poética


tina_modotti_campesinoos_leyendo_el_machete_1928_fn_35319-1-de-1

Tina Modoti. “Obreros leyendo El Machete”

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas?
¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares?
Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años,
¿Quién más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.

Liliana Felipe

neruda-allende

  

De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.

Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo. Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.

Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de Patria y Libertad, dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín, algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata – cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los miguelitos, los garrotes y las mismas balas que ayer hirieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la José María Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos pequeños detalles.

Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras.

Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.

En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos aristócratas. Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores. Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vió rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado, como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones; para los criollos las coimas. Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres. 

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aun, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.

Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.

Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón, envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.

“Confieso que he vivido”. Chile, 14 de septiembre de 1973


Por Magno Reis. pacal2007@yahoo.com.mx

A las victimas de la dictadura brasileña y de Tlatelolco- 68

¡Viva la discrepancia! Rector de la UNAM Javier Barros Sierra. La frase era la más apropiada para describir una era donde, a pesar del desprecio del establishment, los productores culturales optaron por el disenso creativo con una intensidad difícilmente comparable a la de otros sectores de la cultura. Olivier Debroise y Cuauhtémoc Medina.

La sociedad y el medio cultural son victimas de la manipulación engañosa esterilizadora del marketing. El artista es el producto del marketing cultural más importante que la propia obra. Algunos señales indican que la política y la cultura marchan mal y pueden empeorar sí no son socorridas a tiempo. ¿Cuáles son los factores que estarían creando un vacio cultural en el Continente? El año de 1968 es incitante en el escenario mundial. En Brasil el presidente Costa e Silva al editar el “Ato Institucional número 5″ dijo: “Yo confieso que es con verdadera violencia a mis principios e ideas que adopto una actitud como esta” hundiendo el alma y la carne de toda una generación.

Los artistas plásticos en 1968 no fueron omisos a la realidad. Los contenidos de su obra eran una protesta contra la violencia de la dictadura y otras formas de represión. La obra de arte marca la oposición del artista a la violencia militar instaurada en Brasil y en el mundo a partir 02 de octubre de 1968.

El crítico de arte Frederico Morais declaró que los movimientos artísticos son arte-guerrilla. Según Morais “el artista es una especie de guerrillero. El arte es una forma de emboscada porque actúa imprevisiblemente donde y cuando es menos esperado. El artista crea un estado de tensión constante”.

En abril de 1970 las aguas negras del río Arrudas que cruzan Belo Horizonte fueron escenario de la exposición “Del Cuerpo a la Tierra”, organizado por Frederico Morales. En la orilla izquierda y derecha del río emergían objetos raros remitiendo al espectador a los cuerpos ensangrentados y asesinados que se encentraban en las cárceles clandestinas de la dictadura. Lo que fluctuaba en las aguas del río eran bultos construidos, amarrados y cortados a golpes de cuchillo, donde el artista insertaba pigmentos rojos. El espectador confundía estos objetos con los cuerpos ensangrentados, mutilados, asesinados y abandonados por la policía. Cualquier brasileño tenía miedo a la policía además de miedo de hablar y pensar.

El narcotráfico con una estructura global se sirve de estrategias militares semejantes a las dela dictadura de Brasil, en 1968. Los cuerpos mutilados en las orillas de los ríos, en los parques y carretera son íconos del miedo. El horror que nos provocan estos cuerpos mutilados nos impiden de creer en la dignidad de la victima y en la indignidad de los ejecutores. ¿Por qué hay un intento de reducir la responsabilidad del político en las ejecuciones del narcotráfico del mundo globalizado? Considero equivalentes las acciones del narcotráfico al asesinar personas con las propias manos con las de los políticos que dejan esparcidos en el aire el olor al miedo. Para los artistas de los años 60 y 70, arte, cultura, política y ética eran elementos de cuestión política. Las obras son testimonios de la perversidad del ser humano en un determinado momento histórico. En realidad lo que el artista buscaba era un proceso de comunicación cuyo el objetivo era una intervención en la realidad. En México, en la Era de la Discrepancia, los grabados fueron respuestas a la necesidad de articular la producción cultural en términos de inconformidad y desmitificación. Los grabados significaban vincular el lenguaje visual a la posibilidad de una arte participativa.

Empleando los hechos de 1968 al contexto de la globalización de los años 90 queda claro que el lenguaje visual entró en crisis pues los artistas dejan sus países no como exilados políticos, sino para participar de los espectáculos en los centros hegemónicos. No creo en la hipótesis de que fue el imperio del terror en el gobierno Medice (1969-1974) contribuyera a la decadencia del lenguaje poética visual y sí en la capacidad especulativa del mercado de arte para deteriorar el proceso creativo.

La metáfora aún es más importante que las imágenes que nos proveen los periódicos para la comprensión de nuestro momento histórico. La violencia que heredamos de los sistemas políticos está ahora en manos de los narcotraficantes que nos intimidan y nos confunden y sólo puede ser enfrentada si es conocida. Quizá no podamos esperar de los artistas contemporáneos metáforas y una acción política como ocurrió en 1968. Hoy toca a los espectadores y a los medios comprender los rasgos de nuestro entorno. Así contribuiremos con la desintoxicación del debate. No sé qué es lo que quiere enseñar esta fotografía de la Revista Proceso semejante a los bultos flotantes del río Arrudas en que el espectador comprende la muerte negando, sin embargo, la violencia, la tortura y la amputación de los cuerpos humanos. Cuando el artista emplea la fotografía ésta significa exactamente lo que el artista quiere que ella signifique. La cuestión está en saber la diferencia entre la tortura y la muerte. El narcotraficante y el torturador de 1968 hacen que los cuerpos mutilados tengan un significado para la sociedad – el miedo y el terror. Sin embargo, el artista hace que la imagen tenga significados diferentes – La cuestión está en saber quién es el que manda en el proceso de creación.

En el poema “Congreso internacional del miedo”, Carlos Drummond supo captar la atmosfera vivida por Brasil en la época de la dictadura de Vargas:

“Provisionalmente no cantaremos al amor / que se refugió debajo de los subterráneos, / cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos, / no cantaremos al odio porque ese no existe, / existe apenas el miedo, nuestro padre y nuestro compañero / el miedo a los grandes sertones, de los mares, a los desiertos, / el miedo a los soldados, el miedo de las madres, el / miedo a las iglesias, / Cantaremos el miedo a los dictadores, el miedo a los demócratas, / Cantaremos el miedo a la muerte y el miedo después de la muerte, después moriremos de miedo / Y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y medrosas”.

pequeña niña recostada al más bello estuario del golfo

pendiente como un zarcillo de la respiración jadeante de la luna en su estancia perenne por el cielo de los enamorados

pobre al fin extraño

también yo la palabra entredicha a penas la palabra en los labios el susurro en tu ascensión al cielo instante

fino como un alfiler que se clava en la memoria inhábil

antídoto inútil para la ausencia y las trampas en la fronda del tiempo como los hombres antiguos también yo ansío la llegada por el mar o el cielo del astro azul o rojo o malva o lila que en su quilla magnífica de navío remoto ilumine el paso en mi errancia por el mundo

también yo duermo al lado de tu olor seminal como un insecto de caparazón lustrosa que canta la gloria común de lo que existe bajo el sol una palabra para saber de tu mano anhelante todavía

Alex Pausides

Si me tomo este tequila doctor

no beberé en mi funeral

y no dejare mi cama

para irme a volar

Tus manos ya cumplieron

con el tiempo una eternidad

la cama

la fiesta

la pintura

en cien años quedara.

El dolor, el tabaco y el alcohol

son como la llorona

una compasión

Las palabras vuelan

Paris y Nueva York

mi amado Panzón

te amaron hermosas mujeres

mas yo alcatraces

vivos colores

azules pavoreales

perros y collares

Un anhelo de Dieguito

en mis entrañas destrozadas

palabras escritas

gritos depositados en el lienzo

amor infinito en el cielo

para tu Panzón

gracias Frida

por dejarnos tu pasión……

Izela Zerón

13.

Estrellas que abrazan la heladez del cuerpo nublado

silencio que de noche fractura el pensamiento

matiz de piel que me adivina

abandono de cenizas en la oscuridad

Izela Zeron Neyra

Página siguiente »