia y ya nada es igual, todo ha ido modificándose.
Actualmente, el FNRP sigue existiendo pero las organizaciones que lo integran han sido blanco de ataques represivos y sus miembros han sido perseguidos y criminalizados. Eso ha menguado su capacidad de acción. En este sentido, no podemos ver a Libre y al FNRP como un fenómeno separado. Considero que es el mismo proceso y, si hay diferencias, son diferencias normales en un proceso de organización tan dinámico como el que ha venido estructurándose en los últimos años.
-OM: ¿Cuáles son los cambios más urgentes que propone Libre y cómo lograrlos en un Congreso donde el partido es minoría?
-MZ: Necesitamos reconstruir el sistema republicano y democrático de Honduras, porque está destruido. En el país, por ejemplo, no hay un Congreso, sino una asamblea manejada por un partido que prepara la agenda, discute y aprueba lo que quiere. Lo mismo está ocurriendo con los demás poderes del Estado. Queremos que se establezca un debate de verdad y lo que estamos haciendo es hacernos sentir con fuerza, proponiendo todas aquellas temáticas que son urgentes para el país.
En este sentido, es necesario repensar el tema de seguridad, desmilitarizando la sociedad, profesionalizando e impulsando una policía comunitaria, para que la comunidad sea la vigilante del proceso. Es necesario reformar plenamente el aparato judicial para que sea independiente y transparente, así como revisar el modelo económico, los tratados comerciales que Honduras ha ratificado.
También hay que volver a involucrar a la población, reactivando un proyecto social que apunte a la participación ciudadana y a la consulta popular. Todo eso solamente se puede hacer con el consenso, reconociendo, respetando y dialogando con la oposición.
-OM: ¿Qué es lo que queda de aquel 28 de junio de 2009?
-MZ: Indudablemente fue un evento trágico que dejó heridas abiertas y una secuela de muertos y heridos. Al mismo tiempo, representó el inicio de un proceso social que hoy se ha convertido en un proceso institucional de reformas y cambios para nuestro país. Tenemos la esperanza de poder llegar pronto a una sociedad más justa, con más equidad, donde la población no sufra diariamente la violencia, el militarismo y la represión.
Fuente original: http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2014/06/cinco-anos-despues-del-golpe-honduras.html

Gore Vidal: EEUU sufrirá un colapso militar en Afganistán, el imperio se derrumbará; Obama, un fracaso

Por: The Independent
Fecha de publicación: 11/10/09

A los 84 años de edad, el escritor y activista está confinado a una silla de ruedas, pero su rabia –contra su país, sus líderes y sus ciudadanos– arde con el furor de siempre.

En ruso, la frase gore vidal significa “ha visto penas”. Al observar cómo acercan a Gore Vidal en silla de ruedas al lugar donde lo espero, en el vacío vestíbulo de un hotel de Londres, por primera vez me parece una traducción apropiada. En los ocho años transcurridos desde que lo vi por última vez, perdió a quien fue su pareja durante 50 años, a la mayoría de sus amigos y enemigos, y el uso de las piernas. El hombre que encontré en esa ocasión –irradiando brillantez, derramando sarcasmos como confetis– ha perdido vigor. Su piel se ha apergaminado, pero los famosos pómulos conservan su dureza. “Hace frío aquí –dice, a modo de introducción–. Mucho pinche frío.”

Gore Vidal no sólo se lamenta por la muerte de quienes lo rodeaban y por su decaimiento, sino por su patria. A los 83 años, ha vivido la tercera parte de la existencia de Estados Unidos. Si alguien encarna el siglo estadunidense que terminó, es él. Fue el más grande ensayista de su país, uno de los novelistas de mayor éxito y el alma de todas las fiestas. Vacacionó con los Kennedy, recorrió las calles en busca de galanes con Tennessee Williams, Eleanor Roosevelt lo instó a postularse para el Congreso, fue coguionista de algunos de los filmes más icónicos de Hollywood, condenó la política exterior de su país, demandó a Truman Capote, fue felado por Jack Kerouac, observó a su primo Al Gore ser electo presidente y perder de todos modos la Casa Blanca y –como extraño final– fue amigo y defensor del autor de los bombazos de Oklahoma, Timothy McVeigh.

Y sin embargo ahora, dice, está claro que el experimento estadunidense ha sido “un fracaso”. Fue todo para nada. Pronto el país ocupará “un lugar entre Brasil y Argentina, que es el que le corresponde”. El imperio sufrirá un colapso militar en Afganistán, la nación se derrumbará en lo interno cuando Obama sea destruido “por el manicomio” y los chinos se presenten a cobrar lo que les deben. Un Estados Unidos en ruinas será entonces “la carga del hombre amarillo”, y los chinos “nos pondrán a jalar corriendo sus carritos o cualquier medio de transporte que tengan.”

Lo acercan a la barra y le sirven un escocés. “Yo estaba igual que todos cuando Obama fue electo: optimista. Todo lo que habíamos dicho de la integración racial quedaba reivindicado –dice–, pero es un incompetente. Será derrotado en la relección. Es una pena porque es el primer presidente intelectual que hemos tenido en años, pero no sabe enfrentar las cosas. No se lo propone. Está abrumado. ¿Y quién no? Estados Unidos es un manicomio. Deberían encerrarnos a todos… y ahora nos están echando afuera. Ya nada tiene sentido”. El presidente “quiere agradar a todos, y creía que para eso bastaba con hablar con la razón. Pero recuerden: el Partido Republicano no es un partido. Es un estado mental, como la Juventud Hitleriana. Está lleno de odio. No es posible subir al barco a los republicanos. No hay ni que intentarlo. La única forma de lidiar con ellos es aterrarlos. Obama es demasiado delicado para eso.”

Menea la cabeza al comparar a Obama con su viejo amigo Jack Kennedy. “Es dos veces más intelectual que Jack, pero Jack conocía el gran mundo. Recuerden que pasó mucho tiempo en la armada, perdiendo barcos. Este muchacho [Obama] jamás ha oído un arma disparada con rabia. Los generales lo toman por sorpresa, le dicen mentiras y él las cree. No ha hecho nada. Si uno se enfrenta a un gran problema de química, encontrar el gas perfecto, gasear una población, pasará mucho tiempo sin saber si funcionará: tiene que guiarse por lo que otros digan. Así es Obama. No está preparado para el primer plano y está recibiendo demasiada atención todo el tiempo.”

¿Hay esperanza? “Todos los signos que veo son de condena. Pero la gente me dice –adopta una voz chillona, nasal–: ‘ay, señor Vidal, es usted muy negativo. ¿No puede decir algo bueno de Estados Unidos? Es un país maravilloso; todos quieren vivir aquí’. ¿De veras? ¿Cuándo fue la última vez que vio a un noruego con su tarjeta verde que quisiera venir aquí atraído por la atención a la salud? Le pago si encuentra uno.”

Pero –agrega, animándose de pronto–, hay “una buena noticia. Afganistán será el fin del imperio estadunidense, sí. Es una manera alegre de verlo. Pronto dejaremos de jugar al imperio. Pero ya es demasiado tarde para el país y para la Constitución”. Alza la copa y sonríe con ironía. “Por una república mejor”, brinda, y la bebe de un trago.

I. La muerte de Estados Unidos

Vidal dice que cuando nació le predijeron que Estados Unidos moriría entre espasmos, como ocurre ahora, y que eso sólo se puede entender remontándose a ese tiempo. Su misión ha sido explicar el pasado a “Estados Unidos de Amnesia”, mediante sus novelas y ensayos. Cuando habla, recorre dos milenios de historia –de Julio César a Obama– como si estuviera allí, salpicando sarcasmos desde una fila trasera. Hoy se ha detenido en Filadelfia, en el nacimiento de la república. “Benjamin Franklin vio venir todo esto –afirma–. Lo cito porque la mayoría de los estadunidenses de ahora ni siquiera saben quién era. Tendrá que explicarles a sus lectores.” Fue escritor, científico y soldado y uno de los “padres fundadores” de Estados Unidos. “En Filadelfia, en 1781, cuando se redactaba la Constitución, fungió como observador. No quería tomar parte, y cuando salió del Salón de la Constitución en Filadelfia unas ancianas le preguntaron: ‘Ay, señor Franklin, ¿qué va a pasar ahora?’ Él les contestó: ‘Bueno, tendrán una república, si pueden conservarla. Pero todas las constituciones como ésta han fallado desde el principio de los tiempos, por causa de la corrupción de la gente’.”

–Entonces, ¿los estadunidenses son corruptos? ¿No eran lo bastante buenos para la nación?

–Precisamente. Sólo eran buenos para ser una potencia colonial insubordinada o las heces de una.

La vida política de Vidal empezó allí… casi. Nació en la Academia Militar de West Point, en el seno de una familia pudiente de la cúspide del poderío estadunidense. Su abuelo fue Thomas Pryor Gore, senador por Oklahoma. El político era ciego, así que desde que tenía cinco años Gore le leía cartas y libros y lo guiaba discretamente por las reuniones de Washington DC. El senador era un populista que pugnaba por azuzar a la gente contra el poder concentrado de Wall Street y los grandes banqueros. Representaba a los algodoneros, que perdieron en la guerra civil sólo para ser aniquilados por los financieros de Wall Street que jugaban a la ruleta con el precio global del algodón. Sin embargo, siempre hubo una contradicción en su vida: “Mi abuelo no soportaba a los ciudadanos de su estado. Y ellos lo adoraban por eso. A ver, explíquese eso”.

Un populista que no tenía fe en el populacho… lo que su nieto llegaría a ser. Gore Vidal comparte la creencia populista de que la gente es maltratada por los ricos, pero le parece que la población es tan cretina y está tan drogada por la televisión y la comida rápida que no se percata de ello. “Siempre hay que tener la esperanza de que de algún modo misterioso se llegue a educar a la gente. Bueno, ése es el vínculo. Pero la gente no sabe nada. Cuando nos volvimos un imperio, dejamos de ensenar geografía en las escuelas para que nadie supiera dónde quedaba ninguna parte. No es culpa de las personas: las han pervertido con formas imperiales de pensar para que sean trabajadores dóciles y fieles consumidores. Ése era el sueño y se ha vuelto realidad.”

De niño, a Vidal le encantaba pasar tiempo con su abuelo el senador; una de las principales razones es porque así podía escapar un tiempo de su madre alcohólica, Nina. Cuando le menciono el tema adopta de nuevo el quejido nasal de un entrevistador imaginario y dice: “Ay, señor Vidal, su pobre madre no debió de ser tan mala como usted dice [en sus memorias].’ No, era mucho peor. No me meto con las mamás de otros, pero la mía tenía mucho que atacar.”

Nina estaba ebria constantemente, y cuando no estaba agrediéndolo o amenazando con suicidarse le contaba sórdidos detalles de su vida en una obsesiva y furiosa perorata. Cuando él tenía 10 años “me contó que el coraje le causaba orgasmos. No le pregunté si le pasaba lo mismo con el sexo”. Cuando Gore apareció en la portada de Time, años después, ella escribió una larga carta a la revista para desacreditarlo. La revista la publicó con el título: “Amor de madre”. Vidal parece haber heredado de ella su sardónica amargura. Cuando le preguntaron a Nina por qué no se había casado por cuarta vez, respondió: “Mi primer marido tenía tres bolas, el segundo dos y el tercero una. Hasta yo sé cuándo es mejor no presionar a la suerte”.

¿Piensa Vidal en ella a menudo? “No”, responde, con mirada de hielo. Después de todos estos años, ¿llega a sentir alguna compasión por ella? “No.” El hielo se vuelve un glaciar. ¿Al menos cree que ella formó su personalidad? El crítico teatral Kenneth Tynan, viejo amigo de Gore, escribió en su diario: “Qué soberbia e impenetrable armadura lleva puesta, como corresponde a alguien cuya vida es una batalla permanente por la supremacía (social e intelectual)… Gore jamás podría rendirse (es decir, exponerse) ante nadie”. ¿Acaso la crueldad de su madre explica que a lo largo de su vida haya echado de su lado cuanto lo ha rodeado, sus constantes pinchazos? Tan pronto pregunto esto me doy cuenta de cuánto ha cambiado Vidal desde la última vez que lo vi. En ese tiempo habría respondido con una desdeñosa ironía, o reafirmado su supremacía con una cita en griego clásico. Ahora parece un poco herido –sus ojos brillan con tristeza– y responde: “Bueno… es lo último que me gustaría creer”. Y queda en silencio. De pronto me siento majadero y cruel.

Su abuelo se enfurecía de que Franklin Roosevelt arrastrara al país a una guerra innecesaria –así la consideraba– contra Alemania y Japón. Se oponía a todas las guerras contra potencias extranjeras, pues en su concepto eran promovidas por las grandes empresas para servir a sus intereses. “Creía que ninguna guerra en el extranjero valía la vida de un estadunidense”, recuerda Vidal, con orgullo. Pero por esa razón –y por su oposición al Nuevo Trato– perdió su escaño en el Senado. Como un pequeño acto de venganza, Vidal dice que nunca ha puesto el pie en Oklahoma.

Se alistó en el ejército a los 17 años, feliz de escapar de su madre. Pasó la guerra asignado en Italia y, tres años en Alaska. No le sorprende que ese “infierno helado” haya producido a Sarah Palin, “el ídolo más reciente en el largo culto estadunidense a la estupidez”. Alaska fue “el lugar adonde todos los rufianes del país se fueron a esconder. Y ellos produjeron a Palin”.

Hoy se da cuenta, agrega, de que fue parte de un ejército enviado a construir un imperio global por el “César Augusto de Estados Unidos, Roosevelt”. El viejo Estados Unidos fue remplazado por un pulpo militar con un brazo de metal en cada continente, y en lugar de la vieja Constitución se instaló un “Estado de seguridad nacional. No me hubiera alistado si hubiera sabido adónde nos llevaría –señala–. Pero allí estaba: terminamos la guerra como un imperio y azotamos la puerta. Y luego jodimos todo”.

Salió del ejército sin un centavo. “Mi padre y mi abuelo, como hombres que crecieron por esfuerzo propio, no iban a hacerme la vida. Yo lo sabía”, relata. Así pues, se sentó a escribir una novela sobre la guerra, titulada Williwaw. A la edad de 20 años se halló convertido de pronto en un ácido escritor realista de gran éxito. Se le encomió como un soldado valiente, y su abuelo habló de sentarlo en el Congreso, pero él quería escribir una novela más audaz, basada en la única persona que había amado. Esa novela acabó con cualquier esperanza de una carrera política para él, pero lo convirtió en figura decisiva en la vida estadunidense.

Traducción: Jorge Anaya